
Escrito por Miguel Angel Sánchez Mozo
Repetidas veces me dije que no hay otro enigma que el tiempo, esa infinita urdimbre del ayer, del hoy, del porvenir, del siempre y del nunca.
J.L. Borges
El libro de arena es una colección de trece cuentos escritos por el argentino Jorge Luis Borges, publicados en 1975. Se trata de piezas cortas, del género fantástico, en las que el autor suele intercalar rasgos autobiográficos. ¿Es todo lo que hay que decir al respecto? Quizá sea preferible.
El mismo Borges escribe en su epílogo que hablar sobre cuentos no leídos es aún “tarea casi imposible, ya que exige el análisis de tramas que no conviene anticipar.” Álvaro de Campos (al intentar escribir sobre la poesía de Fernando Pessoa) escribió que “el único prefacio de una obra es el cerebro de quien la lee.”
Pero que las cosas sean imposibles, o improbables, no significa que el intento de hacerlas realidad también sea imposible o improbable. De hecho, yo diría que el intentar cosas imposibles es algo característicamente humano. Y si además sumamos un ego, una biografía personal, atisbamos el desarrollo de una subjetividad, uno de los temas en este El libro de arena.
Ahora bien, hace años leía Ficciones (1944) y El aleph (1949). No me animaba a leer a Borges porque, en mi pequeño universo literario, tenía fama de ser un autor que, por su erudición, y en contraposición, podía resultarme algo críptico. Afortunadamente, el prejuicio cambió. Y no porque no hubiera erudición, sino porque la claridad, y debo decir la brevedad, de la escritura sobrepasaba el fondo oscuro del concepto.
El cuento que más he recordado, a la fecha, es “Funes el memorioso”. Sin embargo, debo aclarar que esa impresión no es producto de mi memoria personal, sino de la fama del cuento. Por ejemplo, en mis tiempos de estudiante, algún profesor nos habrá encargado su lectura para algún curso académico. Solo recuerdo que el nombre de la materia incluía el término “historiográficos”. Lo que ahora no recuerdo son las razones, ni de la lectura ni del curso. En otro ejemplo más contundente, Umberto Eco se ha referido al cuento para hablar de la idiotez de recordarlo todo.
De cualquier forma, citar ese cuento sirve para señalar una de las preocupaciones vitales en Borges: la memoria. Pero habría que decir que esa preocupación se tresdobla a lo largo de su obra. Es cierto que importa la realidad del hecho, pero también la reconstrucción mental de ese hecho: el recuerdo. Finalmente, importa la escritura, la construcción literaria de la reconstrucción del hecho. Esas tres dimensiones se pueden traslapar, llegándose a confundir. Esa operación cobra, en Borges, un carácter místico.
Habría que agregar, y eso es sumamente importante en Borges, que se da el caso de que el hecho ni siquiera ocurra en la realidad. Entraríamos, por tanto, en el ámbito de la ficción. Desde luego, no intentaré una reflexión crítica, filosófica, o semiológica del asunto. Pero el hecho es que en sus ficciones, sobre todo en el caso de estos cuentos, vemos aparecer en primer plano un sujeto, el hombre que escribe.
De hecho, en uno de los presentes cuentos, no diré en cuál, la realidad no se narra sino que es la narración la que se vuelve real. Por su parte, en otro cuento, en el que realiza un ejercicio de imaginación de un futuro indeterminado, explica que a nadie importarán los hechos, “meros puntos de partida para la invención y el razonamiento”. Y en otro, refiriéndose a la calidad poética, dice que el poema gana “si adivinamos que es la manifestación de un anhelo, no la historia de un hecho.”
Todo esto no significa que Borges se intente alejar de la realidad. De hecho, uno de estos cuentos estuvo inspirado en un acontecimiento histórico, un asesinato político. Sólo que el cuento es la escritura de cómo Borges se imaginó que habría sido la vida del asesino en las vísperas de su crimen.
Es decir, ya sea que la idea germinal de los cuentos provenga de un recuerdo, de un homenaje, de un hecho histórico, o de las sagas nórdicas, el desenlace siempre refleja el poder de la fábula, de la poesía, que radica en el trabajo alquímico y preciosísimo de la escritura, breve y subjetivo.
Sobre la brevedad, solamente diré que el cuento más corto, y al mismo tiempo el más universal de la colección, es una pasional sátira sobre la locura de la naturaleza humana. Sobre la subjetividad, puedo decir que Borges parte de que “nadie puede enseñar nada”, por lo tanto, uno siempre debe realizar su propia búsqueda. O, mejor dicho, uno debe emprender su propio encuentro.
En realidad, no hago más que describir subjetivamente el estilo de Borges. Su escritura me recuerda los cuestionamientos actuales de la física y la astronomía sobre el universo. “Si el espacio es infinito estamos en cualquier punto del espacio. Si el tiempo es infinito estamos en cualquier punto del tiempo”. Se trata de un microcosmos que, como el cosmos, y como la arena, no tiene principio ni fin.
Borges, Jorge Luis, “El libro de arena”, en Cuentos Completos, México, Lumen, 2024, pp. 425-512.






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