
Escrito por Jorge Álvarez Méndez
Solo puede llamarse cobarde, criminal y alevoso el ataque de madrugada a un pueblo pacífico y noble.
Y es un acto de terrorismo de Estado, en tanto se ejerce de modo arbitrario y abusando de su supremacía militar, por mandato de un jefe extranjero, como una expresión inequívoca de fascismo o, mejor dicho, del neofascismo que se pretende imponer e instaurar sobre la humanidad toda en estos convulsos tiempos. (Miguel Díaz Canel, presidente de Cuba).
Flaco favor a la lucha revolucionaria, y música para los oídos del gran capital monopolista, han sido las interpretaciones teóricas revisionistas contra la concepción materialista de la historia que devela la esencia feroz y violenta del imperialismo contra la Humanidad. Pasemos una somera revista diversas posturas abanderadas en la práctica por gobiernos, partidos, intelectuales y militantes.
1. Uno de los ejemplos más influyentes de esta decadencia fue el intento de reemplazar imperialismo por “imperio”, bajo autoría de Negri – Hardt. Certera flecha contra el centro de su argumentación es lanzada por Atilio Borón, al ser una teorización apologética de la dominación imperialista (en los hechos):
“En lugar de ello, lo que caracterizaría al imperio sería la primacía de una ‘lógica global de dominio’ superadora de los tradicionales intereses nacionales y cuya belicosa reafirmación ocasionara innumerables guerras ‘imperialistas’ en el pasado.
Si hay algo que demostró la agresión descargada sobre Irak fue el carácter meramente ilusorio de estas concepciones tan caras a los autores de Imperio, a las cuales Bush desmintió con los rudos modales del cowboy tejano”[1].
Lo mismo se demuestra una y otra vez en Panamá con una invasión militar directa (1989), en Haití al auspiciar el golpe de Estado contra el presidente Bertrand Aristide (1991), golpe de Estado en Honduras contra el presidente Zelaya (2009), auspiciando desde la OEA el golpe de Estado en Bolivia contra Evo Morales (2019) y desde el triunfo de la Revolución Bolivariana en Venezuela ejerciendo un constante acoso.
Este recuento sólo es para América Latina desde 1989, año de la desintegración del bloque socialista europeo. Durante ese lapso se vivió la embestida genocida contra Irak, Siria, Afganistán y actualmente contra Palestina. Una teoría funcional a la dominación imperialista que desvirtúa la esencia militarista para saquear a los pueblos.
2. Ya ni extenderse mucho con la mención a la perla de “cambiar el mundo sin tomar el poder” (Holloway) que con su horizontalismo ignora deliberadamente el verticalismo ejercido por el gobierno de Estados Unidos para imponer desde un despliegue nacional los intereses de sus monopolios. Estos se vuelcan a apuntalar el colosal gasto militar yanqui ante la pérdida de la carrera tecnológica, comercial y productiva frente a China y los países del BRICS.
Al procederse con la renuncia a las vanguardias de clase, se bajaron los brazos para la organización obrera y de los oprimidos, erigiendo soluciones en “microespacios” sin representarle rasguño alguno a la dominación imperialista.
3. El imperialismo nunca se desdibujó pese a la machacona semántica de la desterritorialización, cuando como nunca su máximo jefe enarbola con cinismo discursivo y violencia militar, el control territorial por arrancar recursos naturales necesarios para el funcionamiento de su esclerosado aparato industrial, ávido de devorar petróleo y gas natural, además de litio, coltán o tierras raras.
La resurrección del análisis geopolítico como herramienta para comprender la dinámica del sistema capitalista a nivel mundial marca la necesidad de poner en el foco la trasformación geográfica moldeada por los grandes capitales en lucha por la ganancia en el espacio del mercado mundial y de la organización de la división internacional del trabajo.
4. Tampoco se decantó por la desmaterialización cuando para rescatar su economía en crisis irresoluble, echa mano de la explotación de trabajadores ligados a las plataformas en la logística y distribución de mercancías, así como en el procesamiento de información en los Data Centers bajo condiciones extenuantes con ínfimos salarios pagados a los ejércitos de una clase obrera formada profesionalmente y sometida a jornadas infames, a una vida sin tiempo para vivirla fuera de la producción de plusvalía. Si algo hay material eso es el valor, el trabajo incorporado en mercancías, con sangre, sudor y lágrimas obreras no almacenadas en ninguna nube.
La bestia herida lanza dentelladas mortales para prolongar su inevitable agonía.
El humo vendido por la academia también fue consumido masivamente en el activismo político desde muchas latitudes, encantadas con el conjuro del mundo sin fronteras donde el Estado-nación “carecía” de contornos reales en la economía mundial globalizada y abierta (es decir ya no siendo capitalista, bajo esas premisas espurias).
Al desembozarse Trump y los halcones superan en dosis de realismo (cinismo criminal de hecho) a los sesudos posmodernos como trágicos y funestos tontos útiles. Directamente al servicio del imperialismo de forma cruda.
Nunca fue globalización, sino reparto territorial colonial. Tampoco fue financiarización; siempre se trató de la voracidad irrefrenable del capital financiero como la forma más irracional del propio capital.
En el ataque imperialista hacia la República Bolivariana de Venezuela hay mucho más en juego que la “ruptura del orden jurídico internacional de posguerra”. Ya es una inútil fórmula desde las constantes agresiones en Medio Oriente y ahora contra América Latina. Hay la reinstalación del fascismo y su Estado de excepción guerrerista dejando una estela de muerte, de sufrimiento. Pero sobre todo de la necesidad de recobrar la brújula cuyo polo magnético apunta al imperialismo que nunca dejó de serlo y hoy se revuelve en los estertores de su crisis. Tanto la caracterización de Lenin como de Rosa Luxemburgo apuntan al corazón del imperialismo en sus lúcidos análisis históricos.
[1] https://biblioteca.clacso.edu.ar/clacso/se/20100604021228/imperio.pdf, p. 4.






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