
Escrito por Jorge Álvarez Méndez
“Porque la de ellos es una tierra con un muro a su alrededor
Y la mía es la fe en mis semejantes
La suya es una tierra de esperanza y gloria
Míos son los campos verdes y las fábricas
Suyos son los cielos todos oscuros con bombarderos
Y mía es la paz que conocimos
Entre las guerras”.
Billy Bragg. Entre guerras.
Muy atrás quedó el nivel de movilización política, sindical y hasta cultural de la clase obrera inglesa desde fines del siglo XX hasta estos tiempos. Desde la era Thatcher el movimiento sindical no ha podido levantar cabeza en la recuperación de sus marcos organizativos. Con respecto a la izquierda, ese flanco ha sido usurpado por el laborismo.
Algunos intentos por recuperar experiencias de lucha han quedado al margen de la historia oficial, como el caso del movimiento masivo y amplio para combatir el impulso del Frente Nacional (FN) encuadrado como agrupamiento fascista con gran crecimiento a mediados de la década de 1970, sobre todo entre la juventud.
En el filme White Riot se documentó la movilización de la Liga Antinazi aliada a Rock Against Racism (Rubika Shan, 2020), coorganizadores de dos masivos festivales cuya finalidad explícita fue combatir el avance de la organización fascista del FN. A su vez en Sweet Sixteen el cineasta Ken Loach (2002) retrata la frustración juvenil explotada por ese partido en torno al movimiento contracultural skinhead.
El punk y el reggae interpretado en estos festivales no derrotaron por sí mismos al FN, pero fueron la banda sonora de un ambiente político y cultural donde las expectativas por mantener un salario real, un empleo de por vida, se cristalizaban aún en el régimen fordista de sindicatos como tejido social en la base y un conjunto de centros culturales comunitarios.
En esa época la lucha de clases aún contaba con el inmenso muro de contención construido por el movimiento obrero. En 1979 se dio la mayor tasa de afiliación sindical con el 53 por ciento (13 millones de trabajadores). A 2024 el porcentaje ha caído a niveles mínimos con 22 por ciento (6.6 millones de trabajadores)[1].
Por eso como en ninguna otra dimensión el neoliberalismo se reveló como una ofensiva contra el trabajo, contra su organización y contra sus conquistas históricas para expandir la cuota de plusvalía. Al punto de poder erigirse en una especie de aforismo la amenaza de M. Thatcher hacia el sindicato del carbón al declararlos el enemigo interior.
Tal era el poder del movimiento obrero británico que en 1974 la huelga de los mineros del carbón echó para abajo al gobierno conservador de Nicholas Ridley[2], quien había elaborado un muy concreto programa para combinar represión con reorganización de la industria nacionalizada, como la eléctrica y otras más dependientes del mineral para combatir a los sindicatos; ya se achacaba a los incrementos salariales el aumento de la inflación.
Los recortes a salarios tuvieron como respuesta huelgas masivas (mineros, camioneros y empleados públicos) también contaron con la energía capaz de generar la caída del gobierno laborista encabezado por James Callaghan (1979).
Al ser el neoliberalismo la respuesta para desarmar la organización sindical y social aparentemente quedaba de lado la ultra derechización neofascista con el derrotado FN. Para nada esta semilla fue erradicada; muchas de sus políticas defendidas como el combate a la inmigración fueron administradas institucionalmente por conservadores primordialmente, pero también por el laborismo.
Esa simiente germinó, creció y siguió dando frutos silenciosamente hasta la actualidad con el partido Reformar Reino Unido (R UK, en inglés), con las banderas del nacionalismo de derecha y la islamofobia. De modo similar a Italia y Francia, la fuga de votos ha favorecido a la extrema derecha, y disminuido el caudal electoral de la izquierda en un sentido muy amplio, representada por el laborismo. Tan solo 19 por ciento de la clase trabajadora vota al Partido Laborista, mientras el partido R UK obtiene el 38 por ciento de apoyo en esta clase social[3]. Una fascistización del proletariado con el molde clásico de la década de 1930.
En Reino Unido el neoliberalismo se consagró como una etapa del fascismo, sin exagerar.
Reina la confusión ideológica en la sociedad al culpabilizar a la inmigración pakistaní, bangladesí e india de la crisis económica; pese a albergarse en el país a trabajadores provenientes de otras naciones de la Unión Europea. La salida de este bloque fue capitalizada políticamente por la extrema derecha en la campaña triunfal por el Brexit.
La reciente huelga de médicos por la exigencia de un incremento salarial exhibe de cuerpo entero el momento de crisis, fascistización y traición socialdemócrata. Los salarios reales en la profesión de estos trabajadores de la salud se han reducido una cuarta parte en estos últimos 15 años[4], además de que sólo 10 mil de 30 mil médicos solicitantes han podido acceder a una plaza de formación especializada[5].
Pero el secretario de salud del gobierno laborista, Wes Streeting, además de negar anticipadamente cualquier incremento salarial exigido, en el curso del movimiento desestimó el número de médicos sumados al paro. Como buen funcionario progresista acusó a los médicos de beneficiar con su movimiento al líder del ultraderechista R UK, Nigel Farage[6], en sus objetivos de convertir el sistema de salud pública en uno de seguros administrados por el capital privado.
Es decir, después de denostar a los trabajadores de la salud, los culpa de ¡hacerle el juego a la extrema derecha! Un movimiento de ajedrez propio de la socialdemocracia para coronarla en el poder. Por algo la traición de la derecha laborista se ha desfondado de su base trabajadora.
Y el caldo de cultivo no podía ser más propicio con la caída sin freno de los salarios reales: por la crisis de 2008 hasta 2023 los salarios reales han perdido anualmente 11 mil libras esterlinas[7]; sobra decir que ese monto abulta la apropiación de plusvalía postcrisis como solución bien planificada por el gran capital y por ello acude a sus funcionarios, lo mismo conservadores que laboristas.
Pero ambos flancos se agotaron y ahora está incorporando a su elenco a R UK. A diferencia del primer ascenso ultraderechista de la posguerra, el organismo estatal británico contaba con suficientes anticuerpos para combatirlo y hacerse inmune mediante la alternancia laborista-conservadora.
El contexto de militarismo europeo y occidental tiene en el primer ministro británico Keir Starmer un defensor absoluto del anunciado incremento en el gasto militar como porcentaje del PIB, anunciado desde junio. Se pagará esta factura mediante la abrumadora caída del salario real para una clase trabajadora golpeada por la crisis, así como por la vía del recorte a educación y salud del alicaído Estado de bienestar.
Como colofón latinoamericano, o parte episódica de esta misma trama, una parte del progresismo efectuó en Santiago de Chile la Reunión de Alto Nivel Democracia Siempre. Desde ese espacio Gabriel Boric convocó a Starmer a una nueva sesión de este foro para frenar la “desafección por los valores democráticos para proponer al extremismo y al autoritarismo en una solución a partir de aplicar mano dura”[8].
Léase, el progresismo se acomoda como la principal línea de defensa de la democracia liberal burguesa que ha dado amplio espacio al avance de las fuerzas neofascistas por el camino electoral. Ya no es simple laxitud para aupar en el mismo bando al primer ministro británico cuyo gobierno golpea a los trabajadores mientras fortalece a la OTAN (como desde España hace el mismo Pedro Sánchez, asistente y convocante de la Reunión de Alto Nivel). Un empedrado socialdemócrata se tiende como camino al fascismo.
[1] https://en.wikipedia.org/wiki/History_of_trade_unions_in_the_United_Kingdom cit. Novitz, Tonia; (septiembre de 2002). «Un rol revisado para los sindicatos según el diseño del Nuevo Laborismo: La pirámide de representación y la ‘colaboración” (Revista de Derecho y Sociedad).
[2] Amato, Alberto. La huelga minera en Gran Bretaña de 1984: el mayor triunfo político de Margaret Thatcher y la derrota de los sindicatos; Infobae. https://www.infobae.com/historias/2024/11/08/la-huelga-minera-en-gran-bretana-de-1984-el-mayor-triunfo-politico-de-margaret-thatcher-y-la-derrota-de-los-sindicatos/
[3] Rain, Andy. Reforma lidera en intención de voto, pero ¿de dónde proviene el voto?; The Conversation. https://theconversation.com/reform-leads-in-voting-intentions-but-where-does-their-vote-come-from-257754
[4] Walker, Peter et al. Keir Starmer en camino a un enfrentamiento con los sindicatos por los salarios del sector público; The Guardian. https://www.theguardian.com/society/article/2024/jul/11/keir-starmer-on-collision-course-with-unions-over-public-sector-pay
[5] Ireland, Ben. BMA; Una importante encuesta muestra la magnitud de la crisis del desempleo médico. https://www.bma.org.uk/news-and-opinion/major-survey-shows-scale-of-doctor-unemployment-crisis
[6] Smythe, Polly; Puede que la táctica de dividir y gobernar de Wes Streeting haya ganado contra los médicos, pero se avecinan más huelgas; The Guardian. https://www.theguardian.com/commentisfree/2025/jul/30/wes-streeting-divide-rule-tactics-won-doctors-more-strikes
[7] BBC; El estancamiento del crecimiento salarial desde 2008 cuesta £11.000 al año, según un grupo de expertos. https://www.bbc.com/news/business-64970708
[8] Anffosi, Aldo; Boric invitó a Sheinbaum a cumbre ‘Democracia Siempre’; ‘le hubiese encantado estar aquí’K; La Jornada. https://www.jornada.com.mx/noticia/2025/07/21/mundo/boric-invito-a-sheinbaum-a-cumbre-democracia-siempre-le-hubiease-encantado-estar-aqui






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