
Por Alfonso Ruiz
Su implicación en el caso de los 43 Normalistas de Ayotzinapa, reprobar los exámenes de confianza para la policía y presuntos vínculos con la delincuencia, no han impedido la ascensión de Omar García Harfuch, extitular de la SSC capitalina y quien se enfila como candidato de Morena a la CDMX; más aún, el caso muestra las limitaciones y contradicciones de la “4T”.
En su obra de teatro “La evitable [en algunas ediciones “la resistible”] ascensión de Arturo Ui”, el dramaturgo y poeta alemán Bertolt Brecht describe la historia, ambientada en Chicago, del ascenso de Arturo Ui, un mafioso de los años treinta del siglo pasado que, aprovechando la debilidad y errores de otros, así como haciendo uso de la violencia, logra escalar en su carrera criminal. Lo anterior, en clara comparación con el ascenso de Hitler y el fascismo en Alemania. En la obra incluso cada acto hace alusión a un suceso real que permitió la consolidación del nazismo.
La ascensión de García Harfuch, tal como la de Arturo Ui, nos muestra de cuerpo completo las limitaciones, debilidades y contradicciones de la autodenominada “4T”, en tanto movimiento político que, en menos de seis años, quizá ya haya dado todo de sí y comience un proceso de descomposición interior (o recomposición hacia esquemas plenamente corporativistas-priistas) y que, necesariamente, repercutirá en el país.
En dicha ascensión ha habido desde omisión (como el caso del presidente), férrea defensa (aplicable a Claudia Sheinbaum) e incluso un aval tácito (de intelectuales 4T, como El Fisgón, Taibo, etc.), sin necesidad, hasta el momento, del uso de violencia como en la ascensión de Arturo Ui y de aquel al que hace referencia explícita.
Sobre el “superpolicía” (como se conoce a García Harfuch) pesan diversos señalamientos que van desde vínculos con la delincuencia y con exfuncionarios como Luis Cárdenas Palomino (preso precisamente por sus relaciones con el narco), haber participado en el “cónclave” en el que se diseñó la Verdad Histórica con la que el gobierno de Enrique Peña Nieto intentó dar carpetazo a la desaparición de los 43 Normalistas de Ayotzinapa (esto incluso confirmado por Alejandro Encinas), entre otras irregularidades en su carrera plenamente documentadas y advertidas por la periodista Anabel Hernández[1].
Dudosa reputación y raigambre represora, lo que menos preocupa
No obstante, y aunque pareciera paradójico o irónico, lo que de fondo preocupa más en la ascensión de García Harfuch no es su dudosa reputación o su raigambre represora[2], sino, precisamente, su figura de policía, que es con la que se “vende” al hacer campaña.
¿Acaso una de las demandas históricas de la llamada izquierda no es evitar o impedir la llegada al poder político de todo personaje relacionado al ejército, policía, clero, etc., y dar prioridad a cuadros formados políticamente o al menos civiles con ciertos principios? ¿No ha sido la policía la que ha reprimido constantemente los movimientos de izquierda?
La ascensión de García Harfuch, de un policía -que además de todo parece carecer de principios- impulsado por la izquierda de la «4T«, no dista en lo mínimo del despliegue militar que a nivel nacional está realizando el Ejército, amparado por la figura del nuevo constructor de los grandes proyectos nacionales. Si hay militares administrando aeropuertos, construyendo trenes, etc. ¿Por qué no habría de llegar al gobierno de la CDMX un policía?
Ambos procesos, el ascenso de un policía en la política nacional y el despliegue de militares en el territorio, difícilmente se podrían haber logrado en momentos de agitación social, como en el neoliberalismo, o se habría logrado con el derramamiento de sangre y represión respectivos. En cambio, todo ocurre con un amplio consenso, en tiempos de la «4T»…
[1] https://www.dw.com/es/omar-garc%C3%ADa-harfuch-en-los-cr%C3%ADmenes-de-la-noche-de-iguala-parte-i/a-62890024
[2] Es nieto de Marcelino García Barragán, secretario de Defensa cuando ocurrió la masacre de Tlatelolco e hijo de Javier García Paniagua, director de la Dirección Federal de Seguridad, policía política que reprimió, mató, torturó y desapareció a disidentes políticos del PRI.






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