Por Miguel Angel Sánchez Mozo

Tras casi diez años de furiosa guerra civil, aquella nación de ultramar, diezmada, arruinada, exhausta, confió su suerte al general Tereso Arango.

Así comienza la novela corta que Alberto Moravia escribió a inicios de los años cuarenta. El relato toma lugar en Antigüa, según recuerdo, una imaginaria república caribeña.

            Moravia fue un escritor italiano, con una forzada formación autodidacta. Su precaria salud le obstaculizó tener una educación normal, y los largos ratos en cama le persuadieron a leer mucho, y a lo grande. Fue un escritor prolífico, que se dedicó también al periodismo. Tiene unos Cuentos italianos, amenos, realistas, sencillos y, me parece, de una destacada profundidad psicológica.

            Esa misma profundidad psicológica se plasma también en La Mascarada. Sin embargo, es interesante el lugar y el tema de esta novela. Como he dicho, la obra se desarrolla en el contexto de una dictadura latinoamericana, mientras que el tono lo da una tragedia política que no termina por consumarse, lo que no significa que no se sucedan tragedias personales.

La novela se desarrolla alrededor de la asistencia de diferentes personajes a una fiesta de máscaras que organiza una aristócrata local. Desde luego que, para la fiesta, algunos personajes deben elegir un disfraz. Sin embargo, es evidente que esos disfraces simbolizan las diferentes actitudes tomadas por diferentes personajes en diferentes momentos del relato.

Parece haber siempre una bipolaridad latente. Sin dejar de lado que los planes de un personaje sí son evidentemente políticos, aunque más por consecuencia que por causa, los planes de los demás personajes tienen un origen sentimental, profesional, lúdico, gubernamental, policíaco, etc. Lo cierto es que la mayoría barajan diversos cálculos altamente complejos y peligrosos, de acuerdo a sus fines esperados. Al mismo tiempo, hay que decir que esos fines son primordialmente pasionales, salvo los de un policía que actúa encubierto, cuya actuación se la debe a su profesión, en la misma medida que a su perfil psicológico.

            A Moravia no le interesa hacer un análisis de la sociedad y la política latinoamericana. La concepción de la novela se da durante los treinta. Y, de hecho, la publicación le atrajo algunas complicaciones políticas a su autor. ¿De parte de quién? ni más ni menos que del régimen fascista.

Ahora bien, entre los diferentes personajes podemos entrever diferentes tipos de clase social. Pero, si bien existen las diferencias de clase, en Moravia esa diversidad se unifica en el interés y la pasión. Por ello, por su aparente vacío ideológico, no me explico el hostigamiento fascista. Salvo que tenga que ver con que en el trasfondo de la trama se encuentra “el pueblo”. Y, este pueblo, no es idealizado sino temido, puesto que no tiene freno alguno, una vez que su fuerza es desencadena.

Pero, a mi parecer, si sospechamos que se trata de una crítica velada al régimen imperante en Italia, la antipatía mostrada por el fascismo funciona más como una especie de auto culpa, derivada de la paranoia propia de esos regímenes. La calificación última se la dejo a sus lectores.

 

Moravia, Alberto, La Mascarada, Navarra, Salvat Editores/Alianza Editorial, 1971.

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