Escrito por: Miguel Ángel Sánchez Mozo

El berlinés Bernhard Groethuysen (1880-1946) publicaba en 1927 La formación de la conciencia burguesa en Francia durante el siglo XVIII. La obra se escribió en alemán, aunque se publicó en una editorial francesa. En ella se aborda la confrontación entre una visión católica del mundo y una nueva configuración burguesa de la vida, que terminaría eclosionando con la revolución francesa.

La edición en español fue realizada en 1943 por el Fondo de Cultura Económica. La traducción estuvo a cargo del filósofo José Gaos, transterrado en México con motivo de la guerra civil española. Gaos fue maestro de gran parte de los filósofos mexicanos de mediados del siglo XX. Hizo escuela, sobre todo, en los temas de teoría de la historia e historiografía. Fue un pensador influenciado por la filosofía alemana, en particular por la fenomenología y el historicismo.

Como el autor al que traduce, también Gaos es un entusiasta del pensamiento de Dilthey. De hecho, Groethuysen, fue su discípulo directo, y, más tarde, responsable de buena parte de la obra de aquel teórico de las Ciencias del espíritu. Me desconcertó que la única referencia explícita acerca de su metodología haya sido precisamente Dilthey.

Desconcertante por dos razones. Primera: de inicio a fin del libro, no me había cuestionado la formación histórica del autor, aunque sí sobre la forma operativa de ese conocimiento. Después me enteré de que Groethuysen era antropólogo. Entonces ya algo tuvo sentido. Su antropología es filosófica, en la medida en que eso no sea una redundancia.

Y es que, precisamente desde su introducción, vemos reformulado el imperativo socrático: “conócete a ti mismo”. Sólo que esa reformulación antropológica es histórica; más exactamente, historicista. Se funda en la idea de que el hombre sólo se puede conocer a sí mismo a través de su historia, de que el hombre no tiene historia sino que es historia.

Segunda: lo otro que me desconcertó sobre la referencia explícita y solitaria de Dilthey, fueron las presencias implícitas de Max Weber y Karl Marx. En relación al tema mismo, es difícil no pensar en el famoso ensayo de Weber sobre la relación entre la moral puritana y el ascenso del capitalismo, o de su espíritu.

En Groethuysen, el burgués francés se forja una moral independiente del catolicismo. El burgués, siempre en abstracto, fue desarrollando paulatinamente nuevos valores ajenos a la religión. Mediante la experiencia dada por el trabajo y el cálculo, fue tomando conciencia de su propia previsión, y fue tomando menos en cuenta la divina Providencia. “Los libros de contabilidad bien llevados, los balances de fin de año contribuyeron, por lo menos, tanto como los tratados de física y los sistemas de los filósofos a destruir el viejo mundo del milagro”, afirma Groethuysen.

Por otro lado, la adscripción teórica a Marx es transparente. Además del tema de la conciencia de clase, Groethuysen piensa dialécticamente. La oposición de contrarios, en el tiempo, es el fundamento de su enfoque: la oposición entre el laico cultivado y el pueblo, lo sagrado y lo profano, jesuitas y jansenistas, etc. Se trata de una visión en la que el hombre moderno, el burgués, se enfrenta al hombre antiguo, como sencillo creyente o apologista de la iglesia; y que, a su vez, se encarniza en su lucha contra el, tiempo después, capitalista, en forma de gran comerciante, banquero o industrial.

Y aún más, Groethuysen adopta y adapta ciertas categorías metodológicas de Marx. Por ejemplo, cuando intenta persuadirnos de las diferencias teológicas entre una fe implícita (de conjunto) y una fe explícita (sobre dogmas particulares), asume la primera como si se tratara de una fe de magnitud constante y a la segunda como una fe de magnitud variable, a la manera del análisis sobre el valor del capital.

Ahora bien, los autores que sí son mencionados son un puñado de filósofos y tratadistas ilustrados, teólogos y, sobre todo, predicadores franceses del siglo XVIII y finales del XVII. Todas esas fuentes no se encuentran referidas a pie de página, sino que aparecen en un apéndice al final de la obra, lamentablemente en francés, abarcando alrededor de un tercio de la obra. Eso hace que la lectura se abra a tres procedimientos.

Puede leerse, como propone Gaos, con el aparato crítico de las notas, para analizar la construcción intelectual del autor. Pueden leerse solo las notas, como punto de partida para una investigación histórica, para formarse una idea cruda de las preocupaciones de los letrados franceses en el siglo XVIII. O puede leerse sin atender al apéndice, como sugiero al lector medio,  solo para escuchar atentamente la ficción de Groethuysen.

Groethuysen, Bernhard, La formación de la conciencia burguesa en Francia durante el siglo XVIII, México, FCE, 1985.

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