
Consulta la Parte I y Parte II del artículo.
Escrito por: Angeles Tepox Vivar
Programas sociales como sello distintivo de la 4T
La aplicación de diversos programas sociales es una característica fundamental del sexenio de López Obrador. Precisamente, AMLO asumió la presidencia de México bajo el lema “Primero los pobres”, expresión que proyecta la importancia que, al menos discursivamente, se le asigna a la dimensión social, en oposición a la visión empresarial de las administraciones previas.
También, se asegura, en diversos medios oficialistas y panegíricos de la 4T, que AMLO cerró su administración con un menor índice de pobreza, con más programas sociales y con un histórico aumento del salario mínimo (Vargas, 2024). Ahora bien, tras el gane de Claudia Sheinbaum, la actual administración refuerza e incluso, dentro de sus posibilidades, amplía la aplicación de programas sociales.
En otros términos, los programas sociales son un eje central en el quehacer del actual gobierno, y, a los ojos de la mayoría de las personas eso, de alguna otra manera, es interpretado como positivo, a favor de la sociedad. ¿Quién en su sano juicio cuestionaría esa batería de programas sociales? ¿Quién se opondría a mejorar la vida de las personas a través de estos programas?, solo los enemigos del pueblo.
Empero, el problema con los programas sociales es que, política e ideológicamente, ocultan la causa principal de su existencia: el capitalismo. Los programas sociales son utilizados como un medio para contener el malestar social y darle oxígeno al capital, relación social que económica y socialmente entra en crisis y compromete su existencia.
Entonces, los programas sociales, desde el punto de vista político, entran dentro de la visión de los socialdemócratas, quienes ven la posibilidad de reformar al capitalismo en lugar de acabarlo y construir el camino hacia el socialismo. Este punto es innegociable, tanto en términos políticos como en ideológicos, no se lucha para mejorar el sistema capitalista, la clase dominada se organiza para acabar con la relación social que los tiene subyugados, y eso significa acabar con la clase dominante.
Ese es un punto de quiebre importante en dos sentidos. En primer lugar, la 4T es, ideológica y políticamente, un tipo de reformismo burgués a la mexicana. Su línea política radica en la posibilidad de hacer concesiones económicas, políticas y sociales, pero sin trastocar el sistema capitalista. ¿Qué podría reclamársele al gobierno actual? Si es el pueblo quien eligió a la actual presidenta, es a final de cuenta un mandato popular, que no puede ser cuestionado y mucho menos atacado.
En segundo lugar, precisamente como parte del manejo ideológico, se traslapan y confunden categorías a conveniencia. Una cosa es hablar de clase dominante y otra muy diferente es hablar de mafias, y aquí es donde está la trampa: con el triunfo de López Obrador no se derrocó a la clase dominante, más bien la mafia en el poder es otra. Otro grupo de capitalistas, antes excluidos, ahora mandan desde Palacio Nacional, pero en ningún momento comenzó una verdadera transformación social.
En suma, el movimiento social que llevó a López Obrador a la presidencia— caso muy diferente del de Claudia Sheinbaum, quién más bien se vio favorecida por la inercia política y popularidad de AMLO— logró movilizarse en las elecciones, y se petrificó ahí. Además de los factores que de suyo complican la organización social, es precisamente esa política social centrada en programas las que contribuyen a neutralizar esa efervescencia.
Decíamos entonces que si hay un componente que articule tanto los discursos como las prácticas de esta nueva mafia en el poder, es justo la reivindicación de saldar las deudas con la sociedad mediante los programas sociales. Lo cual, en términos prácticos, implica ejecutar una serie de programas que distribuyan dádivas sociales para el control social.
Si bien el tener una pieza de pan es un asunto de vital importancia en las casas de los mexicanos, no podemos perder de vista la causa que origina el hecho de que falte ese pan. En otros términos, el problema es el capitalismo y las mejoras sociales, sin acabar con el capital, simplemente son limosnas que frenan la organización social.
Nuevamente, no olvidemos que los socialdemócratas, por su misma plataforma ideológica, no van a acabar con el capital, por el contrario, van a luchar por su continuidad. Esta necesidad de mantener vivo al capital significa, políticamente hablando, que van a decantarse por un golpe de estado, por el fascismo mismo antes de compartir, y mucho menos, ceder el poder a la clase dominada. Aquí no hay otra posibilidad, eso históricamente ya se demostró.
Política social como estrategia insurgente
En nuestro país, ubicándonos a partir de la Revolución Mexicana como un punto de referencia, vivimos bajo una guerra civil no declarada. Hay un confrontación entre diversos grupos opositores y el Estado, un Estado capitalista que a punta de fuego y sangre impone la lógica del capital como la forma de vida a la que todos nos debemos someter.
Entonces, la respuesta del Estado, más allá del partido o de la figura específica, ha decidido solucionar ese malestar social mediante la persecución y exterminio de grupos insurgentes. Es decir, México se dirime entre esas dos fuerzas opuestas que se confrontan directamente en los espacios públicos o bien en las montañas.
Ante esa situación, la respuesta de la burguesía mexicana, a través del Estado y sus diversas instituciones, se ha enfocado en privilegiar la estrategia de la represión y exterminio directo, especialmente de grupos guerrilleros en las áreas rurales, pero sigue siendo insuficiente.
¿Cuál has sido el problema de esa visión? Es decir, por qué a pesar de vivir bajo una asedio constante, siguen surgiendo en nuestro país diversas organizaciones sociales y armadas. Precisamente, Montemayor (2007) cuestiona cómo ese enfoque es parcial, en tanto que se concentra en la solución militar y policiaca, que en sus causas sociales.
Es decir, el enfoque de la burguesía mexicana consiste en adoptar como opción más efectiva, para frenar a esos grupos, la represión militar y policiaca, sin prestar atención a las circunstancias sociales que decantaron en la formación de esos grupos insurgentes. Las autoridades gubernamentales se proponen primero, pues, acorralar y reducir las condiciones de movilidad y comunicación de los núcleos armados que en entender por qué se originan (Montemayor, 2007).
Ahora bien, planteábamos que esa solución militar policiaca tiene resultados limitados, ¿Qué ha hecho entonces la burguesía mexicana para ser más eficiente? Pues la clase dominante aprende de la historia y mejora sus técnicas de lucha contra su clase antagónica. Asimila el pasado, usa nuevas y viejas formas de dominación y canalización del descontento social y con ello neutraliza diversos frentes conflictivos.
En el caso concreto de México, la dictadura burguesa necesariamente ha tenido que recurrir y apuntalar su carácter popular para poder imponerse. En otros términos, además de su guerra sistemática, mediante cuerpos militares, policiacos y sicarios, en contra de los grupos que se resisten a la imposición del capital, alimenta el carácter popular del Estado para fortalecer y dominar.
Es decir, la clase dominante no puede ejercer como tal sin legitimidad social, y eso le ha significado hacer un conjunto de concesiones económicas, políticas y sociales que no comprometan su superioridad. Necesita mediatizar esas demandas populares, es parte de nuestra historia, la clase dominante está atada a las masas populares, pero deben tenerlas bajo control, en esos mecanismos de control es donde se sitúan los programas sociales.
Carácter contrainsurgente de los programas sociales
Montemayor (2007) señala que, además de la solución militar-policiaca, es necesario “reconocer la dinámica social como uno de los componentes de los movimientos (armados rurales) obliga, en principio, a programas gubernamentales de desarrollo que solucionen o atenúen carencias sociales de la zona”.
Esta premisa es central desde punto de vista del control social: es necesario aplicar programas sociales para evitar—hasta cierto grado, porque no es una solución infalible— o al menos degradar las condiciones sociales que contribuyen a la creación de movimientos sociales o armados; así como para doblegar y aislar a grupos concretos.
Simultáneamente, la experiencia de los últimos 20 años de los llamados gobiernos progresistas en América Latina— es decir, ya en términos de lo que la historia nos ha demostrado— ha sido la de frenar la organización social mediante la implementación de programas sociales. Diversos programas enfocados en el combate a la pobreza han sido utilizados como mecanismos de control del descontento en países como Brasil, Chile, Argentina, Ecuador, entre otros.
A ese respecto, Zibechi (2011) plantea cuatro problemas fundamentales que se derivan de la implementación de los programas sociales: i. Instalan la pobreza como problema y sacan a la riqueza del campo visual; ii. Eluden los cambios estructurales, congelan la desigualdad y consolidan el poder de las elites; iii. Bloquean el conflicto para facilitar la acumulación de capital y iv. Disuelven la autoorganización de los de abajo.
- Instalan la pobreza como problema y sacan a la riqueza del campo visual
Se enfoca a los pobres como el gran problema, eludiendo que el quid del asunto es la acumulación de capital. México es de hecho un muy mal ejemplo, hay una cantidad infame y pletórica de estudios sobre la pobreza. Masas de académicos compiten para saber quién es el mejor pobretólogo, pero poco o nada se habla sobre los ricos.
Entonces, desde esta perspectiva, la naturaleza del problema se tergiversa: como sociedad debemos limitarnos a que desaparezcan los pobres, o en el mejor de los casos, a que sean menos pobres. A los capitalistas no tenemos por qué cuestionarlos, la voraz acumulación de capital ni siquiera es mentada. Nuevamente: este es un enfoque completamente socialdemócrata y limitado; y, por lo tanto, ofrece soluciones dentro del mismo capitalismo, sin destruirlo.
- Eluden los cambios estructurales, congelan la desigualdad y consolidan el poder de las elites
En lugar de diseñar e implementar una política que prescinda de las compensaciones, ampliando y garantizando verdadero programas de desarrollo, los gobiernos optan por una política cimentado en pequeñas transferencias. Es decir, es pura y llana demagogia eso del desarrollo social, no se puede hablar de verdaderas mejoras sociales, no al menos en el capitalismo. Es un contrasentido, porque el capitalismo se desarrolla destruyendo a la gente y a la naturaleza.
Entonces, si la clase dominante no está interesada en desarrollar políticas sociales de fondo ¿para qué sirven las transferencias? Pues son un método de control que permite consolidar una base social que respalde ese sistema económico y político. Esas transferencias, esas becas de bienestar en el caso de México, afianzan todo un aparato corporativo que se moviliza a las señales del Estado.
En términos muy pragmáticos, si las mujeres, los ancianos y los jóvenes reciben una beca, evidentemente se van a movilizar para conservar ese ingreso, mucho más en la situación apremiante en la que se encuentran. Es decir, no van a cuestionarse por qué les falta dinero o por qué razón viven en la zozobra, van a pensar cómo mantener esos ingresos, que, aunque limosnas, por su situación material no pueden darse el lujo de perderlas. En suma: van a moverse políticamente hablando al ritmo que les indique el Estado.
- Bloquean el conflicto para facilitar la acumulación de capital
La arquitectura de la políticas sociales mandan un claro mensaje: se pueden satisfacer las demandas sociales sin necesidad de organización ni de confrontación. Este es el punto clave, al menos en el caso de México, el movimiento social, que tiene años de gestación y evolución, terminó por aglutinarse en torno a la figura de López Obrador y ahí quedó neutralizado. Se llegó a la falaz conclusión que con AMLO se materializó la voluntad popular. Si ya somos gobierno ¿por qué tendríamos que cuestionar a la 4T?; sin embargo, el problema es muy otro.
Si bien era importante movilizarnos dentro de la arena electoral, eso solo es una parte de lo que significa atacar al capital. La lucha es muy otra, dijeran los zapatistas: el problema central es la acumulación de capital. La lógica de la ganancia, y en últimas la apropiación de la plusvalía es el foco contra el que se debe de dirigir la clase dominada, ese punto es innegociable.
- Disuelven la autoorganización de los de abajo
Los programas sociales desarticulan la organización social en tanto que pretenden destruir su autonomía. Tanto la autoorganización como la autonomía son dos características que impiden, si además se complementa con un proyecto político e ideológico anticapitalista, la institucionalización o absorción por parte del Estado.
Nuevamente, si la voluntad popular logro ganar las elecciones, ¿qué sentido tiene seguirse organizando? Ese es precisamente el mensaje que manda la 4T. Se logró el objetivo que fue, llevar a AMLO a la presidencia, y también consolida el llamado segundo piso de la 4T con Sheinbaum. Cualquier tipo de organización fuera de la 4T no solo es un contrasentido, es un enemigo de los interés del pueblo.
Ese es el mensaje que nos envía la 4T, y a final de cuentas, eso es fascismo. Por eso nuestro mensaje es tan reiterativo, la socialdemocracia decanta en fascismo. La organización social no puede ni tiene porque estar bajo el monopolio político de la 4T. Entonces, debemos de oponernos a esa institucionalización, las elecciones nunca han sido el objetivo central, nuestra lucha es contra el capital.
Evidentemente no se puede estar en contra de mejorar la situación material de las personas, una pieza de pan más marca la diferencia en las familias; sin embargo, esa necesidad no debe ser usada para desactivar la organización social, no lo podemos permitir. Precisamente, el reclamo a muchos gobiernos progresistas en América Latina es que le dieron el tiro de gracia a la organización social a punta de transferencias y dadivas, y terminaron por garantizar la sobrevivencia del capital.
A final de cuentas, la 4T— junto con esas experiencias progresistas, pero para el capitalismo— retrasa y dificulta la organización social para lograr el verdadero avance de la clase dominada. La repartición de dadivas sociales a diestra y siniestra entorpece la organización para insubordinarse y acabar con el capital.
Programas sociales en México en la era de la 4T
Desde una perspectiva meramente pragmática, la burguesía mexicana ha aprendido bastante bien las lecciones de historia. Observó que la vía de la imposición ya no surtiría el efecto de control social deseado. Es decir, los mexicanos ya no iban a tolerar otro fraude al estilo de Felipe Calderón o Peña Nieto; entonces, que mejor salida que dejar ganar a López Obrador.
López Obrador, y a diferencia de su sucesora la presidenta con a, llegó a las elecciones con amplio respaldo popular y sobre todo con una base social dispuesta a lanzarse a las calles para defender el voto. Ese respaldo popular, para la burguesía mexicana, es una arma de doble filo: tanto les puede perjudicar, si AMLO se radicalizaba por la presión popular, o bien la puede aprovechar para legitimar su dominio. Se decantó por la segunda opción, evidentemente.
La burguesía mexicana terminó por capitalizar ese respaldo popular para sus intereses. Fiel a su carácter socialdemócrata, ya en el gobierno, AMLO y su gabinete comenzó a gestar toda una batería de programas sociales y medidas institucionales para atender esas demandas y necesidades dentro de los canales de la democracia burguesa; y satanizando, por intención u omisión, a la organización fuera de los cánones de la 4T.
Antes que el movimiento social se siguiera de largo, antes de que el programa político se ampliara y profundizara más allá de las elecciones, los socialdemócratas pararon la efervescencia política precisamente con programas sociales. Nada más efectivo para el control, que repartir dinero a diestra y siniestra para desactivar el malestar social.
Así, durante el sexenio de López Obrador se implementaron 16 programas sociales, entre ellos la Pensión para el Bienestar de las Personas Adultas Mayores, Sembrando Vida, Jóvenes Construyendo el Futuro, Universidades para el Bienestar Benito Juárez García, entre otros (Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social, 2024). Ahora, con la actual administración, se suman tres programas más: pensión Mujeres Bienestar, Salud Casa por Casa y Beca Universal para Educación Básica Rita Cetina Gutiérrez (Gobierno de México, 2024).
Algunos académicos señalan que estos programas sociales, aplicados durante el sexenio de AMLO, ni siquiera, en el plano técnico, han logrado impactar a los segmentos más pobres de la población mexicana. Es decir, los programas sociales de AMLO más bien terminaron por aumentar el número de familias ricas beneficiadas y disminuir los hogares pobres favorecidos (Badillo, 2023).
Tomando en consideración que la población susceptible de recibir esos recursos creció, la cobertura de los programas de la 4T no logra equiparar los niveles que tenía, por ejemplo, PROSPERA durante el sexenio de Peña Nieto (Badillo, 2023). Por supuesto, eso no quiere decir que con el PRIAN estuviéramos mejor, simplemente que los programas sociales no resuelven el problema de raíz que origina la pobreza y su alcance, incluso a nivel técnico, es limitado.
Entonces, si técnicamente la cobertura es limitada, ¿cuál es la finalidad de los programas sociales? Pragmáticamente hablando, encausar los problemas sociales dentro de la institucionalidad burguesa. No hay razón para protestar, si llega cada mes una transferencia gubernamental.
A la par, forma una base social que se moviliza dentro de los límites de la democracia burguesa y legitima al gobierno actual. Es decir, los mexicanos tienen una percepción muy retorcida de su participación política que confluye, casi que naturalmente, con el corporativismo priista.
El común de la gente, despolitizada y enajenada en su mayoría, No va a oponer resistencia a quién les da dinero contante y sonante cada mes. Y por supuesto, cualquier tipo de iniciativa que atente contra sus propios intereses como clase dominada, van a estar dispuestos a aceptar, e incluso movilizarse para su materialización, con tal de mantener esas transferencias.
Es a final de cuentas el mismo condicionamiento político e ideológico, que al menos en México, ya conocemos históricamente hablando. En otros términos, el corporativismo del viejo PRI mutó y se vistió con ropajes más aceptables para la población, pero la esencia es la misma.
Epilogo
Si bien el análisis del ascenso del fascismo en México se expuso en tres entregas, esto no significa que los tres aspectos abordados se presenten de manera aislada, y mucho menos que el fascismo solo se componga de esos tres planteamientos enunciados. El proyecto policiaco, los programas sociales y la organización de una economía fascista son parte del mismo proceso: el desarrollo del capitalismo en México.
En términos políticos, el problema al que nos enfrentamos como clase dominada es que el triunfo de López Obrador y el gane de Claudia Sheinbaum están creando un caldo de cultivo para que los fascistas controlen nuestro país. La organización social se enfrenta a poderosas fuerzas que lo quieren controlar y mediatizar para mantener la acumulación de capital, ahora en su versión más violenta y legítima.
Institucionalmente se habla de máximos históricos de la inversión extranjera directa (Becerra, 2025), pero a la vez se plantea que México evitó una recesión técnica[1] (Flores, 2025). Ese escenario contradictorio solo indica una cosa: México se encuentra en una crisis económica, técnicamente se recurre al cucharear las cifras, pero en los hechos la economía mexicana no está creciendo.
Que la economía mexicana no crezca, aunado a las tensiones globales derivadas de la competencia imperialista entre potencias, solo nos indica que vamos en caída libre en términos económicos. Ese escenario, a nivel social, implica que, si de suyo no lográbamos resolver nuestras necesidades más inmediatas, ahora menos.
Así, el golpe en el bolsillo es más fuerte que cualquier discurso, el hecho de no tener lo suficiente para comer genera descontento sí o sí. Una parte de ese malestar social se va a diluir con los cañonazos de dinero que el gobierno de la 4T de en limosna social, pero no será suficiente para contener esas fuerzas sociales.
Como la crisis económica es innegable y la limosna social no da para frenar totalmente el descontento social, la salida más eficiente es mantener el capital a punta de sangre y muerte. Parafraseando a Rosa Luxemburgo (1916): “la política burguesa está en un callejón sin salida, atrapada en su propio cepo”, no hay otra posible salida, dentro del mismo capital, que el fascismo. Y nuevamente, aquí no hay punto medio, ni tampoco aspectos que se puedan negociar: es socialismo o barbarie.
Ahora bien, la reciente ejecución pública de dos funcionarios y colaboradores cercanos de Clara Brugada, jefa de gobierno de la Ciudad de México, establece una clara línea política: sembrar el terror en la población. Sin entrar en detalle sobre aspectos específicos de la ejecución, definitivamente el ganador es el miedo. Y la gente, en un escenario de crisis económica y terror es capaz de todo, incluso ir en contra de sí misma.
Las primeras pesquisas arrojan la posible participación del narcotráfico en la ejecución pública, como una amenaza o represalia derivada del combate al narcotráfico. En términos políticos esta ejecución pública es entendida, a final de cuentas, como un ataque al proyecto de nación impulsada por la 4T y amplifica la percepción de ingobernabilidad de la Ciudad de México. Este escenario de ingobernabilidad es precisamente la premisa central que legitima la judicialización de la vida pública de México.
Asumiendo que efectivamente fue un cártel el responsable material del asesinato, y teniendo presente —como se planteó en la entrega previa— que el Narco y Estado son lo mismo[2]. Entonces, la ejecución tiene su parte material, la cual probablemente estuvo a manos del narco, pero faltan sus autores intelectuales. Su diseño y sobre todo su carácter político-policiaco tiene, sin lugar a duda, la marca indeleble del Estado burgués.
La precisión de la ejecución indica que el trabajo no fue realizado por inexpertos, fueron tiradores que no fallaron en ningún aspecto. El asesinato fue perpetrado a los ojos de todos, por eso es una ejecución pública, sustentado en un impecable trabajo de inteligencia: tuvieron hora y momento exacto para efectuarlo. Esto no lo logra el Narco solo, tuvieron apoyo y respaldo del Estado para realizarlo.
Esta ejecución, por tanto, no es un mensaje del Narco para las autoridades de la 4T, ni mucho menos una amenaza a Brugada. Este guion ya lo conocemos, es el Estado, en últimas es la derecha quien está mandando un claro mensaje a la población: necesitamos a la policía para restablecer el orden, para acabar con esa ingobernabilidad y terror, para seguir construyendo el segundo piso de la 4T.
Por supuesto que es lamentable el asesinato de estas personas, pero no perdamos de vista el carácter verdaderamente maquiavélico de la 4T: al estilo de García Luna, montan una escenificación, en la cual sacrifican a colaboradores cercanos para sembrar el terror. Con toda la mímica ya conocida en el caso Cassez, tanto cómo se dio a conocer la noticia y el manejo mediático desde entonces, han resultado en una mayor proyección de García Harfuch.
Si realmente quieren dar con los responsables, deberían de voltear a ver precisamente a la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana; ellos son los que tienen la capacidad para desarrollar una operación de esta índole, en la que se usa inteligencia policiaca tipo CISEN, definitivamente esa no fue diseñada por el Narco. Además, sin lugar a duda, el personaje que obtiene más beneficios políticos de estos asesinatos es precisamente su titular.
Entonces, la amenaza no es para los funcionarios ni para la 4T, es para la organización social. La derecha nos está señalando que necesitamos mano dura contra el narcotráfico y contra los opositores a la 4T. Es decir, para acabar con ese terror, no hay otra que la imposición del orden por medio de la violencia policiaca.
Finalmente, este golpe mediático será uno de entre muchos; estos casos, entre otros más, están construyendo el camino al fascismo y garantizando su legitimidad. Con ese terror, con esa manipulación, con la exacerbación de la histeria colectiva y la crisis económica en apogeo, se establecen las condiciones para imponer medidas políticas, económicas y sociales, que en otras circunstancias serían rechazadas tajantemente por la sociedad.
Referencias bibliográficas
Badillo, D. (12 de diciembre de 2023). Programas sociales de AMLO aumentan número de familias ricas beneficiadas y disminuye los hogares pobres favorecidos: analistas. Obtenido de El Financiero web site: https://www.eleconomista.com.mx/politica/Programas-sociales-de-AMLO-aumentan-numero-de-familias-ricas-beneficiadas-y-disminuye-los-hogares-pobres-favorecidos-senalan-analistas-20230210-0063.html
Becerra, J. (22 de mayo de 2025). Inversión extranjera directa logró nivel histórico de 21 mil 400 mdd: Ebrard. La Jornada. Obtenido de https://www.jornada.com.mx/noticia/2025/05/22/economia/inversion-extranjera-directa-logro-historico-de-21-mil-400-mdd-ebrard
Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social. (2024). Informe de monitoreo de programas prioritarios 2023. Obtenido de CONEVAL wen site: https://www.coneval.org.mx/InformesPublicaciones/Documents/Informe_Programas_Prioritarios_2023.pdf
Flores, Z. (22 de mayo de 2025). México evita una recesión técnica en primer trimestre en medio de incertidumbre por Trump. Blomeberg Línea. Obtenido de https://www.bloomberglinea.com/latinoamerica/mexico/mexico-evita-la-recesion-tecnica-en-primer-trimestre-en-medio-de-incertidumbre-por-trump/
Gobierno de México. (7 de otubre de 2024). Nuevos Programas para el Bienestar afianzan el segundo piso de la Cuarta Transformación. Obtenido de Programas para el bienestar web site oficial: https://programasparaelbienestar.gob.mx/estos-son-los-3-nuevos-programas-para-el-bienestar-de-la-presidenta-sheinbaum/
Luxemburgo, R. (1916). La crisis de la socialdemocracia. Fundación Federico Engels.
Montemayor, C. (2007). La guerrilla recurrente. D.F: Debate.
Vargas, A. (27 de septiembre de 2024). Programas sociales y mejoras laborales, los avances del gobierno de AMLO. Obtenido de IMER web noticias: https://noticias.imer.mx/blog/programas-sociales-y-mejoras-laborales-los-avances-del-gobierno-de-amlo/
Zibechi, R. (2011). Política y miseria: una propuesta de debate sobre la relación entre el modelo extractivo, los planes sociales y los gobiernos progresistas . Obtenido de lavaca.org: https://lavaca.org/wp-content/uploads/2021/06/raulzibechi-politicaymiseria.pdf
[1] La recesión técnica se presenta cuando dos trimestres no se registran tasas de crecimiento positivas, o sea la caída continúa del Producto Interno Bruto en dos trimestres.
[2] El ascenso del fascismo en México (II). Proyecto policiaco de la 4T: legitimar la violencia y el control social






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