
Escrito por Ana Muñoz de la Torre Fernández
Las recientes filtraciones entre Sánchez y Ábalos han reactivado el ruido político y mediático en plena fragilidad del bloque gubernamental. No es fuego amigo. Sánchez desactivó hace tiempo la capacidad de oposición interna en el PSOE. Una operación así no se pone en marcha desde un partido sin intervención del propio aparato del sistema.
No estamos ante una operación de derribo, al menos no todavía. El movimiento actual apunta a limitar su peso político dentro del aparato, en un momento en que Bruselas evalúa si sigue siendo útil para lo que viene.
Durante los últimos años, el Gobierno de Sánchez y Sumar, con sus respectivas marcas de izquierda institucional, ha sido el dispositivo más útil para mantener la paz social en un contexto de crisis estructural del sistema.
El nuevo ciclo exige más: recortes de mayor envergadura y aplicación sin freno. El sistema no puede permitirse ejecutar todo lo que viene dependiendo de una única vía.
Sánchez no ha dado problemas. Pero ha acumulado poder, ha eliminado cualquier crítica interna y opera sin contrapesos reales. Eso, en un momento de ajuste profundo, es una concentración que empieza a incomodar.
El sistema necesita diversificar su capacidad de gestión. No porque el PSOE haya dejado de servir, sino porque no puede seguir jugándoselo todo a una sola carta. El PP, hasta ahora un bufón en la corte, empieza a reconfigurarse como una alternativa operativa seria. No porque sea mejor, sino porque puede aplicar lo mismo con otra estructura de poder.
El PSOE no puede gobernar sin Vox, y el sistema no quiere a Vox dentro. Demasiado ruido. Demasiado torpes. Pero el capital tantea. Porque por primera vez en muchos años, el PP vuelve a estar en el tablero como posibilidad real.
No se trata de un reemplazo inmediato, ni de una ruptura. Se trata de recolocar fichas. De abrir posibilidades para aplicar el ajuste, si la vía principal empieza a fallar.
En realidad, lo mejor que podría pasarle a la clase obrera de este país ante la inminente situación de recortes y subidas brutales, es que gobernara el PP. Es la única manera de que las calles vuelvan a llenarse de rabia, indignación y dignidad, si es que aún queda algo de eso en este país. Esperemos que sí.






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