En medio de una movilización estudiantil que lleva semanas sin atenderse, debido a la cerrazón de la rectoría, el jueves 13 de marzo, la rectora de la BUAP, Lilia Cedillo, convocó a una rueda de prensa. Sin embargo, solo citó a medios que han contribuido al cerco mediático para imponer una narrativa en contra de los estudiantes.

La rectora no se ha presentado formalmente ante los estudiantes, y las lecturas de los pliegos petitorios y las diferentes mesas de diálogo que se realizan son a través de directores y voceros.

Es decir, la rectora no da la cara, mucho menos está dispuesta a escuchar a los estudiantes y, encima utiliza a los medios como sus portavoces ante la sociedad, contribuyendo a crear una percepción distorsionada de los estudiantes. Además, debería ser ella quien informe directamente a la comunidad universitaria sobre los planes y seguimientos de sus pliegos petitorios.

En dicha rueda de prensa, donde se careció de presencia de estudiantes, además de que esta realizó en el Complejo Cultural Universitario, espacio que dedicado a la iniciativa privada, Cedillo mencionó que los estudiantes habían entregado 49 pliegos petitorios.

Destacó, como jactándose de que “los paristas” son una minoría, que el 57.2% de las facultades no están en paro o ya lo levantaron, el 36.6% de las unidades académicas están en paro y en mesas de diálogo, y el 6.2% restante se mantiene en paro.

En ese sentido, como se ha mencionado con anterioridad en Periódico Revueltas, medios afines a la rectoría (chayoteros) no proporcionan datos completos en sus notas.

Por ejemplo, no mencionan que del 57.2% de las facultades que ya no están en paro, la mayoría son estudiantes del área de salud, Contaduría Pública (estos representan menos del 15% de la matrícula de instalada en Puebla capital) algunos institutos, los Complejos Regionales y las Preparatorias BUAP.

La rectora incluye en su cálculo a facultades como Administración y las preparatorias, cuyos representantes han declarado en asambleas y mesas de diálogo que no levantarán el paro hasta que las demás facultades hagan lo mismo.

Rectoría, junto con los medios, aplica la estrategia de «divide y vencerás«, desestimando la unidad y los esfuerzos de los estudiantes, quienes, con demandas diversas y solicitudes variadas, han intentado organizarse y llegar a acuerdos.

En este sentido, tras la rueda de prensa, los medios publicaron titulares como: “Solamente 6.2% de estudiantes de la BUAP están en protesta: Cedillo”, perpetuando la idea de que solo una minoría está en paro.

Sin embargo, no mencionan que al sumar el porcentaje de facultades que aún están en paro y en las dichosas en mesas de diálogo, el total es del 42.8%, casi la mitad de las unidades académicas que siguen exigiendo y luchando por sus derechos universitarios.

Al momento de las preguntas, los reporteros no desaprovecharon la oportunidad de formular interrogantes que les garantizarían notas atractivas para sus medios, contentando a la rectoría y continuando con la criminalización de los estudiantes.

Un reportero mencionó: “Hubo una rueda de prensa por parte de Antorcha Campesina”, y sin terminar su frase, afirmó que los estudiantes en paro no permitían el ingreso de los medios a sus mesas de diálogo, preguntando si la rectora consideraba que esto se debía a que los estudiantes no querían que se documentara la supuesta intrusión de este grupo en la universidad.

Este reportero pudo haber preguntado, por ejemplo, qué pensaba la rectora sobre las “acusaciones” de Armenta hacia los estudiantes, ya que no se ha presentado ninguna prueba al respecto.

O si consideraba correcto que un gobierno estatal intentará violar la autonomía universitaria pidiendo que la Fiscalía de Puebla investigará a los presuntos Antorchistas que son parte del movimiento, es decir, a los estudiantes.

Otro reportero preguntó sobre un punto del pliego petitorio de una facultad que solicita reformar el estatuto orgánico para evitar la reelección de las autoridades, incluyendo a la rectora.

Esta pregunta parecería acertada, ya que en los puntos que Cedillo mencionó como prioritarios para resolver los pliegos, no se incluye ninguno relacionado con reformas o cambios a los estatutos orgánicos, que son la máxima ley dentro de la universidad y protegen los derechos estudiantiles.

Sin embargo, este reportero tituló su nota: “¡Ya salió el peine! No reelegir rectora, entre pliego petitorio en la BUAP”. Con la expresión “¡Ya salió el peine!”, el reportero intenta inducir a los lectores a pensar que el paro está motivado únicamente por la no reelección, cuando esto no ha sido mencionado y existen cientos de demandas legítimas que justifican el inicio y continuidad del paro.

Posteriormente, el reportero cambió el titular a uno más formal: “¡Se exhiben! No reelegir rectora, entre pliego en la BUAP”. Este cambio, sin embargo, no elimina el tono sensacionalista del medio. Por cierto, es MTP Noticias.

Por otro lado, otro reportero, apelando a las “audiencias estudiantiles” del medio, fingió ser su portavoz y preguntó cuándo saldría la convocatoria de admisión 2025, argumentando que otros jóvenes estaban preocupados por su egreso de la universidad. Esta pregunta se convirtió en la nota principal en varios medios, que culparon a los estudiantes de que la convocatoria no haya sido publicada.

La rectora respondió que, como la DAE está en CU y CU está cerrada, no hay nada que puedan hacer. Los medios titularon: “Imposible lanzar convocatoria 2025 BUAP”, “Convocatoria de Admisión BUAP 2025 en riesgo por paro de estudiantes”.

No obstante, si la convocatoria no sale, no es por culpa de los estudiantes en paro, sino porque la universidad nunca ha mostrado interés en escuchar sus demandas.

Incluso durante la pandemia, con la universidad cerrada, hubo admisiones y hasta una elección de directores y rectora. La universidad cuenta con los recursos tecnológicos necesarios para emitir una convocatoria, incluso si el paro continuara hasta agosto de 2025.

La rectora enfatizó que la estrategia para resolver las demandas generales de los estudiantes, dividida en tres puntos, se debe a que los estudiantes no han entregado un pliego petitorio general.

En ese sentido, es importante mencionar que la organización estudiantil es un proceso complejo: cada facultad y unidad académica tiene sus propias demandas, y organizarlas en un pliego general requiere discusiones y consensos que los estudiantes han tenido que llevar a cabo.

La presión de Cedillo para que entreguen el pliego resulta una forma de hostigamiento. Muchos medios se han sumado a este discurso, recriminando a los estudiantes que, al realizar un paro, solo detienen clases sin sentido por no tener demandas claras.

Los estudiantes, que viven y conocen la universidad, saben lo que necesitan: desde la falta de recursos académicos hasta el bajo nivel educativo que permea en todas las carreras, pasando por la constante falta de clases. Cabe mencionar que la propia rectora ha suspendido clases hasta por una semana, y los medios no han cuestionado esto.

Cedillo se tomó la atribución de omitir las demandas que piden reformas al estatuto orgánico, como la no reelección o el cambio del voto sectorial por el voto universal para elegir a las autoridades representativas.

En dicho evento, donde el servilismo fue la orden, se le cuestionó a la rectora sobre los pliegos estudiantiles, sí había solicitudes de cambios o reformas al estatuto orgánico. Que las hay, porque piden que se elimine la reelección y el voto sectorial para implementar el voto universal.

Respondió que ya les había advertido a los estudiantes que no atendería demandas políticas, ya que toman años en procesarse. Además, mencionó que en 2023 había reformado el estatuto. Reforma que por cierto fue, para modificar la edad de los rectores y así poder reelegirse, argumentando que no podía estar reformando la ley constantemente.

Lo que omitió mencionar es que esa reforma tuvo un período de consulta de un mes, fue en línea y de inmediato fue avalada por el entonces gobernador Céspedes.

Cedillo descalifica y omite las demandas que cuestionan la estructura y las leyes que han perpetuado la falta de democracia dentro de la universidad. Argumenta que modificar las leyes tomaría mucho tiempo, pretendiendo dar una clase de legislación a los estudiantes y negándoles su derecho a exigir la democratización de la universidad.

Se arroga el derecho de ser ella y su grupo de rectoría los únicos que pueden proponer reformas y cambios. Minimiza y subestima la capacidad de los estudiantes para decidir lo que es mejor para ellos y para la universidad.

-Mena-

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