Pero, dejando de lado el imposible ejercicio de dotar de racionalidad a lo irracional, llegará usted a la conclusión de que es preciso destruir ese engendro que no, no es diabólico.  Desgraciadamente es humano.

–SupGaleano en La travesía por la vida: ¿A QUÉ VAMOS?

Escrito por: Isamar Monterrosas Méndez

Cuando en el taller de afro-feminismos, impartido por la Mtra. Joselim Hernández Jandeth (Junio, 2026), dialogamos sobre la esperanza, vinieron a mi mente las palabras de Freire: la esperanza es una necesidad ontológica, al serlo, necesita de la práctica; y la práctica de la esperanza no debe ser ingenua, por el contrario, la esperanza debe provenir del conocimiento de la materia que nos condiciona y determina nuestra práctica esperanzadora.

El cuidado de nosotras, nosotros y de nuestroas compañeroas, la memoria, la lucha en defensa de nuestros espacios, el diálogo amable, pero crítico, el ocio, el trabajo colectivo y el compartir nuestros conocimientos; son herramientas y acciones de la esperanza, una esperanza que no caiga en la desilusión y, por consecuencia, en el abandono y el olvido. Por el contrario, éstas herramientas nos llevan a una esperanza que crea y fortalece los vínculos con les demás; o como retoman las zapatistas: las otroas, las otras y los otros.

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En su texto Sobre el tema: La Tormenta y el Día Después. Undécima Parte: ¿Otroas en el día después? (Noviembre, 2024) a través de una escritura jocosa y desenvuelta, el capitán explica el término a petición de las que llegaron haciendo bullicio y reclamando su exclusión en la lucha de géneros, las otroas:

“El zapatismo es muy otro, como de por sí… Cuando, en los primeros tiempos de nuestra aparición pública, contemplamos con sorpresa que el mundo era más grande de lo que imaginábamos, y que contenía en su ser muchos mundos.  Detectamos que sintonizábamos con otras personas que, al igual que nosotras, eran despreciadas, humilladas, perseguidas, violentadas, encarceladas, desaparecidas y asesinadas, por razón de ser quienes eran.  Además de las mujeres en general, encontramos sintonía con las diferencias.  En ese entonces, empezamos a dirigirnos también a homosexuales y lesbianas.  Pero luego resultó que había más diferencias: transgénero, transexual, trasvesti, intersexual, bisexual, queer, asexual, bi, poli, etcétera.  Entonces a quienes queríamos dirigirnos eran más de lo que creíamos.  El mundo no sólo estaba poblado de esas diferencias “minoritarias”, también eran atacadas por el sistema.  Y el problema no es el uso de los baños, sino la violencia que padecen.  Como si el afán hegemónico pretendiera homogeneizar a toda la humanidad, convirtiendo la diferencia en un delito y persiguiéndola para extinguirla.  El asunto es que, como pueblos zapatistas que somos, nos dimos cuenta de que siempre habría diferencias y que cada quien las nombraba como se le daba la gana.  Como las diferencias son más que nuestro limitado conocimiento, decidimos usar el término “otroa” no para designar una identidad, sino para enfatizar las diferencias (y nuestra ignorancia para nombrarlas).  Es nuestra forma de decir “etcétera”, pero no para excluir o minimizar, sino para estar siempre abiertos a la presencia de nuevas diferencias que, como es lógico, pueden no ser tan nuevas. En resumen: “otroas” nombra a todas las diferencias existentes y a las que van a existir, o que ya existen y no son nombradas”.

Pero en el día después, a loas otroas no les interesa escuchar del todo su respuesta, toman por asalto las bicicletas que recargarían acumuladores de energía para tocar unas cumbias y se disponen a pedalear sin más. El capitán tampoco se desanima por ser ignorado, se percata de que contando con la energía proporcionada por las otroas tendrían suficiente para tocar 2 o 3 tandas más de cumbias.

En ésta narración, que nace de reflexiones sobre el futuro, no tiene sentido continuar con las lógicas binarias de occidente: su lógica capitalista hetero-cis-patriarcal y racista. Entonces ¿en el presente tiene algún sentido?

No tiene cabida perpetuar las diferencias de género impuestas por este sistema, ni seguir con la política closet-redada-cárcel-ataúd[1] que ha regido la vida de todas las disidencias, porque la diferencia en el afán homogeneizante de occidente siempre ha sido motivo para la persecución y el exterminio.

Con este texto, el capitán busca desmontar las absurdas lógicas occidentales que rigen la manera en la que trabajamos y nos organizamos en nuestros contextos. Mediante una reflexión constante sobre cómo nos relacionamos con nuestros compañeros y a quiénes consideramos al momento de organizarnos para trabajar, ociar o descansar, consigue terminar con la ceguera que la visión de mundo occidental impone, esa mirada que nos despoja de otras maneras de sentir la vida y, nos coacciona a la discriminación, la violencia y la marginalización como única forma de vida y socialización.

Además, la narración nos muestra la multiplicidad de identidades que trabajan en las comunidades zapatistas para su bienestar y, el diálogo del capitán, nos da cuenta de la necesidad del zapatismo de la multiplicidad de identidades, pues sólo la diversidad puede crear un mundo donde quepan muchos mundos.

Siguiendo con la narración, es así como las otroas acompañan a las zapatistas en el día después de la tormenta, trabajando en conjunto para alcanzar la energía suficiente para unas tandas más de cumbias, bailando hasta que la bocina se descargue, brindando la rebeldía necesaria para sostener la vida y el disfrute común de la misma, lejos del cadáver de la civilización occidental, sin su mirada que todo lo devora.

En esta breve narración, las zapatistas nos muestran maneras de relacionarnos y organizarnos fuera de los binomios de género, en donde el núcleo de sus relaciones es el trabajo colectivo para el cuidado y disfrute común de la vida, sintiéndola sin necesidad de observarla, clasificarla y jerarquizarla.

Las comunidades zapatistas no sólo plantean sus principios en ésta narración, sus postulados están presentes en otros de sus cuentos, en su poesía, puestas en escena de sus obras teatrales, comunicados, en coloquios, semilleros, en el trabajo colectivo y en muchas otras actividades más que realizan.

Porque “el movimiento zapatista se escapa de la razón neoliberal individual, para pensar en una pluralidad de existencias donde lo colectivo está en el centro. Es así, la razón del género cis binario no tiene cabida porque fractura los procesos de resistencia” (Drullard, 18). Por esto, cuando las zapatistas abordan el género las otroas aparecen para dar cuenta de la multiplicidad existente dentro y fuera de las comunidades zapatistas, “no dejan a las otroas afuera y más bien reconocen la diferencia que da cuenta que lo demás también lo es” (Drullard, 18-19).

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La esperanza que fortalece los vínculos entre nosotras, nosotros y nosotroas, es necesariamente antipatriarcal y anticolonial. La esperanza que trabaja por la defensa de nuestras vidas nunca podría aliarse con las lógicas occidentales, lógicas que nos han dejado fuera y buscan nuestra desaparición, que nos despojan, nos ocupan, nos esclavizan y nos asesinan a nosotros y a nuestros conocimientos.

La esperanza debe escapar de la bio-lógica inherente a occidente[2], huir de los binomios occidentales, de las formas occidentales de mirarnos, del odio a lo múltiple, de sus jerarquías absurdas, de sus normas y de su concepto de humanidad. La esperanza debe trabajar por la destrucción de la humanidad y la protección de la vida, porque el concepto de humanidad permite los genocidios, la esclavitud, el racismo, el capacitismo y el sexismo.

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La humanidad nacida de las vísceras del pensamiento occidental es colonial y patriarcal, lo comprobamos al mirar el genocidio en Palestina, el Congo y Sudán. Cómo dirigirnos a una humanidad en donde los discursos del falso e ilegítimo estado de israel, que insisten en deshumanizar a los árabes y a los palestinos, son aplaudidos. Una humanidad que presenta el apartheid israelí como la vanguardia de la cultura contra los bárbaros y, al ejército de ocupación, como el más moral del mundo.

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El sionismo es otro hijo burgués y colonialista de occidente, como lo expone Rodolfo Walsh en La revolución palestina, es un fruto tardío del capitalismo, porque “aquellos judíos europeos perseguidos que descubrieron en el capitalismo la verdadera causa de sus males, se integraron en los movimientos revolucionarios de sus países reales.

El sionismo evidentemente no lo hizo y se configuró como ideología de la pequeña burguesía (judía)” (Walsh, 5). En el sionismo vemos el sometimiento y el exterminio del pueblo palestino como medio para instaurar la identidad sionista. Dentro del ente sionista, la ciudadanía se establece negando “la identidad del sujeto colonizado, a saber, los palestinos nativos” (Eid, 19).

Podemos corroborar esta información revisando la ley del estado nación del 2018 del ente, “por ello, israel NO es el estado de sus ciudadanos, sino el de «el pueblo judío» la mayoría de los cuales no tienen ninguna relación con esta institución por mero derecho de nacimiento. Todos los judíos, hayan nacido donde hayan nacido, gozan de plenos derechos en israel” (Eid, 34), mismos que son negados a los palestinos.

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Cómo aceptar una humanidad que aplaudió el genocidio que cometió Leopoldo II de Bélgica en el Congo. Humanidad que robó, esclavizó y asesinó a los congoleños. La misma que hoy mira indiferente al congolés abusado sexualmente, mutilado, despojado, asesinado. La misma humanidad que promueve proyectos ecocidas en México, como en el caso de Topolobampo, Sinaloa, con la planta de amoniaco alemana. En la ciudad de Puebla con la construcción del Cablebús, en San José Chiapa con la construcción del “polo de economía circular”, en el que participarán empresas como Cemex

“señalada por su complicidad en el proceso de ocupación sionista del territorio palestino, debido a su presencia, al menos desde 2005, en la comercialización de concreto y hormigón para la construcción de asentamientos y puntos de control en Cisjordania, así como en la edificación del muro ilegal de apartheid” (CEMEX: de la ocupación de Palestina al Polo de Economía Circular en Chiapa. Periódico Revueltas, 8 de julio 2026).

Como menciona SupGaleano en La travesía por la vida: ¿A QUÉ VAMOS? (Junio, 2021): “la “civilización” es sólo una coartada endeble para una destrucción brutal.  El veneno sigue brotando (…) y el sistema entero parece estar dispuesto a intoxicar hasta el último rincón del planeta, porque son más rentables la destrucción y la muerte que detener la máquina”.

Nombrarnos humanos y humanas, es lo mismo que decirnos hetero-patriarcales, racistas, colonialistas, capacitistas y genocidas, porque el concepto está manchado de sangre, marcado por las cadenas. Aceptar el concepto de lo humano creado desde la visión de mundo de occidente es negarnos.

Por tanto, decirnos parte de la humanidad y de la civilización es abandonar toda esperanza de relacionarnos a través del cuidado y disfrute de la vida. No, nosotras, nosotros, nosotroas no pertenecimos, pertenecemos, ni perteneceremos a la humanidad. La esperanza debe trabajar sin el concepto de lo humano, incluso, debe trabajar en contra de éste, porque éste concepto sólo ha servido para discriminar a las personas por su etnia, geografía, apariencia física y sexo.

Como plantea Mikaelah Drullard en El feminismo ya fue (2023): “Me declaro antihumana, antihumanista, antiblanca, antioccidental, por lo tanto antifeminista (…) es urgente luchar contra todo lo humano, renegar del humanismo, de sus declaraciones universales, de sus pactos y protocolos y de la intermediación del Estado-nación en todas las dimensiones de nuestras vidas” (Drullard, 35).

 

 

Referencias

“CEMEX: de la ocupación de Palestina al Polo de Economía Circular en Chiapa.” Periódico Revueltas, 8 julio 2026, http://periodicorevueltas.com/2026/07/08/cemex-de-la-ocupacion-de-palestina-al-polo-de-economia-circular-en-chiapa/#_ftn2.

Drullard, Mikaelah. Cimarronaje de Género. OnA Ediciones, 2025.

Drullard, Mikaelah. El feminismo ya fue. OnA Ediciones, 2023.

Eid, Hadar. Descolonizando la Mente Palestina. Verso, 2024.

Oyewumí, Oyeronké. La Invención de las mujeres. En la frontera, 2017.

“Sobre el tema: La Tormenta y el Día Después. Postfacio. Segunda Parte. ¿Cambio con continuidad? ¿De nuevo lo mismo?” Enlace Zapatista, octubre 2024, http://enlacezapatista.ezln.org.mx/2024/10/12/sobre-el-tema-la-tormenta-y-el-dia-despues-postfacio-segunda-parte-cambio-con-continuidad-de-nuevo-lo-mismo/.

“Sobre el tema: La Tormenta y el Día Después. Undécima Parte: ¿Otroas en el día después?” Enlace Zapatista, noviembre 2024, http://enlacezapatista.ezln.org.mx/2024/11/30/sobre-el-tema-la-tormenta-y-el-dia-despues-undecima-parte-otroas-en-el-dia-despues/.

SupGaleano. “La travesía por la vida: ¿A QUÉ VAMOS?” Enlace Zapatista, junio 2021, http://enlacezapatista.ezln.org.mx/2021/06/27/la-travesia-por-la-vida-a-que-vamos/.

Walsh, Rodolfo. La revolución Palestina. 1974.

[1] Sobre el tema: La Tormenta y el Día Después. Postfacio. Segunda Parte. ¿Cambio con continuidad? ¿De nuevo lo mismo? Octubre, 2024.

[2]  Oyewumí, Oyeronké. La Invención de las mujeres. En la frontera, 2017.

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