
Por Alfonso Ruiz
Si, como se comentó en un texto anterior, lo más preocupante en la figura de Omar García Harfuch no es su ascendencia represora o los señalamientos que sobre él pesan, sino que sea un policía -más aún, uno que pretende representar a la “4T” en la Ciudad de México- es necesario pensar en las funciones que la policía tiene en el capitalismo.
¿Por qué la figura de un policía al frente de un movimiento que se autodenomina de izquierda es preocupante? ¿Acaso pueden existir, en el capitalismo, policías “buenos”, “profesionales”, “incorruptibles”?
La policía es, como tal, una institución que surgió con y para el capitalismo, por lo que su función fundamental es la del resguardo de la propiedad privada. Cuando la policía hace operativos para evitar robos en las carreteras, no cuida a los ciudadanos que viajan, sino al transporte de mercancías. Cuando reprime una huelga, no hace más que garantizar que continúe la producción de mercancías.
Cuando la policía desaparece o mata a un activista o un periodista que denuncia los negocios de un empresario, elimina cualquier riesgo para que dicho empresario continúe haciendo negocios. Todo ello, a fin de evitar cualquier merma en la ganancia de los capitalistas.
¿Acaso las escasas protestas o manifestaciones que encabezan los ricos son reprimidas con la misma violencia, sadismo, derramamiento de sangre e impunidad que aquellas organizadas por las clases desposeídas?
Al ser el resguardo de la propiedad privada la ley máxima de la policía, por encima de cualquier código o norma escrita, un transgresor de dicha propiedad privada puede ser desde un ladrón de tiendas, bancos, camiones, etc., hasta un activista o un periodista. Así, cuando la policía cumple con su función, con el resguardo de los intereses de los capitalistas, se habla de Seguridad, que no es más que el conjunto de condiciones óptimas para que se siga reproduciendo la relación social capitalista, sin mayor contratiempo.
Históricamente en México, la figura del policía es una de las menos respetadas dentro de las instituciones del gobierno, al estar asociada a la corrupción, represión, hostigamiento, etc. En contraste, García Harfuch ha vendido su imagen como la del policía “incorruptible” e “imbatible” que incluso adquiere características de héroe de película -en la lamentable comparación con “Batman”- que regresó la paz y Seguridad a la Ciudad de México.
Aunque –valga aquí la tan horrorosa suposición- García Harfuch fuera el policía incorruptible que dice ser, el contenido de su ser, de su formación, su esencia, necesariamente lo constriñe a ser un aferrado guardián de la propiedad privada, que ve a un transgresor de la propiedad privada –consumado o en potencia- como un delincuente.






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