“Los pobres son la fuerza, no porque son pobres, sino porque son el mayor número. Cuando los pueblos tengan la conciencia de que son más fuertes que sus dominadores, no habrá más tiranos”

-Ricardo Flores Magón-

“Si los oprimidos no hacemos nada por salvar a los nuestros, bien merecemos ser esclavos”

-Ricardo Flores Magón-

Escrito por: Mariana Martínez

 

Entre las montañas de la sierra mazateca de Oaxaca se encuentra Eloxochitlán de Flores Magón, un pueblo recordado como la cuna de los hermanos Flores Magón, precursores de la Revolución Mexicana.

Hoy, más de un siglo después, el nombre del pueblo vuelve a asociarse con la lucha; esto debido a la criminalización de su comunidad y la permanencia de presos políticos mazatecos.

Desde hace más de una década, Eloxochitlán vive un conflicto que ha dejado una profunda herida y que, pese al paso de los años, sus habitantes han denunciado con firmeza, resistiendo al aislamiento, la represión y la criminalización.

Los hechos se remontan a 2010, cuando la comunidad comenzó a notar irregularidades e injerencias en la Asamblea Comunitaria, el núcleo de mayor importancia para la toma de decisiones bajo el sistema de Usos y Costumbres.

Poco después, Manuel Zepeda Cortés logró acceder a la alcaldía municipal en medio de anomalías. Desde entonces, la violencia contra los comuneros se agudizó.

Tras tres años de gobierno caracterizado por abusos de poder y represión hacia quienes seguían organizándose desde la Asamblea Comunitaria, el 14 de diciembre de 2014 ocurrió un enfrentamiento que marcó la historia reciente del pueblo.

Ese día, la comunidad se había organizado para elegir a un nuevo alcalde, pero la Asamblea Comunitaria fue interceptada por un ataque armado. La agresión, encabezada por un grupo caciquil dirigido por Manuel Zepeda, dejó dos muertos y decenas de perseguidos.

En lugar de garantizar justicia, las autoridades estatales actuaron de manera arbitraria: integrantes de la Asamblea Comunitaria Mazateca fueron detenidos y sometidos a procesos judiciales plagados de irregularidades.

Hoy, a más de diez años de aquellos hechos, varios hombres siguen presos en distintos penales de Oaxaca, mientras sus familias denuncian la fabricación de delitos y violaciones a sus derechos.

Han sido sobre todo las mujeres de Eloxochitlán quienes, con firmeza y dignidad, han sostenido la exigencia de justicia. En repetidas ocasiones han viajado tanto a la capital del estado como a la Ciudad de México para demandar la libertad de los presos mazatecos de Eloxochitlán de Flores Magón, subrayando que se trata de un castigo político contra la organización comunitaria autónoma de su pueblo.

La persistencia de la familia Zepeda en intervenir en la vida comunitaria de Eloxochitlán responde también a sus intereses económicos ilícitos. Manuel Zepeda, y más recientemente su hija Elisa Zepeda, han buscado mantener el control político para proteger el negocio de extracción de piedra y arena del río nombrado en mazateco como: Xanga Ndá Ge, y en español significa “el ser de brazos generosos”.

Estas actividades extractivas han provocado un grave deterioro en el río y en el entorno natural que es parte fundamental de la vida comunitaria, por lo cual también se ha denunciado la defensa del rio.

Por si no fuera suficiente, en junio de este año se dio a conocer la activación de más de 200 órdenes de aprehensión contra 56 personas de la comunidad.

En el actual sexenio federal, encabezado por Claudia Sheinbaum —quien se dice representante del “pueblo”—, este hecho representa un retroceso en la lucha de las mujeres mazatecas, pues confirma que la persecución y criminalización contra Eloxochitlán nunca cesaron ni han sido atendidas, mientras el Estado continúa protegiendo a los caciques de los pueblos.

Eloxochitlán es ejemplo de cómo en el país la resistencia indígena sigue siendo castigada con cárcel y represión, mientras se intenta borrar la memoria de sus luchas históricas. La paradoja es evidente: en el pueblo de los Flores Magón, quienes mantienen viva la tradición de la autonomía comunitaria son tratados como delincuentes.

Pese a la situación actual y hoy más que nunca, la exigencia central permanece intacta: libertad inmediata para los presos políticos mazatecos de Eloxochitlán y respeto a la organización comunitaria indígena.

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