Por Juan Carlos Domínguez Vergara

La economía mexicana está dominada por el capital. El capital, a razón de ser en esencia una relación social de producción basada en la mano de obra asalariada se materializa en grandes inversiones que buscan rentabilidad y que lo mismo ocupa a obreros que a un conjunto de personal calificado, llámese contadores, administradores, ingenieros, mercadólogos, economistas, financieros, abogados y las más variadas profesiones puestas a su servicio.

Este capital está concentrado en pocas empresas. Del total de las empresas del país solamente el 0,59 por ciento son grandes empresas; diremos que esas grandes empresas son el capital por excelencia en nuestro país, que, vinculado con el capital internacional, tiende sus tentáculos en la totalidad de la economía mexicana y está centralizado en el uno por ciento de la población, de los cuales apenas una veintena de personas figuran entre los hombres más acaudalados del mundo, haciendo de México uno de los países más desiguales del planeta.

La búsqueda de máxima rentabilidad es lo esencial en el capital y lo consigue destruyendo el medio ambiente al acaparar todo tipo de recursos. En su poder, todos los recursos naturales se vuelven no renovables, lo que implica una destrucción sin precedente del medio ambiente y sus variados ecosistemas.

No es la humanidad la que está destruyendo el medio ambiente, es la relación social de producción dominante, el sistema económico imperante, en el que el capital, para maximizar su ganancia se vale de todo tipo de subterfugios creando necesidades en donde no las hay, haciendo realidad, a través de la publicidad y otras vías, un consumismo bárbaro que provoca una rápida deforestación de bosques, selvas, acelerando la extinción de la diversidad de flora y fauna que habita este planeta. Este capital, super concentrado y centralizado, se conecta a nivel global, lo que implica que no hay región del planeta que quede libre de sus tentáculos, creando una crisis ambiental muy real y muy difícil de revertir.

En su desarrollo dinámico y materialidad, el capital que en esencia sostiene el sistema económico dominante, se ve obligado a mutar de forma, de capital dinero pasa a capital mercancía y capital productivo de una manera incesante y, para acelerar la rotación de capital, siempre necesaria, surge el capital financiero, que se yergue por sobre todo otro tipo de capital y lo domina.

El que el capital se convierta en mercancía es la característica esencial del capital financiero, con la característica sui generis de que en el capital, mutado en mercancía, el valor de uso y valor de cambio se confunden en forma y contenido. El valor de uso y el valor de cambio del capital financiero es la rentabilidad misma, valor de uso porque el capital se invierte por su “virtud” de generar ganancia, o sea, rentabilidad y valor de cambio porque el precio de los productos financieros está determinado por la tasa de interés, o sea, la rentabilidad.

Épocas de plétora de capital y relativo progreso, conllevan implícitamente el nacimiento de burbujas financieras que producen un tipo de capital muy peligroso para la rotación de capital real, el capital ficticio, capital que además de ser irreal, irracionalmente termina por dominar la dinámica económica, haciendo crecer superficialmente los precios de los títulos financieros y con ello, el valor de mercado de las grandes compañías muy por encima de su valor real, de su valor en libros, hasta que la burbuja financiera truena y se asoma la cruda realidad, cuando la crisis financiera ya está encima, dinamitando toda la estructura económica que se encuentra bajo su manto y afectando a la mayoría de la población, que tiene que sortear su suerte a cada crisis financiera que termina por repercutir a la economía real.

La ansiedad de maximizar beneficios a toda costa y a corto plazo, implica necesariamente que el capital ficticio domine dentro del capital financiero y sobre la dinámica de la economía real. Anteriormente la forma preferente de capital ficticio eran los títulos gubernamentales, después, la forma preferente del capital ficticio se manifestó bajo la forma del capital accionario y de apenas unas cuantas décadas a la fecha, ha aumentado vertiginosamente una nueva forma de capital ficticio, se trata de títulos derivados, llámese swaps, forward, futuros, opciones. Pero bajo la forma en que se presente, ya sea títulos gubernamentales, acciones, derivados u otras formas, el capital ficticio es eso, irreal y pasará factura su creciente influencia en el mundo real.

A partir de la entrada en vigor del neoliberalismo a nivel mundial, en la década de los setenta,  las crisis financieras provocadas por burbujas financieras se hacen recurrentes y como el capital es global, la crisis que estalla en un lugar geográfico determinado, termina por contaminar a las demás economías del planeta, dominadas igual por el capital.

Las crisis financieras en el periodo neoliberal se inauguran con la crisis mexicana de 1994 y 1995, que terminó afectando a las demás. De esta crisis, los tecnócratas neoliberales concluyeron que la mejor forma de salvar al capitalismo, era convirtiendo deudas privadas en deudas públicas; esta política ha imperado desde entonces, pues a cada crisis financiera que estalla, el estado termina por salvar el sistema económico con el dinero de los contribuyentes y con una elevación de la deuda pública sin precedentes.

A la crisis financiera mexicana, le siguió la crisis financiera rusa en 1997, en 1998 estalla la crisis financiera en Brasil, en 1999, se vislumbra la crisis en Argentina y la crisis del internet, o de la burbuja puntocom. Para el año 2000, la economía norteamericana se desacelera hasta que en 2008 estalla la crisis en ese país con todo su potencial destructivo contaminando a los países en Europa donde estalla la crisis en el 2011. El resultado de esas recurrentes crisis son gobiernos endeudados hasta el tuétano.

El capital sigue su curso y en el 2003 estalla nuevamente la crisis bancaria en los Estados Unidos, entre otras cosas, acelerada por las subidas de las tasas de interés provocada por los bancos centrales en su intento por reducir la inflación que fue provocada a su vez por los países capitalistas más desarrollados en su necedad de provocar la tormenta perfecta, 1) su necedad de provocar la guerra de Ucrania y Rusia por un lado y 2) mantener la ya prolongada guerra comercial que mantienen con China en una batalla por dominar la economía mundialy finalmente 3) por la crisis económica y  de salud provocada por el coronavirus.

Sin embargo, los gobiernos del mundo se empeñan en seguir salvando el capital. Hoy por hoy, la deuda pública de Estados Unidos equivale aproximadamente al valor de todo su PIB, al igual que España, Reino Unido, Canadá, Francia y otros importantes países del primer mundo.

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