
Por Israel
Miente nuestro presidente cuando alude su libertad de decir lo que piensa al referirse al derecho que le asiste, ese sí, para defenderse. Y miente no porque sea mentiroso, sino porque su ideología (como la de todo político burgués que se mira el ombligo en el capitalismo) lo lleva a confundir la realidad que es como es y dar su interpretación de ésta en sustitución como si fuera la propia realidad. No se puede hablar de ignorancia en este caso, sino de la ideología que todos tenemos viviendo en una sociedad dividida en clases.
Y esta diferencia que es crucial al perderla de vista termina por apendejar a más de uno. Asesinan en Chiapas a un militar al ser emboscado el grupo que iba a rescatar a una autoridad secuestrada en la frontera con Guatemala. O aparece un refrigerador con partes de una persona destazada como cualquier vaca o marrano conservado a bajas temperaturas para que no se eche a perder, también en pueblo fronterizo de Chiapas. Pero según nuestro presidente en Chiapas no pasa nada, se vive en paz.
Así es como se ha forjado pejelandia como una narrativa mañanera en la que se mezcla la mentira con ribetes cada vez más frágiles de veracidad. Como nuestro mismo presidente lo ha dicho se trata de lo que representa (él, los integrantes de su gobierno y éste), al inconformarse de lo que sus propios hijos manifiestan de disentimiento. No es que ellos sean ahora revolucionarios ejemplares, pero la verdad lo es sin importar la boca por la que se expresa.
Lo que representa el gobierno de nuestro presidente (cada vez menos) es una posibilidad, la esperanza tan esgrimida por su boca de continuo. Hacia dónde, se puede preguntar. Tan sólo a no repetir lo que representa el llamado neoliberalismo. Nunca fue hacia terminar o buscar poner las bases o cimientos para terminar con el capitalismo. A lo más, redistribución del ingreso a través de distintos instrumentos.
Y eso sí, algo que tuvo que resolver sobre la marcha, como él mismo lo dijo, no se sabía el grado profundo de la podredumbre dejada, es el lugar tenido ahora por los militares, de instrumento de represión, articulador de la contrainsurgencia seguida durante el llamado neoliberalismo (y desde antes), a ser un medio para proteger a la población y como paraestatal que le sirve al crear infraestructura. La buena voluntad (por su cristianuchería) de nuestro presidente le da carta blanca buscando limpiar la imagen histórica escurriendo sangre aún.
A estas alturas, y en todo momento, no se trata de la estúpida sensación de desilusión, propia de la pequeña burguesía que, como diría alguien, o bien busca engancharse en los negocios de la gran burguesía, para tratar de alejarse del sino que lo empuja a los muertos de hambre, o cuando está junto a estos pregona la ilusión de una lucha que los saque (también a ellos) de su situación. Pero cambiar esto de fondo es buscar acabar con el capitalismo y así como la burguesía desaparecerá como clase, sus estratos también.
El sueño dorado de la pequeña burguesía para ser justicieros de los muertos de hambre es lo que ha dado el límite de acción del gobierno de nuestro presidente. De ahí la búsqueda para que el sentido liberal tenido para sí por la burguesía no devenga la coacción que está en su ser. El ejército preparado para matar, para la guerra, ahora está orientado hacia la acción social de cuidar a la población, porque el ejército es pueblo bueno, pueblo uniformado, según nuestro presidente. Pero cuche que traga mierda, jamás la maña se le quita, dicen.
O como diría alguien, origen no es destino, y el hecho de que el ejército provenga (según) del pueblo bueno (de nuestro presidente) no niega que tengan ideología los sardos. Desde luego su ideología no es la de ningún comunista o cosa parecida, puesto que su formación es para defender a las instituciones (dizque con alto sentido patriota) y éstas son las que ha creado la burguesía para sustentar y ejercer su gobierno. Así que si los militares fueron formados para llegar a ejercer una estrategia contrainsurgente de desaparición y represión, qué cambió.
Desde luego que nada sustancial, pese a que ahora se dedican a la labor social, ésta es empleada para buscar desarticular cualquier brote de organización social donde prolifere, ya sea por mandato de quienes controlan los territorios y sus autoridades, ya sea por el llamado combate a la delincuencia (y recuérdese, una guerrilla es delincuencia vil para cualquier gobierno burgués), o porque esa sea la labor que desde siempre han realizado como institución del Estado. Sin importar el color del gobierno en turno, para eso están.
Resulta muy casual que luchadores sociales, líderes de comunidades (aunque sean pacíficos ecologistas y no guerrilleros armados) sean desaparecidos, asesinados, y que movimientos habidos en pueblos para articular luchas por defender su territorio, por preservar derechos, bienes ambientales o para resistir los embates destructivos al ser absorbidas por el capitalismo (como sucede con radios comunitarias que les facilitan cohesión y preservar tejido comunitario, ante la división creada por los partidos), haya menguado con los programas de bienestar.
Pensémoslo así según la buena voluntad de nuestro cristianucho presidente: se trata de una labor involuntaria de contrainsurgencia pintada de verde con fusil de moneda guinda. En este terreno le sale el tiro por la culata al gobierno de la 4T que hace labor de zapa en la organización social mediante los programas de bienestar. No es de que sea al propósito de hacerlo de esta manera (según), pero el resultado no puede ser otro en un contexto del capitalismo como el habido en el país, al no buscar más organización que un partido (según).
Aunque formalmente manda nuestro presidente, en los hechos al buscar limpiarle la jeta de sangre de los mexicanos a los militares, les extiende el certificado de buena conducta adquirido por arte de magia de su gobierno. Al centrar los programas del bienestar en los individuos, esto mina la organización democrática, de lucha, que sea como fuere estalló en 2018. Es lo mismo que hizo el caciquismo priísta contra la APPO en Oaxaca, de la mano del gobierno de Fox, sólo que ahora amparándose en un uso pacífico (según) de la coacción.
La compra de votos es para que dejen de estar chingando los extremistas. Este lenguaje es el que usan los políticos burgueses de aquí, allá y acullá. Dígase si no lo que se ha dicho del extremismo de Hamas, del extremismo de la APPO en su momento, ahora del extremismo de los maestros de la CNTE, del extremismo de estudiantes de normales rurales (como las protestas por los normalistas de Ayotzinapa) o cualquier otra clase del llamado extremismo a que suelen recurrir para descalificar al que sea los que usan referencias del capitalismo.
La ideología no se oculta. Y a nuestro presidente cada vez más le sale la más rancia que guarda en su corazoncito soñador por creerse lo que no. Tan justiciero que es su gobierno en los límites del reformismo conduciéndolo, que se tropieza con el alcance despertado, las exigencias de la realidad imperante y la inutilidad de las medidas que en no pocos casos da la pauta, para incentivar la recomposición de cacicazgos y negocios no legalizados controlando territorios. Lo que ocurre en Chiapas es muestra de ello, pero no sólo allí.
La coacción de nuestro presidente liberal (se define él liberal) le está ganando ora sí y al rato también la partida a sus buenas intenciones. Es como si dijera (parafraseando a un grandísimo teórico pobretólogo): la historia de mi vocación, que nadie veía y ora la ve todo mundo. Voca se pelea con ción, por lo que de su divorcio estalla la hermandad que tenía (según) al persignar al que fuera cada mañana el señor de los pobres, el redentor de sí mismo, que por dar un poco a los muertos de hambre ya se creyó la adoración temporal. Y sin llegar a la raíz.
Y es que, siendo claros, la aceptación del gobierno de nuestro presidente es porque antes, para un chingo, nadie les daba ni el saludo. Con tantito que ha derramado nuestro presidente en programas de desmovilización social (bienestar), para reforzar que el único camino de organización sea el Pri reciclado de guinda, se asegure que la transformación va, pero en caballo de Troya. En la almita de la 4T limitar una lucha a la entrega de apoyos es repetir el mismo esquema de maiceo sólo que ahora a los individuos en forma directa.
En esto tiene razón nuestro presidente que rehace el partido de la coacción liberal antes basada en el corporativismo del Pri, hoy vuelto en desmovilización de contrainsurgencia sustentada en labor social de militares y el reformismo de contención de estallido social llamado Morena. De que es pacífico, lo es, empleando la mansedumbre y enajenación de los muertos de hambre que no avizoran algo más allá, porque si no serán extremistas (de derecha o de izquierda, que para todos tiene nuestro presidente, porque los extremos se juntan).
Y como el estigma se forja, se crea, se impone por la costumbre y la coacción de su uso, ahí está el resultado de creerse lo que no. Cualquiera que diga lo contrario de nuestro presidente será tachado de extremista (tengo otros datos, dice de continuo, como forma de descalificar según para ejercer su libertad, y no por lo que representa el gobierno, sino porque le gana su ideología reaccionaria a él). Y no nos referimos a los reaccionarios que de por sí nunca han estado ni están por un cambio mínimo en el país, tan siquiera democrático.
La historia de la vocación de nuestro presidente (como la de otros que se miran el ombligo) le estalla en las manos sin darse cuenta. Es ilógico hablar de un zoquete siendo letrado. Pero la ideología no se oculta, la reaccionaria apendeja y el no tener la guardia levantada, porque el capitalismo nos hace presa de su ideología por donde y como sea, nos lleva a creernos de verdad lo que no. El fascismo por eso puede presentarse como democrático porque en el capitalismo se puede retorcer lo que sea a fin de mantener su funcionamiento.
Hablar de transformación sin que implique buscar acabar con ese modo de producción resultan palabras hueras, insulsas, vanas, por no decir mentirosas, y en todos estos tiempos interesantes (como dice nuestro presidente) con mayor razón debe buscarse ser precisos para no resbalarnos con la voz que empleamos.






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