
Por Yoseline González, originalmente publicado en Labores Anthropos
Este texto, también conocido como “Las enseñanzas de Dua-Heti”, se escribió en el Antiguo Egipto, en la dinastía XII, durante el Reino Medio. En el mismo se relata cómo un padre (llamado Dua-Heti) busca convencer a su hijo (Pepy) de que estudie y se convierta en escriba (trabajador administrativo) mientras describe los males de los trabajos “manuales”.
La forma de escritura moralizadora y lúdica, le da el nombre de sátira. Se considera que posiblemente este texto tuvo una función propagandística, ya que servía para apoyar la reforma administrativa, en donde se buscaba la formación de un gran cuerpo de funcionarios escribas, que apoyarían al faraón.
No hay muchos datos sobre la organización de las escuelas del Antiguo Egipto, como las casas de la Vida de los Escribas. Sin embargo, se conservan sus textos, los cuales los alumnos copiaban y formaban parte de su aprendizaje. En este texto, se habla de las ventajas del trabajo letrado, por sobre las penurias de los oficios, como un medo para librar a los jóvenes de la “azada”, el cansancio y el calor.
Este texto es importante ya que nos muestra un panorama de cómo eran los oficios y las condiciones de los mismos en esta época. Aparecen descripciones de varios: herreros, jardineros, cazadores, pescadores y albañiles. Los fragmentos a continuación hablan de estos oficios.
“Te hablaré también del albañil, sus lomos son un castigo, aunque está en el exterior al viento, construye sin la protección de un toldo. Sus brazos están agotados por el esfuerzo también hay miseria para el carpintero… el alimento que lleva a su casa no es suficiente para sus hijos. Los dedos del fogonero están sucios. Sus ojos están inflamados por la intensidad del humo”.
“El jardinero soporta un yugo, sus hombros están combados por la vejez. Hay en su cuello una gran hinchazón, que está supurando. Él mismo trabaja hasta que muere… He visto al herrero en su trabajo, a la boca de su horno. Sus dedos son como garras de cocodrilos y apesta más que las huevas de pescado. El alfarero ya está bajo tierra, aunque aún entre los vivos. El aire que entra en su nariz sale derecho del horno. Fabrica con sus pies un peso con el que él mismo es triturado”.






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