Por Israel

Todo por servir se acaba. Y en el caso de cualquier lucha llevada a cabo por los muertos de hambre una teoría requieren al respecto para organizarse, establecer objetivos, medios a emplear y posibles aliados. Que por servir la teoría en cuestión se acabe, depende de la capacidad creada por ellos para recrearla en función de lo que busquen al luchar. Si la lucha es por acabar con el capitalismo deberán crearse una teoría que los encamine por este rumbo. Si sólo se trata de elevar su nivel o calidad de vida, la teoría es distinta.

A más de uno le puede parecer que lo más lógico es que la teoría les llegue a los muertos de hambre como algo ajeno o desde fuera de su circunstancia. Al carecer de un único camino para tomar consciencia de su situación, los muertos de hambre recurren (dado el caso) a la serie de conocimientos adquiridos por su experiencia directa, a lo que saben de otros casos similares, a lo que otros les explican de su misma condición, a lo que pueden leer o a lo que llegan a tener como referencia sin pedirla por causa varia.

Para lo anterior no obstante si no se existe una decisión inicial de los muertos de hambre por buscar alguna manera de modificar su situación, cualquier conocimiento directo o indirecto referido a ésta carecerá de impacto en ellos. Y no sólo sucede esto en lo personal por cuanto que toda comunidad de muertos de hambre puede ser sensible o no, estar atentos a lo que les sucede por estar inconformes o pueden voltearle la espalda a esto, aceptando su condición como similar a su sino al que deben ceñirse.

Existen infinidad de ejemplos al respecto. El caso aquí es considerar al capitalismo impuesto en territorios como el que llamamos México, cuya colonización que la acompaña es la historia de los habitantes en este territorio.

En ese camino si bien la exacción, la extracción, la expoliación, el saqueo, el despojo, el robo, la rapiña y otros mecanismos legalizados desde la metrópoli y, luego, al darse la independencia política, por vía de los grupos de intereses (caciques, terratenientes, comerciantes, mineros, y más) enarbolando el liberalismo, no consumaron lo que podría llamarse al capital por uno y a los obreros por otro lado, en consonancia con lo ocurrido en varias metrópolis, tampoco aniquilaron las economías de la sociedades en que se arraigaban los recién (dizque) obreros.

Por eso pudo surgir la llamada comuna de Morelos durante la revolución social iniciada en 1910, no sólo para implementar el Plan de Ayala sino porque la demanda central de: ¡la tierra es para quien la trabaja!, se hallaba en consonancia con la relación que los habitantes de esos territorios mantenían con su principal fuente para producir. Y mientras en México fue creándose el ejército de trabajadores requerido para las fábricas, éste y las generaciones que le sucedieron se forjaron otro tipo de concepción, a medida que perdían sus lazos previos.

Desligar al trabajador de sus condiciones de producción ha sido un proceso que todavía en el siglo 21 tiene demasiados asegunes, como para afirmar que la clase obrera tengan en un horizonte inmediato la lucha contra el capitalismo (aunque los capitalistas sepan lo que implica su defensa). Esto fue evidente en la llamada revolución mexicana al ir los Batallones Rojos a combatir a sus posibles aliadas (los zapatistas), pues su horizonte mental y de lucha carecía de la consciencia plena, organizada y arraigada para actuar de modo distinto.

El capitalismo que nos ha sido impuesto es la historia que le ha tocado vivir a quienes habitan y han habitado el territorio que llamamos México, en diverso grado, en distintas circunstancias y contando con herramientas más en contra que a favor, para tomar consciencia de que luchar por la humanidad es inseparable de la destrucción del capitalismo como modo de producción no sólo como existe en el país, sino el conjunto de la Tierra en la que está llevando a su extinción a toda forma de vida conocida hasta hoy en día.

Por eso las luchas de las guerrillas en México en el siglo 20 al ser nutridas en su mayoría por integrantes de la pequeña burguesía, resultó más difícil su arraigo en comunidades. Situación distinta la representaron (y representan) las guerrillas en Guerrero. En Chiapas, incluso, el levantamiento de 1994 devino una lucha de los indígenas por no ser arrasados, al estar asentados sus pueblos en lugares con recursos apetecibles para el capitalismo que nos impusieron.

En otros lugares del país sucede lo mismo sin que exista guerrilla por lo que las mismas comunidades han debido buscar maneras para organizarse y protegerse, para que no los despojen de los recursos que todavía no han sido incluidos (o no del todo, al menos) al saqueo orquestado desde las metrópolis modernas del imperialismo (los monopolios trasnacionales que dirigen el capitalismo en toda la Tierra). Donde se ubican los habitantes de territorios codiciados se ha vuelto coyuntura para ofrecer la oportunidad de decir algo.

Quienes desde esos lugares al organizarse han hablado, lo han efectuado diciendo con todas sus letras los nombres de los sicarios, caciques e intereses que mueven a estos, al buscar apropiarse recursos habidos en los territorios. En algunos casos no pasan de indicar que la codicia es bautizada por el mal gobierno de todos los niveles. Pero con sólo indicar los nombres de los codiciosos la represión virulenta ha hecho alarde prepotente. Esta dinámica que pareciera una anomalía en el esquema del capitalismo, arrastra su esencia sin embargo.

Para imponerse como modo de producción las relaciones del capitalismo se diseminan por doquier, a fin de ceñir bajo su funcionamiento al conjunto de la vida social habida en México.

Ha desaparecido lo que le estorba y sometido lo que le permite acumular valor, transferirlo, apropiárselo. Mientras una sociedad específica habitando algún territorio no le represente un estorbo, podrá incluirla de manera más o menos franca en su reproducción. Y aunque no se logre separar al trabajador de su entorno, eso a veces es intrascendente.

Siempre que la subsunción del trabajador al capitalista se haga separándolo por completo de sus condiciones de vida previas, el obrero como clase social podrá quedar bajo la tutela e incluido por entero a la explotación capitalista. Deberá ofrecerse para trabajar como única opción para mantenerse con vida (él y su familia), y dado que la reproducción capitalista absorbe cada vez menos fuerza de trabajo, de acuerdo con la composición orgánica de los capitales que van al frente de ese proceso, el obrero se vuelve paria, desechable.

Que sea cada vez menor la capacidad del capitalismo para absorber fuerza de trabajo no sólo es proporcional al capital constante empleado, sino de manera absoluta la población incluida para ser explotada es cada vez menor. Por eso existe población sobrante, desechable para el capitalismo y, dado el caso, exterminada para que no estorben de alguna manera. En territorios como el que habitamos (México) al desarrollarse el capitalismo como islotes o manchones en su geografía, la población que sobra además sí estorba.

Y estorba al capitalismo porque al mantenerse subsumida de manera formal a la reproducción de éste, la población que no fue incluida o fue incluida de modo parcial (y por lo mismo su inclusión sólo es formal) coincide con habitar territorios donde existen recursos que, para el capitalismo actual, resultan de vital importancia. Es la conjunción de esas dos circunstancias (subsunción formal al capitalismo y su ubicación territorial) lo que da la apariencia de ser dicha población el nuevo actor de las luchas contra el capitalismo.

Que esta realidad sea la realidad para esa población y por lo mismo lo que constituye su circunstancia, se recrudece cuando se mira a largo plazo cómo ha sido su llegada aquí que, sin estar por completo integrada al capitalismo, le estorba a éste en su reproducción. Es como el chiste que dice un cómico gringo, cuando se lucha por la paz es como coger a favor de la virginidad. Si la circunstancia histórica coloca a esa población en la disyuntiva indicada es porque, cuando la tuvo al iniciarse la colonización, de hecho nunca cambió.

Por lo mismo, la lucha por sus derechos aunque en la coyuntura actual del colonialismo moderno (imperialismo) topa de frente con el capitalismo, no está de suyo contra él sino contra ser exterminados, a favor de no sobrar. Por eso llegan a reivindicar que la historia del país llamado México no se escriba ni se construya sin ellos. No es el nuevo actor de la transformación revolucionario lo que aquí que se cuaja sino aquél que por su circunstancia histórica busca no ser excluido, (incluso) oponerse a ser exterminado.

Igual sucede con los parias que una vez fueron obreros y cuya descendencia no pudo ser contratada por algún capitalista. Estos también como población desechable viviendo de modo permanente en el desempleo (a veces sólo pudiendo sobrevivir con una actividadeconómica precaria, como el comercio a nivel de la calle) engrosan las filas de quienes están de más para el capitalismo. Viven a costa de los que todavía están subsumidos por el capitalismo, de los desperdicios que éste arroja. De las sobras o basura.

De poco sirve contar con tierra para sembrar cuando el valor de la cosecha es menor al valor del trabajo empleado en su siembra. Incluso para el autoconsumo, la transferencia de valor que esto representa cuando la manutención se complementa con productos comprados, es todavía más dramática porque o el ingreso para adquirir se obtiene de subsidios, préstamos o de un ingreso temporal (remesas, por ejemplo), el intercambio aunque permite acceder a valores de uso necesarios, el valor entregado a cambio de estos es mucho mayor.

Si producir la tierra para sí no es suficiente, se busca por ejemplo salir al mercado capitalista para buscar ser subsumido aunque sea de manera temporal por el capital. No importa que el dueño de éste sea enganchador, narcotraficante, jefe de plaza, agroexportador, se trata de una figura que juega un rol por vincularse con las ínsulas o manchones en que el capitalismo como tal se ha desarrollado. Y al carecer de alguna opción más como no sea también adentrarse por geografías que le permitan irse de mojado, se anuda más la tragedia.

Sólo como fuerza de trabajo que puede ser explotada por un capitalista (o por alguien que funja como tal al vincularse con las ínsulas donde el capitalismo se ha desarrollado) la población que sobra deja al menos por unos meses, unos años, tal condición. Mas no de manera definitiva. Nada que exista en el capitalismo ni en su funcionamiento le asegura que tendrá a perpetuidad la condición de ser un subsumido por éste. En la medida que no pierde el vínculo con la sociedad a que se arraiga, puede mantener viva una opción de vida.

La división del trabajo en el mundo y su expresión al interior de cada territorio, la subsunción formal y real del trabajo por el capital, así como el grado y características que tanto dicha división como la subsunción adquieran en los territorios que en conjunto llamamos México, establecen circunstancias cambiantes para la población y definen la existencia de tales o cuales clases sociales. No como divisiones inconexas o desarticuladas entre sí. En ocasiones se superponen y muestran una realidad engañosa.

Tener en claro que las circunstancias de cada uno y del carácter de clase que se tiene en la formación económica de las sociedades en que vivimos puede darnos el privilegio, por ejemplo, de hacerse chaquetas mentales como las aquí expuestas, conlleva el deber de asegurarnos no dar atole con el dedo a la gente. Máxime cuando de los muertos de hambre hablamos en sus distintas clases que los integrantes, y que al carecer de una teoría propia muchas veces recurren a parchar sus luchas con ideas equivocadas que desorientan.

Es menester que la lucha de los muertos de hambre edifique su propia teoría a partir de lo que buscan llevar a cabo. Sin importar que para unos sus circunstancias pueden darles mayor visibilidad que a otros para luchar, si de los que se trata es acabar con el capitalismo, entonces no se puede sino dar todo lo más que se pueda para aportar lo que esté en nuestras manos. Quien buscar con ideas falsas encumbrarse o con ideas que encierran verdad, ya jodió el camino de luchar por anteponer el vulgar protagonismo.

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