Por Israel
El mundo se está acabando. Pese a la llamada guerra de las grandes potencias por definir si el mundo es uni o multi, que no es más que una forma en que el imperialismo busca reproducirse, todos tragamos mierda en la dinámica que nos impone la competencia capitalista. Es como si se nos empujara al matadero mientras nos hacen creer que todo se solucionará antes de que nos chupe la bruja. Bromas aparte, esta cruda realidad invade hasta la desesperación por eventos que antes eran tenidos sin tanto aspaviento.
Que todo era causa del capitalismo, lo sigue siendo sin duda, pero las grandiosas ideas con que han echado para atrás cualquier iniciativa que no provenga del provecho de los capitalistas, ha generado la sensación de un callejón sin salida. Hoy hasta nuestros lúcidos intelectuales se pierden por saber cuál es ahora el significado de la revolución con la centralidad o no de los trabajadores del sector industrial, como si los muertos de hambre (y no sólo los obreros) devinieran un Gólem que por reflejo respondieran ante estímulo externo.
Esta abulia del pensamiento irradia sus laureles en la orfandad habida en nuestros tiempos. La nueva búsqueda por saber qué es hoy la revolución mueve varias palpitantes tatemas que buscan ser tan sensibles al momento como la piel que les rodea todo el cuerpo. Y aunque esa sea distinta a la surgida del uso del cerebro, ellos se atienen al bien común de la ocurrencia más elaborada, o la que mejor les acomoda. Porque en el capitalismo habido en territorios fuera de los países imperialistas, las manchas no capitalistas abundan todavía.
Que es válido querer aprehender nuestra realidad (digámoslo de capitalismo rancheril que existe en países como el llamado México) para saber qué hacer en cada caso, resulta obvio que sin esta aprehensión la acción a tomar quedará atrapada en el marco mismo del individualismo imperante. Que México es más propenso hacia lo comunitario que hacia loindividual, esto puede existir en algunos casos pero la norma que prevalece en las relaciones habidas en la sociedad están tamizadas de una u otra manera por el individualismo.
Ahora que se está ventilando la situación habida en distintos pueblos y comunidades de Chiapas, en las que los negocios legales e ilegales establecen las condiciones de inserción al capitalismo, los intelectuales patriotas se desgañitan llamando la atención como si fuera una obra mala del gobierno de la transformación. Y es obvio que la inutilidad de éste por acabar con muchos de los cacicazgos habido en distintas zonas del país se debe más a la buena onda que priva en nuestro señor presidente que a falta de ganas de él.
Por una parte, desmantelar el entramado de negocios habidos entre los distintos niveles de gobierno y los caciques que mandan en estados y regiones del país, ha ido de la mano de medidas en las que, por fuerza, se ha debido echar mano de quienes les precede una historia negra de desapariciones forzadas y de contrainsurgencia contra cualquiera (organizado o no) que reivindicara al menos una bandera de democracia en el país. Esto es lo que ha prevalecido como firma de la historia creada con orgullo por el ejército.
Nuestro señor presidente, además, ha incluido al ejército (y marina) no sólo a vigilancia policial y de represión, sino para administrar bienes que por ser públicos no ha dejado en manos, según él, fáciles de corromper. Y junto a esto los programas de Bienestar para quitarle base social a empresarios que controlan territorios con negocios no legalizados. Algo menos obvio es que, al introducir al ejército por todos lados, legitima su imagen, presente ahora no para reprimir a la población (según) sino para garantizar la seguridad.
Este juego representa una muestra más de las medidas tomadas desde el gobierno: para que la cuña apriete, debe ser del mismo palo. Así, a la falta de una vida democrática en el país abajo y arriba, nuestro presidente practica que no sea él el que designe quien quedará al frente de la defensa de la 4T. Y aunque en lo formal puede ser aplaudible la medida, en tanto su tan socorrido pueblo no tenga por hábito una vida democrática, el resultado siempre estará en entredicho, porque todo está centrado en lo aceptado por el individuo.
Plantear en este contexto por dónde vendrá la revolución y cuál será su contenido es querer dar atole con el dedo. El camino del reformismo abierto puede ser una vía más larga para que una transformación real (que acabe con el capitalismo en México) se abra paso. Puede decantar en darle más aire para respirar a los negocios de los capitalistas y que estos, ya puestos a tono (al menos los grandes), tengan el modo de rehacer sus negocios como los tenían antes de la 4T: con mayor legitimidad, con marco legal adecuado, validados entre sí.
Pero en definitiva de quienes están y estarán al frente de la defensa de la 4T no se ve alguna borona de planteamiento contra el capitalismo. Pensando en los llamados de abajo, las clases sociales bajo dominación están fuera también de un planteamiento que vaya en este sentido. Ni siquiera los grupos demográficos hoy tenidos en el vilo de una reivindicación basada en la traición (como los llamados pueblos indígenas) alcanzan a poner una línea clara más allá de lo que denominan sus derechos propios.
La larga batalla que se espera para los muertos de hambre por lograr un día su liberación (no sólo material, sino en esencia espiritual) acabando con el capitalismo, antes que éste termine con toda forma de vida tal y como la conocemos en el presente, no escapa a un contenido de clase que desde luego no es el burgués (nacionalista, en este caso) como el del reformismo que prevalece en la 4T. Un planteamiento de clase no se debe a que tenga o no centralidad los trabajadores del sector industrial, sino a que apunte a terminar con el capitalismo.
Que tuvo expresión lo anterior en el levantamiento del EZLN con los 11 puntos de su inicial declaración, es algo que ya está enterrado en el olvido de sus propios militantes. Con la guerrilla de Lucio Cabañas 1/3 del ejército de entonces (70´s) fue trasladado a Guerrero para evitar que esa lucha se extendiera. Y luego con Cuauhtémoc Cárdenas el nutrido apoyo de comunidades de Guerrero puso en jaque a su espíritu (1988), cuando en vez de radicalizar la lucha tomó el camino de crear un partido que, nomás tuvo huesos, se devoró a sí mismo.
Es cierto que algunos de nuestros intelectuales patriotas han hablado sobre la irrupción de los muertos de hambre en búsqueda de saciar su apetito de justicia y libertad, pero todo ha quedado en el sentimentalismo de una reflexión si acaso solidaria cuando no traidora de alguna de esas luchas. Las palabras sin sentido que se esgrimen al día de hoy, acerca de tal o cual camino a seguir como el único y válido, produce una desmemoria en la gente que se cree a pie juntillas tales afirmaciones.
En el presente debería ser obvio para cualquier que le busque un sentido útil, de conciencia a las palabras, que al no haber nada definido sobre cuál camino seguir para incidir en acabar con el capitalismo, toda forma de lucha es válida. Pero como nos han llenado de tanta mierda individualista para que la generosidad no florezca, partimos de ese yo individual (decantando en individualismo), cuando en todo caso es el yo social (para decirlo de algún modo) el que debe realizarse en sus múltiples formas. Y esto no puede seguir un solo derrotero.






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