Foto tomada de: https://historia-arte.com/obras/melancolia-munch
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Por Israel

Los electrones son muy rápidos, se mueven tan deprisa que han escapado durante mucho tiempo a la capacidad humana para captar su movimiento. Las nano partículas son mirruñas de objeto que parece no quedarles estos apelativos. Mientras esto asombra a muchos, no les asombra que con la perversión del ser humano efectuada por el capitalismo la forma de vida existente esté en un punto crítico, del que algunos dicen no habrá retorno.

No hay retorno desde luego para el desclasado que pretende hallar hálito humano en el capital y su sociedad cual opción a seguir con ribetes de buenaventuranza. Al menos dentro de la decencia blandida con falón, el justo medio de vivir de la explotación de otros que nomás su capacidad para trabajar tienen para obtener algo qué comer, pero sin que al exprimirlos se termine con la gallina de los huevos de oro (dijera un presidente nacional tanto o más gárrulo que sus antecesores), para que la fiesta siga en jauja por más tiempo.

Y como el justo medio es, similar al caso de la socialización de los niños, lo que más prevalece, la conocida forma de dejar a medias una idea y no concluirla por completo es el temor a saltar al incierto mundo (al menos en el efímero universo de las ideas) del que, por no saber qué depara, nos hace recular a fin de no cambiar el script que ya llevamos impreso por el propio capitalismo. El temor es a lo desconocido y la rebeldía de los muertos de hambre está ausente en el país por la desmemoria de que nos han llenado los adentros para amansarnos.

Atreverse a algo más no es soltar el dicho y que camine solo por calles y avenidas, pueblos y barrios de muertos vivos por atener sus almas a los designios incubados por el dios capitalismo. Saltar al vacío, asaltar el cielo, un día se atrevieron los muertos de hambre, porque no tuvieron de otra opción a menos que quisieran morir de rodillas por siempre. Esa posibilidad permanece pese a los grandes esfuerzos de la pequeña burguesía en buscar apagar la chispa incendiaria. Que los muertos de hambre se rebelen no es sólo cuestión de lo que sucedió.

No ha lugar en el caso del gobierno del presidente nuestro. El color de su alma embarra cada voz surgida desde el interés donde asienta sus pasos. Nada nuevo hay en esto, porque la pequeña burguesía en el poder carece de confín al buscar la hermandad entre intereses contrapuestos. Si entre poseedores y desposeídos existe un vacío infinito en medio se aviene de cada lado las armas a emplear en la batida de los terrenos donde se emprenderá las mil y una batallas, para que los menos mantengan su dominio y predominio y los más se rebelen.

El reformismo es propio del espíritu pequeñoburgués gazmoño, frustrado, con pretensiones de ascenso inconseguido y por lo mismo lleno de amargura. La pequeña burguesía en el poder deviene cruel y despiadada gendarme del gran capital cuando no opta rebelarse junto a los muertos de hambre. Querer quedar bien con todos se hace reformismo como política de gobierno en el momento actual con nuestro presidente. Y esto no parece cambiar en lo que viene pues no existe aprendizaje alguno de lo que ha sucedido a otros.

Aunque de dientes para afuera se diga lo contrario, la justificación esgrimida frente a eventos como la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa no son para causar risa, sino para darse cuenta cuál es el fondo miserable de la pequeña burguesía como reducto empobrecido, denigrado, de una aspiración por entrar en los palacios del gran capital y tener condenada su historia a degustar la pobreza material, aunque buscando diferenciarse de los muertos de hambre de siempre. La buenaventuranza reivindicada sólo edulcora los hechos.

El análisis superficial, de política palaciega, da cuenta de las atajadas que el gobierno de nuestro presidente ha llevado a cabo para no incordiarse ni arrejuntar a los potentados (como gusta llamarles) para que hagan frente común contra la 4T. Y es que la llamada 4T no atenta para nada contra el capitalismo, aunque pueda servir (un poquito) a la lucha por acabar con éste. La pequeña burguesía intelectualizada que aplaude la 4T no para mientes por vitorear lo realizado, pues de esta manera construye una historia de sí que deja huella en el país.

No es gratuito en consecuencia encontrar argumentos estirándose de una u otra razón para vanagloriarse de los logros alcanzados, aunque los mismo sean en esencia a limpiar la sangre de los filosos dientes de los grandes capitalistas, quienes tenían a sus empleados directos en el gobierno y hoy cuentan con aliados remilgados en el de nuestro presidente. Empezando por él mismo, quien se detiene a medio camino cada vez más para no embravecer a los machuchones (como les dice) y darles, en su lugar, negocios para su deleite.

Hace algunos años incluso teóricos de postín muy fufurufos declaraban una tercera opción como vía ante el capitalismo y el socialismo (hasta libro hicieron). Desclasados como su alarde, esos pensadores elaboraban machincuepas inspiradas en su espíritu pequeño burgués para decir que el vaso medio vacío en realidad podía estar medio lleno. Con algo más de inventiva pero sin salirse de la camandulería del desclasado, nuestro presidente recrea ese circo, maroma y teatro con proyectos de infraestructura y promoviendo la participación política.

Sonoro, reiterativo, ilustrado, comedido y querendón (le tengo un gran amor a nuestro pueblo, dice de continuo), nuestro presidente no es un mesías como los estúpidos encumbrados en sí mismos le llamaron (y le siguen denominando). Aunque las jaculatorias ofrecidas cada día se parecen cada vez más a las verdades de los creyentes (no se aceptan cuestionamientos, sino creerlas a pie juntillas), son el reducto elocuente de quien, por quedarse a medias desde el inicio, hoy se le están haciendo engrudo los asuntos a los que se comprometió resolver.

El combate desde la decencia del corazoncito pachón de nuestro presidente contra la corrupción, sin ser impostura, sí es la vista de un ciego que cree que la tentación es el origen de todos los males humanos. De ahí la creencia de que, en el mundo ideal (tan ideal como acostumbra la burguesía hacernos creer que es la cochina vida), sin corrupción el pobre alcanzará un día a mitigar las penas de su alma y el rico hasta por el ojo de una aguja se colará al paraíso en que un día se convierta nuestro México lindo y querido (como dice la canción).

La pepena del partido Morena viendo las elecciones del 2024 es confirmación de la decadencia habida a estas alturas de lo que en sí terminará siendo, antes o después, el planteamiento todavía tibio con la sombra de nuestro presidente: al no haber salida por la pequeña burguesía se terminará haciendo la limpieza de la casa de los grandes capitalistas, por lo que da lo mismo sea Chana o Juana quien acceda al poder, pues todos servirán al mismo amo, unos más comedidos que otros.

De este modo, no hay rubor porque ya nuestro presidente está oreando su retiro voluntario (me jubilo de la política ha dicho) y quienes continuarán están con la dignidad ya arrastrando la acobija y manchando el apellido, aceptando a cualquiera que desgañite su respaldo a la nueva dirigencia sin importar que tenga mucho rabo que le pisen.Total, si se trata de amplitud, hasta los corruptos son bienvenidos o se abraza a quienes en los hechos carecen de las referencias que repite quien ya se va: no mentir, no robar, no traicionar.

La decadencia del espíritu pequeño burgués por ascender, el protagonismo de su frustración por salir en las fotos que hacen historia (quien se mueve, no sale en la foto, dirían los dinosaurios reconvertidos guindas), la falta de una bandera propia que les hace buscar el aplauso de los grandes capitalistas o el paternalismo con los muertos de hambre, pero ni tan tan, ni muy muy, para que el compromiso de su intelecto no suene tan mercenario ni los piojos o liendres de la vida mugril de desarrapados se les trepe así nomás.

Y luego, si se reviste todo de una aureola intelectual, universitaria, con posgrados e inmaculado compromiso con y toda la cosa de una parafernalia propia de la pequeña burguesía, al menos la vulgar y ramplona decadencia de ella adoptará aires de opción para los incautos. Mientras los muertos de hambre sigan con la boca abierta de pasmo presenciando la historia que los relega a la desmemoria, andarán a la cola de todos, tragando camote, prendiéndoles velas cada 2 de noviembre al espíritu que un día les dijo sí, pero no les dijo cuándo.

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