
La “4T” aprobó una falsa reducción de la jornada laboral que no garantiza dos días de descanso. En México, 4 millones 257 mil mujeres trabajan más de 48 horas a la semana, a las cuales se vendrían a sumar las 51.7 horas en promedio que dedican al hogar y cuidados, con una jornada “ampliada” de al menos 99.7 horas.
En el contexto del 8 de marzo, Día de la Mujer Trabajadora, una reforma para reducir la jornada laboral que hubiera contemplado dos días de descanso obligatorios, habría sido particularmente benéfica para las mujeres, sobre quienes, como señaló Kollontai[1], recae un doble yugo: la necesidad de vender su fuerza de trabajo para ser explotada y la opresión social, que se concretiza en el hogar y otros espacios.
Según la Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo (ENUT)[2] del 2024 del INEGI, en promedio en México, las mujeres dedican un promedio de 28.2 horas semanales a “Labores de trabajo doméstico no remunerado para el hogar”, frente a las 11.5 horas de los hombres.
Además, las mujeres dedican 23.5 horas semanales en promedio al “El trabajo no remunerado de cuidado a integrantes del hogar”, en contraste con las 13 horas aportadas por los hombres.
Esto es que, sumados estos dos tipos de labores de trabajo doméstico no remunerado dan un total de 51.7 horas semanales que son robadas a las mujeres, frente a las 24.5 de los hombres.
Si bien realizar, automáticamente, la suma “horas en la jornada laboral” + “horas de trabajo doméstico no remunerado”, podría parecer arriesgado, los datos muestran una diferencia y contradicción importante.
Asimismo, es muy probable que las cifras estén subestimadas y que la jornada semanal de las mujeres sea aún más extendida. A lo cual se suman el hecho de que el “promedio” que nos plantea INEGI, oculta otros procesos y contradicciones: las mujeres que viven en la periferia, en la precarización, probablemente sean arrebatadas de muchísimo más tiempo de su vida tanto a ser explotadas en la fábrica, como encontrarse atadas a labores del hogar.
Aun así, con el sesgo al que el manejo de datos nos puede llevar, estos procesos contradictorios existen y muestran que es la relación social capitalista el origen de los mismos.
Si, como dice Marx, la lucha por la reducción de la jornada laboral es una “guerra civil” entre capitalistas y obreros; en el caso de las mujeres trabajadoras las contradicciones se amplían y traslapan al hogar.
De ahí la necesidad de avanzar en verdaderas reformas laborales, pues según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE)[3] del cuarto trimestre de 2025, son 11 millones 759 mil mujeres las que laboran de 35 a 48 horas, sin que se pueda diferenciar las que laboras entre 40 a 48 horas y que también habrían sido de las más beneficiadas con una reforma laboral que no fuera una farsa.
Según la ENUT, en promedio las mujeres mexicanas dedican 13 horas semanales a la preparación y servicio de alimentos; 9.5 horas a la limpieza de la vivienda; 4.1 horas a la limpieza y cuidado de ropa y calzado; 2.6 horas a compras.
En todos los rubros, las mujeres dedican más tiempo que los hombres, quienes sólo destinan 4.7 horas semanales a la preparación y servicio de alimentos; 4.7 horas a limpieza de la vivienda; 1.9 horas a la limpieza y cuidado de ropa y calzado; así como 2.3 horas a compras.
Se manifiesta, así, como una guerra por el tiempo, en la cual las mujeres son las mayores perjudicadas al ser arrebatadas de más tiempo: una parte que se vuelve plusvalía, ganancia para los capitalistas, y otra que queda en el silencio del hogar.
El machismo y la familia que fundamentan estos esquemas de dominación sobre la mujer son relaciones sociales anteriores al capitalismo, pero que en éste adquieren formas todavía más ominosas y violentas.
[1] https://www.marxists.org/archive/kollonta/1909/social-basis.htm






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