Por Jorge Álvarez Méndez 

A las amplias jornadas de movilizaciones populares nombradas el caracazo en febrero de 1989 se les reconoce como el punto de quiebre sí del neoliberalismo en Venezuela, pero sobre todo marca el inicio del fin de la dominación oligárquica bipartidista socialcristiana-socialdemócrata (puntofijismo). Como se ha enmarcado a nivel continental, se trata también de la primera movilización de masas contra las políticas neoliberales en América Latina, así en su momento no se lo hayan planteado manifiestamente sus protagonistas.

Ese estallido social irrumpió tras asumir la presidencia Carlos Andrés Pérez y enseguida haber anunciado un terrible programa de ajuste acordado con el Fondo Monetario Internacional en medio de una durísima crisis económica y también política. La dominación estaba en riesgo.

En el fondo había una acentuada explotación y miseria que había posibilitado el auge petrolero cuyas ganancias se concentraron en un segmento de la clase capitalista aliada con Estados Unidos. El salario real se había reducido en un 40 por ciento y la pobreza había alcanzado al 80 por ciento de los venezolanos a fines de los ochenta[1]. Unido al clima de derechización mundial, la dictadura global del capital instalada violentamente, parecía incontestable en medio de la unipolaridad estadounidense.

La acumulación de capital se había sustentado en el rentismo como matriz productiva y distributiva de la plusvalía obtenida en la industria petrolera, cargada hacia esta materia prima sin ampliar a la vez otras ramas de la producción, y centrarse en cambio, en las exportaciones de esta mercancía. Si bien, la dinámica de clases es la explicación de fondo y no el comportamiento del precio de una materia prima en el mercado mundial, cuando es un elemento estratégico se torna un catalizador de las contradicciones al ser fundamental en la formación económico-social de Venezuela. Máxime si el auge petrolero estuvo atrapado en la red del consumo energético de E.U.

Así fue por la estructural dependencia respecto a E.U. no obstante tener un ligero margen de maniobra en política energética al formar parte de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP). Desde 1982 se acelera el declive en el precio internacional del barril de petróleo que se desploma en un 70 por ciento de 1980 a 1986[2]. Al adelantar el pago de indemnizaciones por la nacionalización del petróleo de 1976, y al disminuir los ingresos por vía de las exportaciones, se pasa onerosa factura a los trabajadores por medio de la disminución del gasto social.

Carlos Andrés Pérez, al breve tiempo de asumir el cargo, anuncia el mencionado programa de ajuste fondomonetarista: combinación explosiva de liberación de los precios de las mercancías de consumo generalizado con incremento en las tarifas de servicios públicos, así como el aumento de las tasas de interés. No se generó un desbocado mercado: se quitaban mínimos controles al enriquecimiento del capital invertido en el consumo popular.

Se desencadenan protestas en contra del paquetazo neoliberal iniciadas por los transportistas, seguidas inmediatamente de saqueos sobre todo en Caracas, pero se irradiaron en todo el país. La respuesta represiva fue la venganza sangrienta de la burguesía contra la insubordinación popular: se ha estimado un saldo de hasta dos mil personas desaparecidas por el accionar del ejército contra los manifestantes.

Ahora puede hacerse el balance de cómo se dio esa rebelión popular masiva sin una dirección política ni un plan organizativo perdurable más allá de esas jornadas de lucha. Pues su espontaneidad acicateó a los partidos y organizaciones de la izquierda a responder con programas ante el desbordamiento de la inconformidad social. En un ángulo menos evidente, la magnitud fuera de todo cálculo, señala como a diferencia de países con dictadura militar iba germinando una consciencia colectiva sin amarras para enfrentar las medidas draconianas del FMI. Con México el contraste muestra cómo el control oficial del corporativismo hacía impensable este tipo de lucha callejera en un alcance nacional. Se revelaría cómo esta escalada iba a continuar impidiendo la lubricación de la maquinaria bipartidista de dominación oligárquica.

La respuesta oficial a mediados de ese año fue pactar con el FMI un crédito por casi 5 mil millones de dólares… para financiar el pago de la deuda en una espiral de más sacrificio del pueblo venezolano. Demagógicamente se anunció un crecimiento económico entre 4.5 y 6 por ciento. La economía cerró en el año 89 con una caída de -13 por ciento en PIB de ese año[3]. Se añadía combustible al fuego al drenar riqueza social desde los depauperados trabajadores, campesinos y pequeños propietarios hacia el agujero negro del capital a interés apropiado por el FMI.

Aquí la parte históricamente relevante no es el culto a la espontaneidad, sino la reivindicación de la combatividad que no hallaba una organización partidaria representativa de la clase obrera y los sectores dominados. En la sombra un grupo de militares patriotas se articulaba para encabezar una solución política con respecto a la necesaria ruptura con el neoliberalismo. A las condiciones de represión generalizada, entrega de los recursos energéticos, concentración del capital, pauperismo creciente hubo una senda para forjar en primera instancia un programa nacionalista y democrático.

Durante el curso de las elecciones esa fuerza política y social se articuló exitosamente como un frente antiimperialista y patriótico. Su primer gran desafío fue convertir en organización política todo un cúmulo de experiencias muy ricas en Venezuela, desde el movimiento armado, hasta sindicatos, agrupaciones sociales y desde luego, cuadros militares de media gradación con vocación patriótica. Una línea de continuidad a contracorriente del imperio une la historia desde el caracazo hasta la actual consolidación en combate contra la guerra económica.


[1]Venezuela: breve cronología del período 1948-2002”https://www.telesurtv.net/news/venezuela-fmi-paquetazo-carlos-andres-perez-20190216-0016.html

[2] Datosmacro.com de Venezuela.

[3]  “Las recetas del FMI hunden a Venezuela en una profunda recesión económica y socialhttps://elpais.com/diario/1989/11/04/economia/626137213_850215.html. El tono crítico de la nota es sintomático de la decadencia periodística del diario español que identificaba estas políticas con la bancarrota, lo mismo que ahora es actor protagónico del ataque mediático hacia el gobierno bolivariano.

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