Por Israel
El capitalismo hace mierda al ser humano. Y lo hace en más de un sentido. No sólo en lo moral, o lo que puede ser ético. Y no sólo en el envilecimiento al que lo reduce en su calidad de ser humano. En lo que puede llamarse el intelecto, si por éste aludimos a la capacidad de pensar y razonar, el pensamiento para lo que se llama filosofía y para la siempre venerada ciencia, el ser humano dentro del capitalismo, sujeto a éste, se idiotiza, se comporta como un ser idiota al que le faltase cacumen incluso para comportarse del diario.
El proceso de acumular lo que sería pasando el tiempo denominado como capital, surgido a partir de la existencia de la propiedad privada, es decir, de aquellas cosas, medios, conocimientos y demás implementos que sirven para llevar a cabo un proceso de transformación productiva y que se apropian de facto unos cuántos al interior de una comunidad, entra en frenesí cuando quien realiza la producción es cada vez más separado del control de este proceso.
El capitalismo se constituye con quienes sólo cuentan con su capacidad para trabajar y quienes los pueden emplear al poseer capital. Y el mérito de tan noble clase social capitalista para dejar desnuda a su antípoda y obligada a vender su capacidad de trabajo de por vida, adquiere muchas formas como el saqueo, el extractivismo, la corrupción, el robo, la estafa, el asesinato, la esclavitud, la guerra y tantas otras legales y legalizadas, que si no por herencia será por imposición, sirvieron para acrecentar su capital.
Casas, fábricas, autos, tractores, maquinaria diversa para procesar materia prima, aperos de labranza, molcajetes, ollas, electricidad, maíz, café, frijol y tantas otras herramientas y objetos empleados para procesar o servir de materia prima, son sólo cosas creadas. Por sí mismas al no ser capital, seguirán siendo sólo objetos o cosas mientras no se empleen en producir para el mercado. Se pueden consumir hasta productivamente, pero sin ser capital de los capitalistas (válganos la expresión) como sucede con los artesanos.
Recuperar lo que han costado y obtener de su consumo productivo un remanente para ampliar instalaciones, mejorar equipos, aumentar artículos a procesar, e-te-ce, es decir, servir como capital que se acumula acrecentándose cada vez más, es lo que hace cualquier capitalista sin importar que se trate de un improvisado, doctor en ciencias, ignorante de toda religión, receptor de una herencia, alto, chaparro, panzón o lo que sea su característica. Para ser capitalista él no puede dejar de hacer lo que lo lleva a fungir con el ser de esta figura.
A la figura de capitalista le corresponde su antípoda la de proletario. Y así como el primero debe realizar el proceso continuo de explotar al segundo (robándole una buena parte del trabajo efectuado en el proceso productivo), el segundo buscará resistir todo lo más posible a este saqueo o robo de años de su vida bajo la forma legalizada de apropiación capitalista. Por consciencia, por molestia, por malas condiciones de trabajo, por bajos salarios o por lo que sea, la resistencia de los obreros siempre se dará contra los capitalistas.
Esta manera sucinta y esquemática de presentar lo más básico que sucede en el capitalismo, es para que no perdamos de vista por nuestras borracheras ideológicas que a pesar de toda la buena voluntad de ese hombre pensante hoy presidente de todos los mexicanos, comete el desliz de asegurar que los capitalistas en México (y no sólo los que tienen el mayor capital) lo han sido gracias a la corrupción.
Como en el caso de la grandiosa idea ocurrida a los teóricos de universidades de fueraque hablan de la acumulación por despojo o extractivismo, la corrupción ha servido, facilita y promueve la acumulación de capital, pero no es ésta como tal. La acumulación de capital por despojo, saqueo, despoblamiento de territorios, violencia paramilitar, corrupción, fraude, persecución de la vagancia, esclavitud y demás medios que sean inventados, son formas creadas en la historia por los capitalistas y su sociedad para ser y hacerse lo que ahora son.
Ni mala o buena voluntad, ni dios o el diablo, aunque estos puedan formar parte de las circunstancias que integran el discurso y las imágenes para legalizar y legitimar la acumulación capitalista, intervienen en este proceso en cuanto tal. Pero la retórica de lo que somos como ser humanos en contextos específicos que nos hace ser gente, llena de angustia guapachosa la necesaria palabra a emplear extraviándonos nosotros mismos en el laberinto de la ideología que nos impone el capitalismo.
Para hacerse un meritorio intelectual en el capitalismo es más fácil irse por las ramas o el tronco de lo que aparenta ser, porque es lo que vemos que distingue al árbol, antes que intentar anidar en las raíces que en realidad lo define. La güeva mental y el parasitismo de nuestros queridos intelectuales patriotas terminan por tomar lo primero que se les viene a la mente o que les escuchan a otros, en vez de hacer algún pequeño esfuerzo para descubrir qué existe o qué se oculta tras las ramas.
Frente a tales circunstancias el que nos dejen sueltos para hacer en alguna medida nuestra santa y regalada voluntad se confunde con el ser libres, porque hacer lo que uno quiere siempre y en todo momento tiene el pequeño detalle del contexto que nos pone límites a lo que de verdad podemos llevar a cabo. El obrero no puede convertirse en capitalista sin tener capital y por esto confunde que, en el caso de las famosas cooperativas, pensar que la aportación en especie o en trabajo coloca a todos en iguales circunstancias.
El voluntarismo es forma del individualismo y el ser libres nada tiene que ver con los anteriores. En una sociedad dividida en clases sociales la libertad es lo permitido por la que mantiene la dominación legitimada al buscar apropiarse los valores, referencias, imágenes ajenas para emplearlas en la aceptación de esta circunstancia. Ya, si le otorga a esto que se ha vuelto costumbre una connotación formal y de regla instituida, deviene el carácter del derecho a aplicar a partir de una situación de facto, violenta, impuesta, de dominio.
El santo patrón de estar sueltos mediante el cual nos sentimos libres engaña nuestras locuaces mentes soltándonos la lengua para expresarlas confusionestenidas mediante una barbaridad académica, política, de creencia, prejuiciosa o con otra forma quese venga a la mente. Para alguien tan leído como el señor presidente de todos los mexicanos, el dislate de confundir lo que en sí es la acumulación capitalista con las formas que ésta toma, no es cosa de ignorancia.
Hay papeles en una sociedad que no se tiene el derecho de ejercer, porque el saber compromete. Aunque tampoco se puede pedir peras al olmo y la ideología que tenemos, el individualismo que nos ha impuesto el capitalismo, para llevarnos hasta el idiotismo de creernos que por sueltos somos libres, no se oculta como no se tapa el sol con un dedo. Por eso el capitalismo hace mierda al ser humano, aunque se trate de buenos samaritanos que luchan, luchan, lucha y no dejan de luchar, en el ring de la historia.






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