
Por Israel
Ni tan naturales como lo puedan parecer, las luchas del ser humano por mantenerse siendo lo que es pese a la sociedad que ha erigido y es el contexto de su historia, se enfrentan a un dilema viejo con nuevos elementos que ponen de cabeza a más de uno. Quien se jacte de representar el genuino sustrato humano causará mera risa o, en el extremo, puede llegar al plano de lo absurdo, del mero apendejamiento no sólo por su fanfarronería, sino porque su hacer con los diversos medios a que tiene alcance lo reduce al plano animal (si esto es posible).
Así, la posibilidad de que un fascista acceda a emplear misiles, bombas como las llaman de grueso calibre (incluso atómicas), o exterminar a todo un pueblo como sucede con el Estado sionista hacia los palestinos, no se trata de un acto individual o de la mera irresponsabilidad que puede aducirse en situaciones varias o de menor escala. Que un fascista como Netanyahu puede realizar lo anterior con el financiamiento, complicidad del imperialismo gringo y europeo, es el resultado de quienes se conciben genuinos humanos y ya.
Nadie que no esté al tanto de lo que sucede en el Medio Oriente puede decir que exista simetría en algún plano entre quienes son apoyados y representan al imperialismo y quienes están buscando liberar a alguno de los pueblos que habitan en esos territorios. Y no sólo se trata de una guerra, en la que sea como sea las partes se reconocen en su belicosidad a partir de buscar imponer sus intereses al otro. El humano modelo (como ejemplifican de sí los fascistas en sus varias características particulares) se revela en lo sucedido allí.
Los sionistas son el pueblo elegido (según) y representan la personificación de la creencia genuina, de la religión verdadera (judaísmo). Por eso les es permitido invadir un territorio y apoyarse en cuanto medio y recurso les venga en gana. Quienes no acepten su condición de invasores privilegiados con el respaldo del imperialismo (porque podrían ser invasores sin privilegios, como cualquier paracaidista de terreno baldío), deberán padecer el que se les haga a un lado, con el exterminio, la muerte como única opción. Para que no estorben.
Este fascismo sionista revestido de misticismo (como toda creencia que alimenta el espíritu del fascista) asemeja su política de exterminio a la llamada solución final que, en esencia, el fascismo en Alemania tenía contra los comunistas. Si bien la victimización histórica (e histérica) está centrada en la llamada tragedia de los judíos, el enemigo a vencer (y de paso todo el que le estorbase) eran los comunistas. La justificación (si puede decirse así) de acabar con los creyentes del judaísmo servía de cobertura para aniquilar todo vestigio rojo.
El representante genuino del humano (sea cual sea su denominación) deviene hoy en fascismo a escala mundial. Con distintos rostros edulcorados, pintados hoy de diversas maneras, el fascismo empleado por el imperialismo a consecuencia de la expansión del capitalismo a prácticamente toda la Tierra, es la manera de justificar (si puede exponerse así) acabar, exterminar, borrar a la población que sobra donde quiera que ésta se encuentre.
Lo mismo migrante en cualquier parte del mundo, lo mismo indígena, prieto, negro o de cualquier religión y hasta preferencia sexual que se asocie a los muertos de hambre no tendrán cabida en este mundo capitalista, cualquier cristiano sin oficio ni beneficio (dirían los católicos) que no logre acomodo en el funcionamiento del capitalismo, sobra para éste. Por eso los mercenarios, sicarios y tantos otros que sobran pero que de momento puede ser útiles o sirven (antes de morir) a algún negocio, podrán vivir por algunos años todavía.
Quienes ni siquiera para este uso o algún otro alcancen a entrar en los procesos económicos a través de los cuales se mueve el capitalismo (producción, distribución, cambio y consumo), están de más como pobladores de la Tierra. Es así y no de otra manera. Ese es el fondo del odio cada vez mayor hacia casos pequeños y por lo mismo demasiado emblemáticos por vivos y vigentes (que no es lo mismo), de integridad, independencia y autodeterminación (cuando menos) de pueblos como Cuba o Palestina.
El ensoberbecimiento de los imperialistas, sobre todo en un contexto donde éste cuenta a su favor con la extensión e intensidad del capitalismo de hecho diseminado por toda la Tierra, impone condiciones para los que sobran. Gente, pueblos, millones de personas para las que estar viviendo por fuera del capitalismo es su condena. Amén de los muertos de hambre que todavía entran a alguno de los proyectos en que se reproduce el capitalismo, el resto no tiene pasaporte para vivir más que el que le pueda arrancar a su circunstancia.
De aquí nace la llamada autogestión, el anarquismo del siglo 21, el autonomismo, la comunalidad y tantas otras ocurrencias dichas con mayor o menor vehemencia o precisión de la verborrea apantalla incautos. Es tal el vacío mental con que se nos ha alimentado desde la cuna, que ya cualquier dicho por disparatado que sea, resulta atractivo al tomarse como novedoso. En esta orfandad espiritual hasta grandes luchadores sociales y teóricos del llamado primer mundo con la edad a cuestas, postulan sus bienamadas ideas.
El capitalismo y su cumbre el imperialismo (fase superior, la llamaría un trasnochado), como colonialismo de la humanidad en la actualidad, sólo incluye a la población que alcanza a integrar a los procesos en que opera (producción y circulación). El resto de la población ha pasado a ser superpoblación absoluta. O sea, un sobrante. La parte de la población que en forma periódica podía colarse antes para ser explotada por algún capitalista ante la expansión del modo de producción, cada vez más tiende a cero.
Pero estos son términos que definen un lugar para cada uno y que para mantenerse en éste cada quien hace todo lo posible. O no. La miseria en el ser humano engendrada a partir de este camino sin retorno, sin salida, que para muchos es tan obvio como saber que de muertos de hambre no saldrán, lo lleva a hacer todo lo que esté a su alcance tratando de evadir ésta su situación, a costa de lo que sea. El individualismo así es más aceptable como sustento de la vida. Y la mutación del fascismo humanizado y democrático (según), lo demuestra.
Confundido como está el ser humano en este laberinto al que lo ha llevado el capitalismo por toda la Tierra, los ejemplos que se oponen a esto se encuentran en la mira del imperialismo. Cuba y Palestina (pero no sólo) representan por esta situación piedras que deben ser molidas, escollos que deben ser aplastados, hechos a un lado, para que todo el orbe termine por ser deglutido todavía más por la maquinaria del imperialismo. Y el que sobra, la muerte es lo único que le depara por parte del capitalismo. El abandono total a costa de incrementar su capital.
Como sólo para ser explotada la fuerza de trabajo del muerto de hambre es del interés del capitalismo, a partir del individualismo con que se nos ha retacado las entrañas para ser tan miserables, el sueño de cualquiera es no perder el empleo, no perder las pinchurrientas propiedades que tiene, no perder el changarro, no quedarse inerme dentro de una sociedad para la que poco importa el ser humano, como no sea la capacidad que tiene para trabajar y mediante el uso de la cual se alimenta de sangre el capitalismo por el trabajo robado.
Que Cuba y Palestina (pero no sólo) estén solos como pueblos que no aceptan vivir en la opresión a que los condena el imperialismo depende de qué tanto la angustia por no quedar fuera de la situación en que nos hallemos, si acaso estamos dentro del capitalismo, nos lleva a la miseria expuesta en darles la espalda, en cerrar los ojos para no aceptar que el destino de esos pueblos representan la manera más cruda en que nuestro propio destino pende de la conveniencia tenida por el capitalismo hacia el ser humano.
Para el muerto de hambre que ni siquiera su manera de vivir está uncida al yugo de un patrón que lo explote, porque de hecho por eso sobra para la sociedad actual, la miseria en que funda sus necesidades primarias buscando resolverlas a como dé lugar alimentada por la angustia de su desesperación, impulsa a reproducir el ejemplo visto alrededor. En un mundo donde el individualismo exacerbado es la divisa que tamiza todo, hasta el grado de aceptar el fascismo como algo que fuera propio (natural) del ser humano, cualquiera cae en esta trampa.
Si el muerto de hambre que alcanza a ser pepenado por algún patrón para ser explotado se siente dichoso porque así ve el sol alumbrar la mesa de su hogar, se aferrará a esta situación pese a los gritos novedosos de las nuevas opciones comunales, anarquistas y demás. El idiotismo al que nos ha acostumbrado el capitalismo en los tiempos actuales genera más miseria en el ser humano que acepta como propio de su ser el fascismo que está asomando el rostro por todos lados.
La alarma vivida en la Europa de entreguerras del siglo 20 cuando el fascismo se asomó a la historia de ese continente, hoy carece de vigor dadas la múltiples maneras en que ha mutado para (dizque) humanizarse, amén del idiotismo que permea por todos lados gracias al individualismo exacerbado que animaliza a la gente. Esto cambia nuestra mirada que acepta lo que no es propio del ser humano como si lo fuera.
El mérito del imperialismo para darle nuevas pieles al fascismo del que echa mano, es haber convertido el individualismo en signo de alabanza, reivindicado o tenido por salida para la propia miseria en que ha sumido a la humanidad la presencia del capitalismo en todo el orbe. Esto confunde a más de uno que piensa opciones sin haber entendido que la única vía abierta para el ser humano es no dejarse destruir por el capitalismo. Nada humano surge de este modo de producción que genera miseria en la gente de muchas formas y por doquier.






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