
Por Jorge Álvarez Méndez
Durante la coyuntura previa a la abierta explosión de la crisis y en el momento menos crudo de la pandemia (finales de 2021), se formulaban planteamientos para prolongarle la vida al sistema con términos como el capitalismo de partes interesadas (Foro de Davos) junto con la intentona del gran reinicio.
Los centros de pensamiento dominante, ideología y teoría siempre han mantenido claridad meridiana para impedir asaltos al cielo mediante el reciclaje de la protesta, la inconformidad y el combate abierto a la organización de los trabajadores. Se finca en la práctica la importancia de estos programas más que en lo conceptual, al adolecer de una tremenda vacuidad.
Mientras, la abierta irrupción de rasgos de fascistización surca al llamado Occidente: desde la masacre en Gaza, el renovado financiamiento del régimen ucraniano por la OTAN, la imposición por los medios hegemónicos con plena normalidad de todo tipo de aberraciones e irracionalidades proferidas y concretadas por Milei en Argentina, abrazado con los principales mandatarios autonombrados liberales. Ni se diga el atizamiento imperialista dando fogonazos contra la Revolución Bolivariana en sus elecciones presidenciales recientes. Se lava la cara de la explotación capitalista con las manos llenas de sangre de civiles e inocentes.
En reflotar al capitalismo en crisis se le va la vida a los ideólogos y operadores de la clase capitalista imperialista. Están en lo suyo. Justo el propulsor de ese falaz capitalismo de partes interesadas, Klaus Schwab presentó a Milei con lisonja propia de una absoluta identificación doctrinaria en el Foro de Davos: esa cueva de especuladores, señores de la guerra, encantadores pseudocientíficos de serpientes, oligarcas, y mandatarios títeres de los monopolios. Salvar al capitalismo hace dejar las diferencias de lado.
Liberales, socialdemócratas y fascistas se encuentran en un mismo frente cada vez más compacto.
¿Y el progresismo?
Término viscoso donde entran (¿entraban?) lo mismo Pepe Mujica, Gustavo Petro, Lula Da Silva, AMLO, Rafael Correa, Cristina Fernández y Gabriel Boric. Nótese la mezcla de dirigentes en distintas etapas de este espectro ahora ya no tan impreciso: la viscosidad se va solidificando por la fuerza de resistencia a una organización de clase antagónica a los intereses de preservar la lógica del capital. Sea con la lucha económica sindical, ya no digamos la radicalización de las luchas en abierto cuestionamiento revolucionario de clase. El antiimperialismo como factor de cohesión, de legitimación de los triunfos electorales progresistas va arriando banderas.
Al formular con laxitud la caracterización del progresismo, para justificar el apoyo social en tiempos electorales, se incurrió en soluciones cómodas por superficiales como decir que no podía esperarse sino algunas reformas porque jamás “se definieron como socialistas o comunistas”, pero se avanzaría en el aumento del salario real y en no continuar (que no revertir) las privatizaciones neoliberales. Pero las cosas en política no se dan por meros deseos programáticos sino por la acción de la lucha social organizada en cuanto a objetivos.
Si bien no puede esperarse lucha contra el capitalismo por dirigentes reformistas, se perdió la brújula al declinar -en medio de alegres cuentas con ciertas medidas gubernamentales-, de por principio de cuentas, nunca perder de vista la esencia del capitalismo, cómo sigue fortaleciéndose la centralización del capital, cómo continúa la subordinación al imperialismo, y cómo se refuerza la explotación a los trabajadores.
Es sumamente ejemplificante de cuál fue la estrategia del progresismo con relación a esto, la participación de la expresidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner (CFK) en un evento internacional de Morena:
“El capitalismo que alguna vez fue presentado como una ideología hoy en la realidad -si uno conoce China y ha estudiado sobre eso-, advierte que en realidad el capitalismo ha derivado en una forma de producción de bienes y servicios. Hasta ahora en términos de resultados y en términos de éxito: la más eficiente para poder satisfacer a escala global las necesidades de la humanidad”[1].
Aclamado discurso por la numerosa audiencia presente ante definiciones de fondo de quien gobernó por dos periodos la Argentina y aun encabeza la fuerza política más cohesionada en ese país. La práctica militante ya no se trata de entablar caracterizaciones más precisas acerca del capitalismo y su depredación, multiplicación de guerras, incremento de la pobreza que entre otras cuestiones conlleva. Si en el país sudamericano se vive la embestida del gran capital con aumento de la pobreza y del desempleo, es porque faltaría Estado y no porque sobre capital, se deduce según lo dicho en su amplio discurso.
Para la exmandataria simplemente resulta el capitalismo casi que un método técnico para elevar la productividad de mercancías: asocial, ahistórico y supraclasista. Pero esta es la misma moneda en circulación cuando la empresaria articuladora de las alianzas con la oligarquía mexicana y los monopolios (a nombre de la misma Claudia Sheinbaum) impulsa el capitalismo consciente, presto a la avalancha de inversiones yanquis. Oídos sordos ante anuncios diáfanos de continuación de la explotación: bajo conducción del Estado, como anuncia el segundo piso de la cuarta transformación y como defiende CFK.
La gran partitura de estas interpretaciones discursivas se compone en el imperio; lo demás, es adaptación y rejuego subordinado. Joe Biden al firmar hace tres años una orden ejecutiva con una declaración de principios coloca los puntos sobre las íes sobre las virtudes del sistema: “Déjenme ser claro: el capitalismo sin competencia no es capitalismo. Es explotación”[2]. Entre el capitalismo de partes interesadas, capitalismo consciente, capitalismo como forma de producción más eficiente, capitalismo competitivo hay la misma diferencia conceptual que entre los gatos pardos en la noche.
Venezuela en su proceso de abierta confrontación con el imperialismo y de reivindicación del socialismo, en realidad por ello nunca fue parte del bloque progresista. Hasta dónde se materialice económicamente el socialismo, eso topa con un durísimo obstáculo al ser objeto de una inacabable guerra económica por el imperialismo (EU-UE). Ante la nueva embestida de golpe de Estado por ahora desactivado, el progresismo se unificó entre la exigencia de presentar actas de la elección (Lula, Petro, AMLO, CFK), hasta condenarlo abiertamente (Boric, de nuevo Lula).
Las declinaciones sobre el reconocimiento científico y en la praxis del modo de producción capitalista recoge necesariamente una obviedad práctica y teórica, que dados los niveles actuales de irracionalidad para nada es innecesaria: la base del capitalismo es la extracción de plusvalía producida por la clase obrera, precisamente a manos de la clase capitalista explotadora. Ni requiere la burguesía pedidos de hacerse consciente: siempre tiene claros sus objetivos, no así la izquierda progresista en búsqueda de su rostro humano.
[1]Una utopía desde el sur. Propuestas para el futuro de la región.https://www.youtube.com/watch?v=z3tt9EM8frY&t=1578s
[2] Roberts, Michael. Capitalismo: ¿ha cambiado el leopardo sus manchas?.https://thenextrecession.wordpress.com/2021/07/11/capitalism-has-the-leopard-changed-its-spots/ (Trad. Google).






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