
Por Jorge Álvarez Méndez
En este escenario militarista y pro fascista en Europa, el gobierno de Estados Unidos se reposiciona colocando el pie en el cuello en los miembros de la Organización del Tratado del Atlántico Norte: presionando para que aumenten sus gastos de defensa e imponiéndoles la dependencia de su petróleo y gas natural (sin mucho éxito en cuanto a doblegar a Rusia).
El imperialismo también enfrenta las contradicciones en su fase de declive como potencia unipolar que fue, pero para salir avante en la más reciente crisis del capitalismo puede abrir muchos frentes simultáneos como el de Europa en su apoyo al gobierno lacayo de Ucrania, en Medio Oriente sosteniendo a Israel contra Palestina y en América Latina promoviendo “golpes blandos”, así como medidas unilaterales de fuerza (Cuba y Venezuela).
En su confrontación con el polo euroasiático cualquier alineamiento comercial en el marco de la integración con “América del norte” es un punto de apoyo para los intereses de Estados Unidos, es decir, de su gobierno en la sombra en manos de los monopolios (energéticos, tecnológicos, armamentistas, financieros, informáticos). El gobierno de México se ha visto torpedeado internamente por el poder judicial (representante de grupos oligárquicos) para rescatar márgenes soberanos en la industria energética, dados los intereses representados de las trasnacionales gringas.
No obstante, desde la firma del T-MEC por parte del gobierno mexicano se decidió jugar de alfil de E.U. para dar salida a sus exportaciones de capital y de mercancías, con el consiguiente reordenamiento una vez más como patio trasero. El proyecto de los grandes capitales asentados en nuestro país es transexenal; por eso no sólo carecen de patria y en cambio, son profundamente apátridas. La negación a generar cooperación económica con los gobiernos progresistas de América Latina es crónica en mayor o menos grado por el gigantesco peso de los planes de expansión de los capitalistas que están uncidos a los yanquis.
Se convierte en humo el tipo de declaraciones suscritas por el gobierno de México en la reciente cumbre la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), pero revela la falta de desafío real a la pauta marcada por el libre comercio exigido por E.U.:
«(…) fortalecer el desarrollo, la producción y la distribución local y regional de vacunas, medicamentos, insumos críticos y la transferencia de tecnología para complementar el apoyo efectivo a la innovación, la investigación y el desarrollo tecnológico»[1].
Si bien la diplomacia y las negociaciones a ese nivel no pasan de un plano discursivo, sí están impregnadas los límites puestos por los propios gobiernos signantes y sus compromisos económicos en el actual contexto geopolítico. Hay pasos atrás al cambiar la correlación de fuerzas por la creciente derechización del subcontinente latinoamericano (Perú, Argentina, Uruguay, entre otras naciones con proyección relevante). Muy atrás quedaron los intentos de renegociación de la deuda externa en bloque o de integración energética o de unión de los eslabones de las cadenas productivas regionales. En medio de la crisis de E.U. tampoco hay muchas posibilidades o proyectos de mayor envergadura por ensanchar la cooperación en términos efectivos, justo en momentos de mayor demanda de minerales como el litio a nivel mundial.
Pero a efectos de comparar objetivos planteados con la CELAC, el contraste con el T-MEC es enorme por tener en este una obligación de objetivos puntuales y geoestratégicos para la economía de E.U. De acuerdo con este tratado:
“Este Tratado afianza los esfuerzos de México por insertarse en las cadenas deproducción global y posicionarse como un centro exportador de vanguardiaa nivel global. El T-MEC es un elemento central de la política comercial deMéxico; es el instrumento que impulsa la profundización de la relación denuestro país con Estados Unidos y con Canadá”.[2]
Deben compararse peras con peras y no puede homologarse una declaración de CELAC con el T-MEC. Por eso, el apoyo a la digna Cuba para condenar el bloqueo económico, y hacia Venezuela para emprender negociaciones con la oposición no golpista, son elementos importantes de la política exterior. Pero en tanto diplomacia, sólo abren un margen para no sucumbir ante la hegemonía imperialista y contar con algo de oxígeno los propios capitalistas de México asociados a las trasnacionales. La letra que rige está en los acuerdos como el TLCAN o el actual y no en las palabras de reuniones como las de CELAC.
[1] “La cumbre de la Celac exigió una mayor integración regional”.https://www.pagina12.com.ar/717630-la-cumbre-de-la-celac-exigio-una-mayor-integracion-regional
[2] T-MEC, T. I; https://www.gob.mx/cms/uploads/attachment/file/708697/T.MEC_TOMO_I_CAP_TULO_1_AL_13.pdf






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