Por Israel

Qué está en juego en los pleitos que se libra en varios frentes del capitalismo en México, debería ser una preocupación para cualquiera que cuando menos en teoría trata de hacer eso que se llama revolución. Y que para el caso del capitalismo al significar esto irse a la raíz conlleva por pura conclusión lógica buscar todas las maneras posibles para acabar con la propiedad privada sobre los famosos medios de producción.

La propiedad privada capitalista es un acontecimiento histórico que no surgió de golpe y porrazo, y como forma específica de la propiedad privada potenció la producción e impulsó la existencia de un número cada vez más creciente de las necesidades habidas en la sociedad. Liberó la capacidad del trabajador y al irse cada vez más a fondo para no supeditar la producción a las decisiones de él, incrementó en forma exponencial no sólo la capacidad productiva de la sociedad, sino el grado de explotación a que es sometido el trabajador.

La gran hazaña realizada por los capitalistas de ir eliminando al trabajador de la fábrica, el emporio, consorcio, corporativo o como sea la forma que tome la llamada inversión del capital, que si bien es cierto ha disminuido en términos proporcionales la parte del capital variable del constante considerando su valor, ha generado la ilusión de que un día el variable será = 0, o casi. Esta es la versión sobre todo del siglo 21 de aquélla idílica figura del individualismo del 18, expuesta en el Robinson Crusoe perdido en una isla.

Aquí, hasta la llamada inteligencia artificial se presenta como una amenaza para sus propios creadores, porque casi es llegar al número 0 en el valor del capital variable. Pero esto es un engaño, porque lo único que está evidente es que se requiere cada vez menos trabajadores pero cada vez más especializados en sus capacidades de trabajo. Y nada más. Ya el extremo de ciudades de robot y la inteligencia artificial metida en todos lados, sólo la imaginación de los llamados escritores de ciencia ficción la sostienen, las películas jolibudenses.

La gran hazaña de los capitalistas es habernos implantado la idea de que este ¡sálvese quien pueda! se traduzca en la desmovilización de los muertos de hambre, sobre todo de los obreros, a través de la competencia y el individualismo que hoy, incluso, reivindican ellos mismos como su identidad. Ésta, siendo un concepto colectivo o gregario (para no decir social) lo han trasladado a la vulgaridad más ramplona de la identidad del individuo, como si él (un concepto inventado por la llamada modernidad, que es capitalismo) se hiciera solo a sí mismo.

Tan inútil es esta ideología individualista que al ser excretada por una sociedad como la capitalista, que se jacta de haber eliminado la actividad que más pleno hace al llamado ser humano: el trabajo, por ser su capacidad exclusiva para que al ponerla en acción lo haga ser lo que es, nos llena hasta el llamado subconsciente, el cual nos traiciona a cada momento.

Es dable y frecuente encontrar hasta en los grandes teórico y grandiosos revolucionarios que expresen en sus inconmensurables obras resultantes de su intelecto, el formalismo individualista de las expresiones: debo a tal, sobre la lectura de este escrito; o agradezco a perenganos sus valiosos comentarios, sin los cuales. Como si la llamada inteligencia fuera algo que surgiera como una cualidad única o exclusiva de alguien, que con su aportación nos vino a quitarnos el pendejismo.

Y como la mula de seises que en canción homónima resulta pieza inútil, ahorcando en ocasiones un partido de dominó, el individualismo nos quita todo el valor que como seres humanos se supone tenemos o debiéramos tener. En efecto, cuando uno se la cree, como se dice en expresión común, ya nos chingamos, porque entonces nos consideramos únicos y exclusivos, con el ombligo en la espalda, con el individualismo inflándonos los cachetes de tanto conocimiento de sabihondo que va a salir nomás abramos el hocico.

Es aquí donde la mula tuerce el rabo y si no tenemos la guardia levantada, el individualismo se puede colar hasta por donde nos rezumba el aire. Desde luego, de dientes para afuera se puede decir cualquier cosa, pero son los hechos por desgracia lo único que patentiza nuestro decir. Entonces, en los varios frentes abiertos en el capitalismo del ranchote que llamamos México, todo depende del cristal con el que los miremos para asignarle el lugar adecuado.

Si en la raíz el propósito de acabar con el capitalismo nos lleva a terminar con su régimen de propiedad privada, esto no se traduce en automático en romper vidrios de la Bolsa Mexicana de Valores, poner bombas en los Oxxos, rafagear la mansión, digamos, de Slim o Azcárraga, X. González o Salinas Pliego, Larrea o Asunción Aramburazábala. Más, mucho más complicado que hacer algo de esto es el esfuerzo por analizar de lo que se debe lo que se puede hacer, en función de las circunstancias.

La famosísima lucha de clases como se da, la llamada correlación de fuerzas entre ellas y otros elementos más que no se aprenden viendo la televisión, yendo al cine, incluso ni siquiera leyendo porque no existe un manual de aplicación práctica en cada momento de la historia que nos toca vivir, vienen a constituirse en un dilema como dijera un chaquetero de dimensiones colosales. Y es un dilema que ha cobrado cada vez más peso porque no sólo el capitalismo se extiende en la Tierra, sino su individualismo arrasó a lo humano del ser humano.

El principio de existencia, para decirlo de cierta manera, del ser humano es su ser de carácter social, que se forja en la medida que la latencia entre su ser no humano o sólo biológico deja de ser para dar paso al ser que es el ser humano o social. Bajo la organización exclusiva del ser humano que es la sociedad la llamada socialización o todas las actividades, etapas, acciones y demás que en ella nos van haciendo un ser social, paradójicamente en el capitalismo tienen como base el individualismo.

Como si dijéramos, la noción de individuo creada por la modernidad que es el capitalismo, está siendo llevada cada vez más al extremo para llenar todos los huecos del ser que llamamos humano, haciéndonos ser individuos cada vez más individualistas. Por lo mismo, arrancar de raíz en nosotros mismos una ideología tan inútil tiene tantos recovecos en donde refugiarse como le hagamos al cuento.

Luchar contra el capitalismo sobre la base del individualismo es lo que busca crear éste como bombas de escape, igual si fueran salidas para la presión social que ejerce la explotación de los trabajadores, los miserables niveles de vida, el desperdicio de comida porque sólo se produce para hacer negocio y otros sinsentidos propios de la barbarie a que conduce la existencia de la propiedad privada, sobre todo la capitalista.

Si nuestro cerebrito no nos ayuda para darnos cuenta de esta trampa, terminaremos como la mula de seises de la canción. Y ahí sí, ni dios padre, el diablo panzón o la virgen encuerada y acompañándonos en la cama nos servirá de gran ayuda, como no sea para el consuelo.

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