Escrito por Ángeles Tepox Vivar

EE.UU. ha dado un vuelta más a la tuerca de su estrategia imperialista: está sembrando el terror en Venezuela para intentar afianzar— en un arrebato de desesperación— su ya endeble dominio sobre el continente americano. El secuestro abierto del presidente constitucional y legítimo Nicolás Maduro solo es una muestra fehaciente de que los gringos están dispuestos a destruir al mundo antes de renunciar a ser una potencia imperialista.

Analicemos con detenimiento la estrategia. De entrada, no es una invasión, y esta afirmación no tiene la intención de subestimar o trivializar la sucia maniobra que llevaron a cabo los gringos, simplemente es necesario reconocer que la capacidad de intervención militar es limitada en estos momentos. Los gringos entraron a Venezuela como lo que son históricamente: unos asquerosos mafiosos, pistoleros del Viejo Oeste que no terminan de entender que el continente americano no les pertenece.

Esta operación militar fue restringida, porque son ya limitados los márgenes que tienen para invadir a un país. No están en las mismas condiciones económicas ni geopolíticas para iniciar y sostener una invasión de las magnitudes como la de Irak o Afganistán. En su lugar, están llevando a cabo una desestabilización mucho más focalizada y de hecho con un guion ya más o menos ensayado en Panamá.

El objetivo de esta operación militar parte de la idea de acabar de tajo con el liderazgo ejercido por el presidente legal y legítimo, Nicolás Maduro, para liquidar al chavismo. Secuestrar al presidente Nicolás, desde la perspectiva de los gringos, les permite sembrar el terror para materializar la desestabilización política de Venezuela. Es, prácticamente, desatar la desconfianza y sobre todo desmoralizar al chavismo como salida política al infierno en la tierra que es el imperialismo.

No faltan, claro está, las sospechas de una traición interna, pero esas teorías tienen el propósito de desmovilizar al chavismo, de sembrar la desconfianza entre propios y extraños para que se anulen entre sí con paranoias conspirativas. Aquí no hay posibles interpretaciones, los responsables de esta cobarde maniobra son fundamentalmente los gringos, no es el chavismo, no es el ejército bolivariano, ni ningún integrante del gobierno chavista.

Así, además de desmovilizar al chavismo en las calles, un segundo objetivo de esa operación militar— y el más importante— es desarmar a los venezolanos. Es decir, pretenden dividir a las fuerzas armadas con esas teorías de traición para que empiece una casería de brujas entre ellos y la capacidad de defensa militar del proyecto chavista pase a segundo plano. Es decir, esta operación tiene el propósito de desmovilizar a las fuerzas armadas venezolanas para contener el avance del chavismo.

En otros términos, el secuestro del presidente constitucional de Venezuela tiene por finalidad generar una implosión de a las Fuerzas Militares Bolivarianas como brazo armado del proyecto chavista. Si bien en términos de su capacidad militar este ejército pueda presentar limitaciones en comparaciones con otros ejércitos, su capacidad de disuasión y control interno es indiscutible.

A ese respecto, Venezuela puede afrontar, a través de la organización política, el secuestro del presidente Nicolás Maduro, pero el gran problema es un ejército popular con un planteamiento chavista, y más si hay involucradas milicias populares. Entonces, el cobarde secuestro del presidente es el preludio de un objetivo mayor: eliminar el planteamiento ideológico-político que caracteriza al Ejercito Bolivariano y liquidar su base/respaldo popular.

Los gringos, a diferencia de muchos latinoamericanos, saben que Venezuela se puede convertir fácilmente en un Vietnam. El Ejército Bolivariano no solo cuenta con armas, está cimentado sobre una visión antimperialista que le puede dar mucha batalla y que a pesar de la ‘superioridad’ numérica de los gringos, Venezuela puede ser su tumba, como históricamente lo demostró ya Vietnam. La determinación de la voluntad popular por sostener al chavismo articulado con el Ejército Bolivariano es el principal obstáculo que enfrentan los gringos para el control hegemónico del continente.

En términos geopolíticos, Venezuela además de ser estratégica por sus recursos petroleros, es también clave por su ubicación: es la entrada al continente americano. Así que no solo es se trata de un ejercicio de control ideológico: es un problema de seguridad nacional para los gringos contener la presencia de los chinos en nuestro continente y eso implica tomar a Venezuela por cabeza de puente. A EE. UU. se le reduce cada vez más su espacio vital y Venezuela le significa una posición geográfica muy valiosa para afianzar su posición continental.

Por tanto, esta medida y otras maniobras militares y políticas futuras se ciñen tanto la Doctrina Monroe como el Corolario Roosevelt. No solo es “América para los americanos”, también los gringos se abrogan el derecho de intervenir en los países de nuestra América cuando considerasen que éstos no cumplen sus obligaciones de ser serviles a sus intereses. Además de violar todo lo que existe en términos de derecho internacional, así como de la llamada arquitectura de instituciones internacionales, está mandando un claro mensaje: o sea alinean a los interese gringos o sufren las consecuencias.

Esto último es un tercer aspecto de la estrategia, ese terror además se transmite a nivel continental y son municiones directas contra los procesos electorales de al menos dos países: Colombia y Brasil. En concreto ese terror va a cargar los dados, electoralmente hablando, a la derecha. En el caso de Brasil, las huestes fascista encabezadas por los seguidores de Bolsonaro van a explotar la narrativa antichina y esencialmente van a aterrorizar a los electores para la narrativa de evitar convertirse en la próxima Venezuela.

Para Colombia se aplica la misma máxima: las huestes fascistas en este caso encabezadas por los reductos del uribismos van a afianzar una retórica a favor de los intereses gringos: o se alinean y le bajan a su discurso radical de soberanía nacional o se convierten en la próxima Venezuela.

En el caso de EE. UU. también se llevarán a cabo elecciones en este 2026 y Trump debe de garantizar a nivel interno la hegemonía del partido republicano para que siga su mandato y sobre todo afianzando su política imperialista sin temor a un juicio político o un motín interno a manos de los demócratas, básicamente.

A modo de conclusión

Si hay una traición en el secuestro del presidente Nicolás Maduro esa fue por parte de la comunidad internacional. Desde hace meses los gringos estaban amedrentando a Venezuela y ningún país tomó medidas contundentes. Ningún país, como ahora, pasa de la denuncia, de estar ‘indignados’ y al final del día no nada concreto más que discursos ambiguos y convenencieros. Al igual que en el caso de los nazis, muchos países fueron cómplices porque no los frenaron a tiempo. ¿No saben las implicaciones? ¿No tienen memoria histórica? ¿No hay medidas efectivas para contener al fascismo encarnado en Trump?

Por el contrario, muchos países se van a beneficiar de destruir al chavismo y de que Venezuela se convierta de facto en protectorado de EE. UU. Los países agrupados en la Unión Europea, por ejemplo, son unos carroñeros despreciables esperando las sobras de sus amos los gringos. Rusia, claro está, no va a meter ni la nariz, a menos de que toquen sus intereses imperialistas. Los países latinoamericanos, tanto los llamados gobiernos progresistas como los de derecha— al cabo son lo mismo— se van a alinear y refrendar ‘América a los americanos’.

Así pues, la solidaridad con la Venezuela chavista no solo es un deber moral, es también una necesidad porque el avance del fascismo adquiere proporciones cada vez más monstruosas. En ninguna circunstancia se puede justificar el secuestro del presidente constitucional Nicolás Maduro. No fue una traición interna, tampoco falló la seguridad del presidente, fue mediante la masacre de la guardia presidencial, de incursionar y bombardear a un país soberano que lograron secuestrar a un presidente, contraviniendo completamente los principios de soberanía y autodeterminación de Venezuela.

Esa idea de la traición, del craso error del Ejercito Bolivariano, esa es justamente la narrativa que nos quieren imponer, es el mensaje de fondo: ¿por qué apostar por otra vía que no sea el capital? ¿Por qué aventurarse si EE. UU. mantiene la estabilidad política del continente? Además de asestar un golpe duro a los chavistas, los más organizados, los más afianzados en términos de la toma del poder político en nuestro continente, es adoctrinarnos con terror y desesperanza para no dejar de ser los perros falderos de los gringos y eso se llama fascismo.

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