Por Antonio Munguía
Aunque durante el neoliberalismo fue legal la transferencia de la riqueza pública a privados, hoy persisten sus consecuencias y muchos de esos negocios. Por ello, el poner orden de la 4T no es sino el intento de organizar la explotación de recursos y riqueza natural, así como de la acumulación de capital.
A través del gobierno se generan, ejecutan y procuran las leyes que organizan, legalizan o limitan relaciones sociales, menos la más esencial: la relación social de producción, capitalista, específicamente en México. Pues tal es intocable más que en proyectos revolucionarios y socialistas que se plantean cambiar de fondo, como Cuba, Venezuela y Nicaragua, víctimas de ataques organizados por la burguesía imperialista y capitalistas que parasitan en cada nación, para justificar intervenciones militares de Estados Unidos.
La burguesía admite cierta democracia en las naciones en donde parasita históricamente. Por ello, tengamos claro que el proyecto de Nación de Andrés Manuel López Obrador no contradice sus intereses. Tampoco los gobiernos que forman parte de la segunda ola progresista en Latinoamérica: Luis Inácio Lula Da Silva en Brasil, Gustavo Petro en Colombia, Boricen Chile, Pedro Castillo en Perú y Alberto Fernández en Argentina.
Que en Latinoamérica ganen terreno proyectos políticos en donde lo popular se priorice sobre lo privado, es digno y nos exige ver los matices en cuanto a la profundidad del cambio social, para no desilusionarnos o criticar oportunistamente tales procesos. Los proyectos democráticos en el marco del capitalismo, pueden aprovecharse para plantear nuevos horizontes políticos y económicos.
La T y los proyectos latinoamericanos, que no plantean trascender el capitalismo sino el modelo neoliberal, se enfrentan a una implementación de políticas posibles dentro de su proyecto de nación. Pero que en este momento, tales tareas modestas son necesarias para algunos sectores del pueblo, potencialmente representan una posibilidad para que las clases trabajadoras y pequeños productores puedan vislumbrar que no se puede acabar con la desigualdad mientras permanezca la relación social de producción asalariada.
Los cuatro años de gobierno que lleva AMLO, nos dan señales de lo que falta por cambiar. Pero no será por medio de reformas que esto suceda, ni de la continuidad del proceso de acumulación capitalista durante el periodo que durará la Cuarta Transformación. Porque el destinar presupuesto público a los más necesitados es necesario, pero no es suficiente para acabar con las desigualdades socioeconómicas; como tampoco es suficiente para la soberanía energética y alimentaria, el poner orden en la participación de privados en sectores tan estratégicos para el desarrollo nacional.
Apoyar el proceso político actual, debe ser para profundizar la consciencia del pueblo para su verdadera independencia, como el mismo AMLO se pronunció cuando falleció el Comandante Fidel Castro: “supo conducir a su pueblo y alcanzar la auténtica, la verdadera independencia, a pesar de todas las adversidades”[1]. Mezclarse, inmiscuirse en los procesos políticos, no es perder la brújula, si se tiene claridad de la situación real y concreta de la lucha de clases en nuestro país. Podríamos decir que el reformismo pequeñoburgués que representa la 4T, es en un punto antagónico a los intereses de la revolución socialista si pensamos que ésta se organizará mágicamente por sí misma.
Saber los limites que la 4T sirve para ver las coincidencias que tenemos quienes nos pronunciamos por la causa de las mayorías trabajadoras; porque existen posiciones y decisiones políticas con las cuales estamos de acuerdo, como la no intervención y la autodeterminación de los pueblos.
Tenemos el gobierno, y más específicamente, el poder Ejecutivo y una parte del legislativo; del Judicial casi en todos los países lo detentan los sectores reaccionarios. Y es así, porque desde ahí han emprendido guerras jurídicas y judiciales contra los proyectos y dirigentes progresistas. La división de poderes dentro de la república puede hacer que el Ejecutivo se paralice de facto -como en el Perú actual- o que simplemente los cambios constitucionales no ocurran -como la reforma en materia eléctrica y próximamente la electoral-.
[1]https://www.youtube.com/watch?v=6ygk2zRsdEo&ab_channel=Andr%C3%A9sManuelL%C3%B3pezObrador






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