Escrito por: Paola Fuentes

 

Y aquel que esté dormido en su buena cama, en su dulce cuarto caliente, se despertará desnudo en un piso azulado, en un bosque de vergas zumbantes, erguidas, rojas y blancas, hacia el cielo, como las chimeneas de Jouxtebouville, con grandes testículos medio salidos de tierra, velludos y bulbosos, como cebollas. (Sartre, p. 233).

 

Lo anterior es parte de un párrafo de la lectura La náusea, de Jean-Paul Sartre, y es imposible que, desde una lectura superficial, estas líneas no logren conmover a la inmediatez, en primer lugar, debido a su lenguaje erótico o soez y, en segundo, porque pueden generar una experiencia incómoda e incluso rechazo.

Es sabido que la novela filosófica de Sartre explica el existencialismo a través del modo de vida que lleva Roquentin, el protagonista; pero ¿por qué el autor tuvo que hacer uso de lo grotesco para culminar su exposición en relación con la ausencia de sentido de la vida?

La visión grotesca y monstruosa descrita por el personaje de Roquentin constituye una revelación ontológica sobre la realidad porque lo grotesco ofrece una experiencia fuera de la cotidianidad y es planteado desde aquello que los convencionalismos consideran como asombroso y de mal gusto; es un recurso literario mediante el cual Sartre intenta representar una experiencia ontológica. En otras palabras, Sartre recurre a la estética de lo grotesco para expresar literariamente la experiencia ontológica de la náusea.

A través de los diferentes planteamientos del libro, el autor explica que la náusea no se resume a una sensación física, sino a la experiencia que tiene el hombre frente al sinsentido de la existencia. Un ejemplo de ello sucede cuando el personaje de Roquentin se mira al espejo y ve su reflejo como algo feo, no porque lo sea, sino porque se le presenta como algo extraño. De la misma manera, estas imágenes producen extrañamiento porque rompen las categorías mediante las cuales solemos ordenar y domesticar la realidad.

A medida que el autor introduce este lenguaje, también aumenta la incomodidad del lector. En este sentido, puede entenderse que la náusea irrumpe en la conciencia y altera la manera habitual de percibir el mundo. Es decir, el autor intensifica dicha incomodidad cuando afirma en el mismo párrafo: “Y revolotearán pájaros alrededor de estas vergas y las picotearán y las harán sangrar. El esperma correrá lenta, dulcemente, de esas heridas, esperma con sangre, vidrioso y tibio, con burbujitas.” (p. 233).

Por supuesto, la explicación puede ser entendida literalmente como parte de una primera lectura; sin embargo, no puede limitarse a ello sin proceder a la comprensión de las figuras literarias y los símbolos de los que hace uso el autor.

Puede entenderse que la visión grotesca de Sartre constituye una revelación ontológica del ser porque estos elementos eróticos pueden interpretarse simbólicamente como la materialidad brutal de la existencia; es decir, las imágenes grotescas materializan literariamente la realidad luego de haber experimentado la náusea. El autor hace explícita esta descripción para representar, a través de ella, que la contingencia de la existencia alcanza a todos los existentes.

Esta experiencia muestra la realidad sin las categorías ya establecidas; por eso el autor hace énfasis en lo «desnudo»: un estado posterior a la experiencia de la náusea o un «despertar», como se expresa en la primera cita textual, el mismo que Roquentin ya ha experimentado al reflexionar en torno a la existencia.

Se podría decir que el autor recurrió a lo grotesco como herramienta no sólo para culminar su explicación de la náusea, sino porque resulta ser el recurso literario propicio para detenernos a reflexionar en torno a la existencia y a su planteamiento filosófico.

Referencia: Sartre, J.P. (1970) La Náusea. EDITORIAL EPOCA. EDESA

Deja un comentario

Trending

Descubre más desde Periódico Revueltas

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo