Foto: El Viejo Topo
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Por Jorge Álvarez Méndez

Con la misma vara se ha medido la influencia filosófica del liberalismo o el marxismo: señalados de incurrir en el pecado capital del eurocentrismo. También se le aplica a la caracterización histórica del surgimiento del capitalismo en algunas partes de Europa occidental. Esa crítica incurre, desde otro pretendido extremo, en un atributo geográfico y cultural, asumidos como unilaterales para cuestionar nociones de presunta superioridad racial, ideológica, económica y política.

Llevadas hasta sus últimas consecuencias las premisas teóricas contra el eurocentrismo, sería difícil sino es que inviable poder datar y ubicar el origen histórico del capitalismo, a menos que se considere un inicio simultáneo que dificultaría explicar su imposición a nivel mundial. En torno al Mediterráneo y algunas zonas de Europa se desarrolló incipientemente el intercambio cada vez más generalizado de mercancías, y más adelante avanza a pasos agigantados el cercamiento de tierras para asentar al capital como relación social.

De ahí su irradiación explica las guerras de conquista para controlar territorios para explotar recursos naturales, hacerse de mercados; pero, sobre todo para explotar el trabajo de comunidades dominadas (cuando no destruidas). Como modo de producción, resuelve la producción de mercancías y su realización alrededor del orbe. Se amplía sometiendo y al hacerlo el mundo va quedando envuelto en sus redes. Los límites geográficos son vencidos en extensión. Los imperios coloniales europeos toman el mando con la única rivalidad inicial de Estados Unidos al desprenderse de la égida británica.

Cuando se coloca en el mismo cuadrante eurocéntrico al marxismo que al liberalismo, se opera en favor del factor geográfico-cultural como el antagonismo a destruir, pese a la crítica revolucionaria de Marx y Engels a esa dominación. Pese a también haber evidenciado en esa creación de un mundo a imagen y semejanza de la burguesía, la imposición del capital acumulado primero en Inglaterra, Francia, Alemania y los Países Bajos. Es decir, hay un capitalismo genéticamente eurocentrado. Después rompe sus barreras nacionales y continentales como condición de ampliación de la acumulación.

La explicación del todo más desarrollado (Inglaterra del siglo XIX) no es un capricho metodológico de Marx por ser alemán: se estudian las leyes de funcionamiento del capitalismo ahí en donde la lucha burguesía-proletariado es más encarnizada por haberse resuelto con mayor profundidad, y primero, la acumulación de capital. Después el imperio británico es el hogar de la manufactura, por tanto, de la masividad de la clase obrera.

En la crítica anti eurocéntrica ¿habría de reprocharse la ubicación territorial? Tal como ocurrió en las primeras insurrecciones obreras (París), del movimiento cartista (Londres) y el triunfo de la primera revolución proletaria (Moscú, Petrogrado). Sin que en lo absoluto oculte procesos revolucionarios acontecidos en los territorios coloniales, al destacar Haití como respuesta beligerante contra la esclavitud de la población africana llevada a la fuerza para insertarla en la explotación capitalista global.

Con el estallido de la primera crisis del capital plenamente mundial, se establece una bifurcación de caminos para saldarla temporalmente: por una vía democrática o por medio del totalitarismo fascista. Europa es el hogar de esas variantes históricas. Dado el nivel de desarrollo por todo el planeta del capitalismo es que la solución de la lucha de clases se convierte en la más extrema. En el mundo colonial, y la parte formalmente independizada nacionalmente, el capital se está desenvolviendo, subsumiendo real y formalmente a otras relaciones sociales previas existentes en los países dominados. En el continente se habían escenificado las dos guerras inter imperialistas (en medio, una gran guerra Patria en la Unión Soviética aplastando a las tropas hitlerianas).

La acotación hacia eurocentrismo volatiliza en una entelequia, en una abstracción desprovista de precisión sobre el desarrollo de las fuerzas productivas, del Estado y de su gravitación sobre el sistema capitalista a escala mundial. Desdibuja las abismales diferencias entre naciones de Europa, unas imperialistas aplastando bajo su industria, finanzas y comercio a otras del mismo continente.

Así lo han evidenciado tanto la anexión de Alemania socialista por Alemania imperialista en 1990, como la balcanización de Yugoslavia, así como la división de Checoslovaquia. La propia construcción de la Unión Europea se hizo posible por la sangría de riqueza hacia países como España, Portugal, Irlanda y Grecia: la posterior demolición del socialismo en Europa del Este marcó la expansión de las relaciones capitalistas en donde tenían un potente valladar.

¿A qué se refiere con exactitud la crítica al eurocentrismo? La boca del saco es muy ancha para hacer entrar a un grupo de países y regiones no sólo heterogéneo sino antagónico en su estructuración histórico-social. Implícitamente se ha referido esa postura al capitalismo en su despliegue colonialista. Entonces la cuestión es ser abiertamente antiimperialista e internacionalista en una radicalidad auténtica y no impostada como la crítica decolonial.

En diciembre, ante la incursión de Hamás en Israel, resultado de las agresiones genocidas del ente sionista contra el pueblo palestino, la jefatura de la Unión Europea (UE) reaccionó en línea total con su política militarista encubriéndola con la entrega condicionada de “ayuda humanitaria”. Ahora la condiciona a menos que deje de haber gobiernos encabezados por Hamás. Esta fuerza política obtuvo una mayoría en las elecciones legislativas de 2006. Elecciones democráticas, por si fuera poco. Mientras, partidos fascistas (neofascistas) avanzan electoralmente en Europa sin restricciones de ningún tipo e incluso llegan al europarlamento[1].

La Europa del gran capital aliado a Estados Unidos, de las altas finanzas acreedoras de pueblos enteros, del gasto militar, de la maquinaria de propaganda, es centro de irradiación del fascismo. Su apoyo a Israel y al títere gobierno ucraniano son suficiente evidencia.

[1] Entre los dos grupos parlamentarios ultraderechistas con más fuerza, reúnen ahora a 126 de 705 diputados del órgano parlamentario.https://nuso.org/articulo/extrema-derecha-2024/

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