
El concepto[1] fue desarrollado por Gramsci, principalmente en los Cuadernos de la Cárcel y está vinculado al de hegemonía. Puede ayudarnos a comprender la situación actual de la lucha de clases en México, en tiempos de la “4T”, y reivindicar el carácter revolucionario del pensamiento del teórico italiano.
Actualmente en México, existen distintas luchas: por el territorio, por el agua, por la jornada laboral de 40 horas y en general por mejores condiciones laborales, en contra de la especulación inmobiliaria y la gentrificación, por las personas desaparecidas, por mejores universidades públicas y un largo etcétera. No obstante, estas se encuentran dispersas, disgregadas, sin una “fuente de vínculos” (el proletariado) como lo llamara el propio Gramsci.
En cambio, existe un proceso de “pasivización” de las masas de subalternos que se ha afianzado con la “4T” a través de distintos procesos: la entrega de apoyos sociales; la “movilización” [desmovilización] de la población desde el Estado-gobierno mismo bajo ciertos parámetros y la represión y descalificación a la organización social que sale de los esquemas impuestos por la misma “4T”.
¿Qué es una Revolución pasiva?
Es una abstracción históricamente determinada, pero también “canon de interpretación histórica” que permite entender la lucha de clases y la hegemonía como una totalidad. El concepto hace referencia a dos momentos históricos de la construcción de la hegemonía burguesa: el de su ascenso al poder y el de su crisis. Y, al mismo tiempo, desentrañar la praxis de las clases subalternas o dominadas.
La dialéctica revolución-restauración
Revolución pasiva puede ser entendida como un proceso de revolución-restauración:
En su ascenso y consolidación como la clase social hegemónica, la debilidad de la burguesía o su miedo a desatar el “terror jacobino” de las clases dominadas, la lleva a aliarse con las clases sociales que debería destruir: terratenientes, aristocracia, etc.
En su momento de crisis, cuando surgen el (o los) sujetos que disputan su hegemonía, incorpora las demandas de las clases subalternas mediante un “reformismo atemperado” que permita pasivizar, o sea, desmovilizar a los dominados para continuar con la acumulación de capital.
Tranformismo
Para mantener su hegemonía, la clase capitalista incorpora de manera “molecular” a intelectuales, grupos enteres de radicales y cuadros demócratas-liberales, restando así fuerza a la organización de las clases subalternas, principalmente a lo que podría constituirse como su vanguardia.
Para Gramsci, se trata de un proceso en el que la “tesis” (la clase capitalista) engloba, para sobrevivir, a la antítesis (clases dominadas).
La intención sería “desnaturalizar al adversario”, difundir su hegemonía en las masas para que estas se encuentren pasivas ante las reformas que desde el Estado implementa la burguesía para evitar las crisis que para Gramsci viene determinada por la tendencia decreciente de la tasa de ganancia.
Para Gramsci, la revolución pasiva no sólo hace referencia al ámbito económico de la hegemonía, sino al político-cultural también. Así, la burguesía incorpora las “banderas” del sujeto histórico que se le presenta como antagonista, aquel que está llamado a competir por la hegemonía.
El estado como un absoluto racional
Como la debilidad de la burguesía le impidió difundir ella misma su hegemonía, o sea, hacer pasar sus intereses como los intereses de toda la sociedad, el Estado aparece como la mediación desde donde se propaga la hegemonía burguesa.
De tal forma que la contradicción capital-trabajo se oculta tras la de gobernantes-gobernados. En consecuencia, los intelectuales funcionarios y burócratas asumen al Estado-gobierno como un “absoluto racional”,
¿Cuáles son las condiciones en México?
Autores como Enrique Semo[2] o Edward David Morton[3] ubican distintos procesos históricos en México como revoluciones pasivas. Para Semo lo son: las reformas borbónicas, porfirismo, neoliberalismo, mientras que para Morton se trata de un proceso más o menos continuo en el siglo XIX: revolución, cardenismo, desarrollismo y neoliberalismo.
Siguiendo la idea de ambos autores respecto al neoliberalismo como una Revolución pasiva, y contrastando la realidad de la “4T”, que implicó una continuidad tanto en el impulso de proyectos y políticas “neoliberales”, como de la pasivización de la población, podría identificarse este momento histórico como una Revolución pasiva.
En ese sentido es necesario profundizar en el análisis y entender el carácter de clase de la “4T”, como representante de los intereses de los capitalistas y al “neoliberalismo” como una forma de acumular capital dentro del capitalismo.
O sea, que lo que está en juego es la lucha de clases y la forma que adopta en este periodo histórico en México. Es la construcción de la hegemonía burguesa que no pudo sostenerse sólo con la represión y tuvo que incorporar demandas de los subalternos para repartir dádivas o incorporar mecanismos “democráticos” como las consultas, revocación de mandato o la reforma judicial.
Todo para que la acumulación de capital continúe. Muchos proyectos que el “neoliberalismo” tenía pausados se han podido llevar a cabo con la 4T porque ha conseguido ese mínimo de consenso, de pasivización, que le hacía falta al neoliberalismo, pero con la misma dosis de represión que éste.
[1] Para este artículo se retoman planteamientos de Gramsci y del libro de Dora Kanoussi y Javier Mena “La revolución pasiva: una lectura a los Cuadernos de la Cárcel”.
[2] Semo, E. (2003). Revoluciones pasivas en México.
[3] Morton, A. (2017). Revolución y estado en el México Moderno.





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