Por Israel

Los siempre juiciosos intelectuales nuestros no dejan lugar a duda de qué lado batean. Se precian de expresarse siempre con la verdad y alardean de esto, que resultan ridículos. En muchos asuntos podemos constatar el espíritu preciso y desinteresado de los pensadores nuestros, científicos y sabios que se jactan de uno y mil conocimientos que albergan en su cacumen descollante, rutilante y siempre dando con el dardo en el fondo del fenómeno en cuestión.

Así, lo mismo hablan de una ciencia comunitaria y de redes novedosaso de la contaminación de mares por parte de quienes habitamos la Tierra. Empero, al rascar un poco en sus afirmaciones (y no como se rasca el Melate, Revancha o Revanchita), sino al hurgar un poco en lo que afirman (es lo que queremos decir), por ejemplo, en la contaminación que hacemos de los mares, la primera pregunta que salta a la vista es: si quienes habitamos esta Tierra,¿somos estúpidos para destruir nuestra única casa?

Que alguien sea un idiota de seguro es porque el cacumen no le da para más. Pero eso puede ser un mal que aqueja su cerebro, lo que debe ser atendido por un médico que se dedica a tratar este padecimiento, o porque la ideología que tiene lo hace comportarse como idiota, aunque quizá no lo sea de verdad. Y es dar mucho crédito a lo que somos como personas, porque las múltiples maneras en que se expresa el idiotismo nuestro por todos lados, en última instancia deviene del individualismo al que estamos uncidos para ser tan bueyes.

Si el ser humano es tan idiota para destruir la única casa que tiene (el planeta que habitamos) es posible eso, sin duda, porque la ideología que tenemos basada en el individualismo nos lleva a comportarnos de este modo. Y esto nace, crece y se reproduce en los años de nuestra vida conforme el capitalismo que nos hace ser lo que somos va marcando las pautas a las que nos somete. La prisión que es vivir en el capitalismo desde luego no es dicha así, sino por su contrario para hacernos creer que quien contamina los mares es el humano nomás.

Democracia, libertad, independencia y una serie de imágenes imbuidas como referencia para lavarnos el cacumen (como se suele decir) y con las cuales nos forma la sociedad capitalista, nos hace tener la convicción de que de la explotación del hombre por el hombre mismo nacen aquellas referencias, como si fuera algo inmanente al ser del capitalismo, su esencia, y sin el cual no es posible ser libres, tener una vida democrática, tener independencia como pueblo y así. La identidad que tenemos de una u otra forma por tanto se acopla a esta ideología.

Si hay en México un vacío en la actualidad para que el capitalismo siga con una legitimidad reconquistada (digámoslo así) es gracias a lo hecho por nuestro presidente. Con toda el agua que acarreó para apagar el fuego avivado en mucha gente en 2018, la desmovilización creada ha generado un vacío que ha sido aprovechado por quienes mejor estaban organizados en esos momentos: los empresarios que se dedican a actividades no legalizadas. Esto, se ha ido recrudeciendo en comunidades donde los pueblos no aceptan esa autoridad.

Es el Estado presente a través de la autoridad de empresarios dedicados a actividades no legalizadas (comercio y trasiego de personas; cultivo, procesamiento, comercio y trasiego de drogas; etc.), quienes siguen mandando en regiones cuya economía está ligada a negocios de carácter incluso transnacional. Aunque para esto nuestro presidente tuvo la buena intención (por ser cristianucho) de quererle lavar la imagen sangrienta al ejército, buscando poder esgrimirlo de palo levantado por si el pan diseminado por su gobierno no era suficiente.

Esto lo hizo pensando en que al recomponer la legitimidad del capitalismo (a través del humanismo mexicano o la llamada revolución de las conciencias) y la de la autoridad, la misma marcha de la economía recompuesta (digámoslo así) haría que la gente mala metida a negocios no legalizados se hiciera buena, quitándole su base social creada por la exclusión de sectores que sólo dedicados a emplearse en esos negocios no legalizados podían obtener algo para sobrevivir.

En la demografía, los jóvenes son quienes nutren los ejércitos en cualquier parte y de cualquier tipo de ejército se trate. De ahí deviene el presente porque el mañana de una sociedad (dicen) radica en los niños. Pero los jóvenes de hoy no tienen ideología (según una de las tonterías que abunda por doquier) y por eso andan desorientados. Todos tenemos ideología y en la actualidad con el individualismo impuesto por todos lados, la pérdida de sí, el extravío de la persona y hasta la agresión del mismo cuerpo, son expresiones en el fondo de esto.

Por el individualismo extremo nos parece tan natural que hasta los llamados trastornos mentales y diversos tipos de conductas o estados mentales (ansiedad, depresión, etc.) se hayan incrementado en las últimas décadas, al grado tal de absurdo que el placer por el dolor recibido o la mutilación del cuerpo propio o ajeno (por ejemplo) sean necesarios para conseguir alguna reacción de la persona. Una sociedad enferma por exceso de individualismo por todos lados, al no tener ningún contraste real, lleva al humano a deshumanizarse seguido.

Y tan cotidiano nos puede parecer esto que nos hacemos inmunes sin darnos cuenta (pues también nos parece algo normalizado) para que la indiferencia o apatía llene de gozo lo que somos. Otra forma de alimentar el individualismo que tanto gustamos comer. Y de un modo invisible por negado o no querido ver, pues como toda creencia no pasa por la criba de alguna pregunta o cuestionamiento a través del cual se quiera explicar lo ya establecido, vivimos atrapados en esa cárcel de la sociedad donde nacimos y moriremos resignados.

Si bien, luchar haciendo todo lo más posible que se pueda por acabar con el capitalismo quedó en los bordes, cuando el imperialismo se declaró vencedor al desaparecer los países que (bien o mal) buscaban de alguna manera un camino distinto al capitalismo, esa confusión y vacío creado es un hecho transitorio. Siempre lo fue. Mirando el mundo en el que vivimos desde su raíz, yéndonos a la última instancia de todo cuanto acontece con el ser humano, luchar por acabar con lo que hace al ser humano más inhumano, está en el centro de todas las luchas.

Toda lucha tiene distintos frentes y formas de llevarse a cabo. No sólo por el poder se lucha al buscar cómo acabar con el capitalismo (porque esa tontería de confundir gobierno y Estado y reducir el poder a alguno de estos dos, es sólo eso, una idea que no permite pensar con claridad e insistir en ello es sandez), pues eso que parece lo central no es en realidad lo que está en el centro o no es lo primordial de todas las luchas de los muertos de hambre. Tampoco lo político o militar (si se tratara de una organización político-militar).

La lucha de clases tiene múltiples expresiones. La ideológica es a mediano y largo plazo lo que pone en jaque o no a cualquier organización, movimiento o algún tipo de lucha que busque acabar con el capitalismo. En palabras de un trasnochado barbudo, se trata de la batalla de las ideas. Cuba es un ejemplo vivo de esto. Además de ser un ejemplo de solidaridad que no tiene parangón en otro pueblo que se haya conocido, como si dijéramos, se quita lo que a su boca se iba a llevar y que le hacía falta, no que le sobrara.

Frente a Cuba nadie es imparcial (como suele decirse para querer evadir el bulto en tomar partido ante algún asunto peliagudo). Y lo que ha hecho nuestro presidente en el país llamado México es abrir un vacío que desmovilizó la mucha o poca lucha que buscaba acabar con el capitalismo. En el centro de la lucha de los muertos de hambre se encuentra ésta, que es la única que puede hacer del ser humano un ser cada vez más humanizado, que impida (de ser posible) que el idiotismo al que nos sumerge el capitalismo no acabe con la única casa tenida.

Aunque por coyuntura luchar por que el ser humano se haga de acuerdo con su raíz cada vez más humano como ser que es, y esto haya quedado en los bordes en cierto momento, en realidad ésta nunca dejó de estar en el centro como planteamiento. Cuba es ejemplo de cómo acabar con el capitalismo no es nomás toma del poder, o una lucha política. Hacer que la gente haga suyo querer ser cada vez menos inhumana como ha sido su formación en el capitalismo, tal vez sea la lucha crucial para que el capitalismo no acabe con la Tierra.

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