En The Sunday Times, periódico inglés, la periodista Louise Callaghan publicó el artículo titulado “Dentro de un pueblo mexicano donde las niñas son «vendidas desde el momento en que nacen»”[1] haciendo alusión a la trata de personas, principalmente mujeres y niñas, que prevalece en Tenancingo, Tlaxcala.

En el artículo narra lo inenarrable:

“Se las llevan y las obligan a prostituirse, donde son violadas por hasta diez hombres al día.”

Aduce que los padrotes enamoran a sus víctimas para después manipularlas y obligarlas a prostituirse, además de que tienen hijos con ellas para utilizarlos como rehenes; o que simplemente, las víctimas son secuestradas, ya que actualmente la trata está vinculada con el narcotráfico, lo que ha hecho que la forma en la que los padrotes obtienen a sus víctimas sea aún más violenta y abierta.

Asegura también que hay corrupción de las autoridades locales que permiten que la trata sexual se desarrolle como si fuera una actividad económica legal, donde en Tenancingo se ha vuelto una cuestión casi cultural, en la cual participan familias enteras en una actitud abierta de total impunidad.

Menciona, tras realizar una entrevista a un padrote, que las mujeres y niñas tienen un periodo de “rentabilidad” de tres años, o hasta que quedan embarazadas, para después ser desaparecidas.

Y también, tras realizar una entrevista a una mujer dedicada a prevenir la trata de personas en Tlaxcala, que la trata sexual inició en ese territorio entre 1950 y 1960, en plena industrialización del país, cuando “muchos hombres de Tlaxcala emigraron a ciudades de México para trabajar en fábricas. Allí vieron cómo se explotaba a las mujeres en la industria sexual y comprendieron lo rentable que era”.

¿Cómo explicar esta monstruosidad?

Una palabra se repite dentro del artículo de Callaghan: la “rentabilidad”; pues la trata sexual existe porque es rentable, existe porque es un negocio.

La trata sexual no es un problema aislado, si no que es una de las tantas formas en las que el capitalismo ha hecho que todo sea una mercancía, incluido el cuerpo de la gente. Si bien es cierto que la prostitución ha existido desde que existe la propiedad privada, en el capitalismo se ha mercantilizado. ¿Pero qué significa la mercantilización?

En el capitalismo, una mercancía es aquella que tiene un valor de uso y un valor de cambio: el valor de uso representa que la mercancía en cuestión, satisface una necesidad; mientras que, el valor de cambio, significa que puede ser intercambiada por otra mercancía, como el dinero.

En el capitalismo la gente se vuelve una mercancía, porque se puede comprar la fuerza de trabajo de un obrero por un determinado tiempo para producir, es decir, la capacidad que tiene un trabajador para crear, es adquirida por el capitalista a cambio de un salario.

La acción humana puede tener precio en el capitalismo por una condición muy específica: la libertad económica del obrero, es decir, el obrero no tiene nada que lo ate porque fue despojado de todo. No tiene tierra, no tiene propiedades, no tiene un taller, no tiene absolutamente nada, más que su fuerza de trabajo, la cual debe vender al capitalista para poder vivir.

Esta condición material en la que el obrero vende su fuerza de trabajo, va permeando la ideología de la gente, en la que se va aceptando comprar y vender algo propiamente humano. Si se liga esto a la prostitución, algo puramente humano, es decir, el cuerpo, es ofrecido como mercancía, el problema no solo está en quien se prostituye sino en quien acepta pagar con monedas la dignidad humana.

El problema de la trata

La mujer proletaria, además de no tener otra cosa que vender más que su fuerza de trabajo, está bajo el yugo de su marido, por lo que su posición es aún más desfavorecida.  Dice Alejandra Kollontai en su discurso “La prostitución y cómo combatirla” que, la prostitución tiene su raíz en la economía:

“Podemos por tanto enumerar como factores causantes de la prostitución: los salarios bajos, las desigualdades sociales, la dependencia económica de la mujer respecto al hombre, y la mala costumbre por la cual las mujeres esperan ser mantenidas a cambio de favores sexuales en vez de a cambio de su trabajo”.

La prostitución entonces es un problema no solo social, sino también económico, tiene su origen en la posición económica de la mujer, en la pobreza, en la marginación, en la falta de acceso a la educación, a la salud, a la vivienda, a las necesidades básicas. Una mujer no se prostituye nada más por una decisión, sino por una necesidad.

Ahora bien, cuando no solo las condiciones materiales obligan a alguien a prostituirse, sino que es directamente otra persona quien lo hace, aparece la trata sexual. En este fenómeno existen figuras como padrotes o madrotas que, a través de la manipulación, la mentira o la fuerza, obligan a mujeres, hombres, niñas y niños a prostituirse.

La trata sexual de personas es un negocio que se hace a costa de la vida de la gente, y es un problema de clase. Las víctimas de trata sexual, son en su mayoría, personas pobres. Es la clase social desposeída de la cual son robadas las personas para obligarlas a ser prostituidas, por lo que también es un problema nacido del sistema económico capitalista.

Es el capitalismo el origen y la causa de que esta atrocidad pueda existir, porque, por un lado, las relaciones sociales están dadas de tal forma que se puede mercantilizar un cuerpo y por el otro, millones de gentes están en condiciones de miseria, por lo que se convierten en presas fáciles para la trata sexual.

Tenancingo es solo una expresión de este problema, pero no es el único, lamentablemente miles y miles de gentes son víctimas de la trata sexual en nuestro país todos los días.

La existencia de la trata sexual es una razón más para luchar en contra del capitalismo.

¡Por un mundo donde no exista la trata sexual ni la prostitución!

[1] Véase “Inside Mexican town where girls are ‘sold from moment they’re born” en https://www.thetimes.com/world/latin-america/article/mexican-town-sex-trafficking-capital-girls-sold-x236xkfbt

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