Por Israel

Amparados en el “derecho” que les ha dado “crear un régimen de corrupción y saqueo”, los oligarcas y sus patrocinadores utilizan toda suerte de mentiras y difamaciones sin ruborizarse, manejan el morbo y el chisme más cínico que cualquiera que les contradiga, buscan la manera de “descabezarlo” al menos “en lo mediático”. Y la consecuencia de esto es generar un “ambiente de polarización” que, de sin tardanza, le endilgan al de enfrente que no agacha la cabeza ante los intereses que representan.

Porque lo que es real en estos momentos es que muchos de los proyectos para ampliar o crear infraestructura en el país beneficiará a los negocios de los capitalistas, sean estos “chicos, medianos o grandes”. Desde luego, también a la población que obtiene trabajo en “el sector de la construcción” y en la entidad de que se trate. Así como para aquélla que “se beneficie” con la escuela, carretera, tren, hospital y alguna otra infraestructura creada para “dotarla de servicios” antes inexistentes o precarios.

Pero en el caso del “sur-sureste” la creación de infraestructura relacionada con el abasto de gasolina (Refinería dos bocas), el tren de pasajeros (Tren maya) y el corredor interoceánico del Istmo de Tehuantepec, “amplía” el “mercado interno” al “incluir” esa región del país que llamamos México al desarrollo de las relaciones capitalistas.

Antaño mohosas, “distintas”, precapitalistas, constituyentes de formaciones económicas de la sociedad que mezclan relaciones del capitalismo con el no capitalismo, el “sur-sureste” ha creado una suerte de “precaución del análisis” para “la inteligencia de los intelectuales” que ven en esa región “un nicho” de la “resistencia indígena y comunitaria”. Ora que ven el capitalismo cerca con “la penetración” vía creación de infraestructura no saben qué decir, más allá de afirmar que “todo está mal”.

Pero el capitalismo “es una cosa” al que la “buena o mala voluntad” de los “actores sociales” le tiene sin cuidado, como no sea por “los matices” que al imponer sus condiciones (para que los “bien portados” no se salten “de indignación” con eso de “las leyes del capitalismo”) pueda adquirir por la mucha o poca resistencia que le ofrecen a su paso. Y como “cosa” el capitalismo es algo muy distinto de lo que a una comunidad, pueblo, nación, continente o el mundo entero, le puede interesar que se haga en el territorio que habite y del que es parte.

Si bien, como identidad, el territorio es una “cosa” mucho muy distinta del capitalismo, éste es una “cosa” que avasalla a aquél cada que le conviene, en la forma que le conviene y que puede o no preservarlo, incluso, como parte las condiciones con que se impone como la relación social de producción determinante.

Así por ejemplo, al capitalismo no le estorba que una comunidad lleve su territorio a un lugar como la ciudad de México, con el noble propósito de “arrancarle un pedazo a la urbanización” al conseguir vivienda y reproducir en su interior las “festividades del pueblo”. O que otro pueblo establezca “cadenas de negocios” (como las taquerías) para preservar “la unidad de la comunidad compartiendo una actividad en la que se apoyan”. Algo similar sucede con las trabajadoras domésticas que no pierden contacto con su comunidad de origen.

Que la creación de nueva infraestructura genere deterioro ambiental, daño ecológico, contaminación, etcétera, es algo tan innegable como lo que acompaña a toda acción humana que se apropia de su entorno para reproducir su especie que es social. Con el capitalismo estos impactos crecieron en proporciones no vistas y sobre todo desde que este régimen de la producción social no tiene contrapeso en el mundo.

Entonces, no es que “todos tengamos responsabilidad” en este asunto por igual, aunque existen nombres y apellidos de capitalistas y de empresas, de gobiernos en todos los niveles, cuya mayor o menor responsabilidad en nada se compara a la que puede tener un indigente que realiza fecalismo al aire libre en una ciudad, o un campesino que lo hace en el monte. Lo cierto es que es tanta la confusión que se ha generado entre nuestra “intelectualidad pensante” que se amparan en “estudios científicos” para inculpar a cualquiera por igual.

Desde luego, toda acción humana para reproducir a su especie conlleva modificar el entorno en el que realiza ésta. A gran escala existen ejemplos emblemáticos que hoy vemos acumulados, como las “islas de desechos plásticos”, pero en “lo pequeño” las múltiples acciones han encontrado refugio en “alternativas de gestión ambiental” que buscan, sin querer, limpiarle la imagen al capitalismo al “autoculparse” por ser “parte de la especie humana”.

Y luego está la “culpa comunitaria” que ha hecho de pueblos “rehenes de sí mismos” al pensar que con “alejarse del capitalismo” este problema si no se resuelve, al menos se puede administrar, por ejemplo, con “actividades comunitarias”.

Pero construir infraestructura en el capitalismo conlleva modificar en forma inevitable el entorno en que viven las relaciones capitalistas. Por lo que la llamada “sostenibilidad” es imposible como parte de la reproducción capitalista. Otra discusión es si esto que conlleva al crecimiento es un camino a seguir para la humanidad, más allá de engrosar los bolsillos de los capitalistas como únicos beneficiarios. Y no a todos los capitalistas por igual, pero sí al capitalismo como régimen de la producción social.

Y luego está la idea del decrecimiento que, en los hechos, es imposible dentro del capitalismo. La “cosa” que es el capitalismo garantiza que la llamada pobreza invada por todos lados a “la población”. Por lo que “la gente pobre” seguirá surgiendo como humedad luego de llover. Y no sólo por el empobrecimiento absoluto y relativo de los trabajadores, sino porque un número cada vez menor entra a formar parte del capitalismo (“como vendedor o comprador”), pues hay cada vez más gente que literalmente sobra, está de más, para éste.

Quien piense que la “4T” pretende acabar con el capitalismo está “meando fuera de la taza”. En el presente la “4T” implica el desarrollo de un capitalismo “para todos”, es decir, buscar que todos los más posibles entren a éste (como mano de obra, desde luego, y acaso como capitalistas “que con su esfuerzo” se hagan a sí mismos “sin riqueza mal habida”). Para eso la infraestructura que se está construyendo.

Y que hay afectaciones en el entorno donde se construyen, desde luego, por más precauciones que tome “el gobierno de la 4T”. Pero con éste no es el primero que sucede como ya se dijo. Nuestro dicho está lejos del cinismo.Tan sólo es no pedirle peras al olmo. Que es casi como esperar que de nuestros “inteligentes intelectuales” ahora sí “se pongan las pilas” y nos iluminen de verdad con “su ciencia”.

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