Escrito por Ángeles Tepox Vivar

Los aranceles impuestos de manera unilateral por parte de EE. UU., la Unión Europea y México son una estrategia conjunta— compuesta por otros elementos más— para participar en la repartición de la plusvalía que se produce a nivel global y de reducir el poder que China ejerce a nivel económico.

Aunado a esa política arancelaria, EE. UU. pretende monopolizar recursos estratégicos para la producción mundial, al ubicarse en puntos neurálgicos de las cadenas globales de suministro para ser partícipe de la plusvalía.

‘Por la fuerza’ no quiere decir que antes no se usara la violencia para arrancar ese excedente, más bien se profundiza y radicaliza aún más la violencia y el nivel de despojo que caracterizan al capitalismo.

De manera que no solo hablamos del capitalismo en general, sino de su fase imperialista que implica la dominación fascista de la economía. Esta dominación implica en los hechos “(…) asumir el control omnímodo de los países dependientes, con el fin de extraer de ellos la mayor cantidad posible de excedente económico. (…)” (Cueva, 2013).

Así, la política económica fascista de EE. UU. es completamente coherente y utiliza al resto de países y bloques económicos, sobre los que aún ejerce influencia, para colocarse en nodos estratégicos de la producción y distribución para, desde ahí, apropiarse del excedente que se produce a nivel global.

Usa el poder político y monetario— a través del dólar— sobre economías en las cuales se asientan sus firmas para obtener ganancia a través del intercambio comercial con China.

Para comprender la coherencia de la política fascista— que en apariencia se presenta como una serie de hechos inconexos—empecemos por identificar a la principal economía en términos de la producción.

Más allá de las estadísticas cuchareadas y a modo que posicionan a EE. UU. como el ‘líder’ de la economía mundial, en realidad hay un grupo de países que se disputan la preminencia en la producción: EE. UU., China, Alemania y la India.

Alemania y EE. UU.

De ese conjunto de países, tanto la economía gringa como alemana presentan características típicas de crisis, y en el mejor de los casos recesión. Más allá de los números, este comportamiento demuestra que ninguna de las dos economías tiene la capacidad material para sostener la expansión del capital ni dentro de su territorio, mucho menos a escala global.

Por ejemplo, a Alemania—resultado de enzarzarse en el conflicto ruso-ucraniano— le significó disparar sus costos energéticos, razón por la cual es muy dispendioso producir en este país, y sumémosle el hecho de que el suministro energético tiende a ser inestable. Definitivamente las relaciones energéticas con los rusos eran mucho más fiables y baratas: justo la energía era un componente clave en la competitividad de la economía alemana.

A la par, la organización económica de Alemania, centrada en las exportaciones ha perdido terreno frente a otros competidores. En el caso de la industria automotriz, los alemanes lidereaban esta manufactura a nivel de toda Europa, contrapunteándose con los japoneses, pero a final de cuentas ocupaban un lugar central en el mercado global. Con la emergencia de China en la producción de autos, esa predominancia se ha visto socavada.

En suma, Alemania, en mucho derivado de su política de subordinación a EE. UU., se encuentra limitada para disputarle la preminencia en la industria automotriz a los chinos. Los alemanes han perdido importantes cuotas del mercado chino, es decir no están vendiendo sus autos en esta nación asiática.

A la par, los chinos están desarrollando tecnología, no son ‘armadores’ de autos y nada más; así que los alemanes no solo no pueden competir en el corto plazo, tampoco lo harán más adelante.

Por otro lado, EE. UU. desde hace ya varios años dejó de tener un papel preponderante en la producción. Precisamente, trasladar la producción que se efectuaba en territorio gringo a otros países con menores costos, detonó un proceso de desindustrialización en su territorio que no se corrige con aranceles, ni con medidas coyunturales.

En otras palabras, es un problema histórico y estructural, sobre cómo se organiza esa economía; y eso último es clave para México, porque jugamos un papel central en la expansión y transnacionalización de la economía gringa.

Para muchos economistas burgueses proimperialistas, EE. UU. no se desindustrializó, más bien, dicen se transnacionalizó. Es decir, no produce en su territorio, pero a través de sus inversiones en otros espacios— como México y la misma China—contribuye a la producción mundial: ergo, es una potencia industrial a nivel global. Este razonamiento es falaz, en tanto que parcializa y reivindica una superioridad económica que tiene pilares muy frágiles.

A ese respecto, EE. UU. ha sufrido importantes cambios no solo en el nivel de producción manufacturera, también en el nivel de empleo de esta esfera. El empleo en el sector manufacturero estadounidense alcanzó su punto máximo en 1979 con 19,5 millones de empleados, se situó en poco más de 17 millones en 2000 y desde entonces ha descendido a aproximadamente 13 millones en enero de 2023.

En términos relativos, el porcentaje de trabajadores empleados en la industria manufacturera se ha reducido a más de la mitad desde 1980, al igual que su participación en el producto interno bruto (PIB) entre 1978 y 2018 (U. S. Bureau of Labor Statistics, 2026).

Esas cifras son un indicativo claro, por un lado, del nivel de explotación y apropiación de plusvalía y, por otro, de los niveles de desempleo y, con ello, del potencial de una crisis social. Revisemos algunas cifras, las empresas manufactureras estadounidenses—asistidas por robots industriales y otras mejoras en los procesos— han logrado aumentar la producción con menos trabajadores.

La industria siderúrgica estadounidense, por ejemplo, tuvo una producción un 14 % más alta en 2018 que en 1980, incluso cuando el empleo durante el mismo período se redujo de casi 399, 000 trabajadores a 83, 000 (Grabow, 2023).

Aunado a problemas de empleo, también el nivel de vida no es un indicador positivo. Se estima que las familias estadounidenses han sufrido en los últimos años un duro golpe al bolsillo, con un aumento del gasto promedio anual de entre 2,500 y 4,300 dólares, este incremento podría representar hasta un 5.6% de los gastos promedio de los hogares (IMCO, 2025).

Es decir, la aplicación de aranceles tiene un alto costo social, los consumidores de a pie son los que tienen que absorber los incrementos derivados del encarecimiento de las mercancías, a raíz de las medidas arancelarias.

En suma, tanto en el caso de las familias, así como de los mismos capitalistas, los aranceles a nivel nacional implican un mecanismo que apuntala la concentración y centralización del capital.

En el caso de los hogares de la clase obrera entran en un proceso de caída libre hacia la pauperización absoluta. Y los capitalistas también, en sintonía con la máxima de la “selección natural”, como señala el maestro Cueva: solo sobreviven los estratos empresariales ‘internacionalmente competitivos’. Una reducida facción burguesa local (nacional) logra integrarse a la esfera monopólica a nivel global (Cueva, 2013).

Ambos componentes, desempleo y pauperización, son esenciales para el caldo de cultivo del fascismo. Por esa razón, no hay una guerra civil aún en territorio gringo para purgar al sistema político. La gente en EE. UU. está idiotizada y aterrorizada por esa caída libre de pauperización. Por ende, hay una base social amplia que sostiene al gobierno de un pederasta y asesino, como lo es Trump.

China y la India

El peso económico y demográfico de China y la India constituyen los pilares de un importante epicentro de gravitación económica. Ambas naciones se ubican como principales productores de mercancías, y a la vez, son importantes centros de consumo.

Nuevamente—tomando con pinzas los datos porque son publicados por medios proyanquis—varias estimaciones plantean que la Unión Europea ha sido desplazada, por China y la India, en cuanto a la contribución a la producción global.

Por ejemplo, para 2025, la India contribuyó con el 3.5% a la producción global (US$4.1 billones), colocándose como la quinta economía, pero disputándose de manera enconada el lugar con los japoneses, quienes, según estas estimaciones, ostentaron un 3.7% de la producción global, algo así como US$4.2 billones (Austin Rating, 2025, citado en Bloomberg Línea).

Vale destacar que la India, en términos de estas cifras, ha superado a países como Reino Unido (US$3.9 billones), Italia y Rusia (US$2.5 billones, respectivamente); e incluso a Canadá, quien ocupó el décimo lugar con 1.9% de la producción (US$2.28 billones).

Los primeros lugares fueron ocupados por EE. UU. (US$30.6 billones), China (US$19.4 billones) con un 26.1% y 16.6% de la producción global, respectivamente. Y en tercer lugar se ubicó Alemania con un 4.3% del total (US$5 billones) (Austin Rating, 2025, citado en Bloomberg Línea).

Además de sus altas tasas de crecimiento de producción, la India implementó una serie de tácticas enfocadas, entre otros aspectos, en el impulso de la manufactura. Por ejemplo, en 2014, se implementó el programa ‘Hecho en la India’ y un año después, se desarrolló un esquema de exportaciones para fomentar el envío de esas mercancías elaboradas en dicho país.

La India se posiciona—según los expertos en el tema— como un líder internacional en la industria aeroespacial, automotriz, biotecnológica, farmacéutica, energías renovables, tecnologías de la información, textiles y producción agrícola.

Aunado a esto, el Fondo Monetario Internacional (FMI) proyecta que, en 2028— si se mantienen la proyección de 6.5% de crecimiento del PIB— la India destronará a Alemania como la tercera economía más importante en el mundo (Newsroom Infobae, 2026) (Delgado Muñoz, 2025).

Por otro lado, China es considerada la fábrica mundial. Es decir, más allá de los dimes y diretes de la medición, el país asiático se posiciona como dominante en diversas ramas de la producción y en especial de industrias estratégicas.

Tienen no solo una importante maquinaria industrial, también ostentan un programa económico centrado en el desarrollo de ‘industrias emergentes estratégicas’. Dichas industrias comprenden un grupo de siete sectores: conservación de energía y protección ambiental, información, biología, fabricación de equipos de alta gama, nuevas energías, nuevos materiales y automóviles de nuevas energías (Xiaoming, Weijie, & Di, 2025).

Asociado a incentivar industrias estratégicas, China orienta su desarrollo económico centrado en la calidad, y no solo en la cantidad de mercancías elaboradas. El Consejo de Estado de China publicó dos esquemas[1], en 2006 y 2008, con el objetivo de convertirse en un país ‘orientado a la innovación’ para 2020 y como ‘potencia científica líder’ para 2050.

El propósito de dichos programas es mejorar la capacidad de China para crear, utilizar, proteger y administrar propiedad intelectual. Esto sugiere que la economía china entra en una nueva era de desarrollo enfocada en la calidad y la innovación (Xiaoming, Weijie, & Di, 2025) (Xinhua Español, 2023).

Por último, se puede identificar que mientras las otrora potencias industriales están en caída libre, China y la India se encuentran ya lidereando áreas centrales de la economía global. Esto también— sobre todo en el caso de China—da pauta a entender la política prácticamente parasitaria que está implementando EE. UU., en tanto que pretende apropiarse de una parte de la plusvalía global, a través de los aranceles y diversos programas para monopolizar los recursos estratégicos.

Si bien la relación de competencia económica entre China y la India exige un análisis aparte, podemos afirmar que histórica y geopolíticamente han sido abiertamente hostiles: se asumen como rivales. La India se ve así misma una potencia regional indiscutible, pero también se asume con capacidad de ser hegemonía a nivel global (Brzezinski, 1998).

La India es el Estado más poderoso del sur de Asia, convirtiéndose en un centro gravitacional de sus vecinos del Océano Índico. Conjuntamente, es una potencia nuclear semisecreta, no solo con el objetivo de intimidar a Pakistán, sino sobre todo para equilibrar la posesión de un arsenal nuclear por parte de China (Brzezinski, 1998). En suma, la India puede, dependiendo de sus intereses, jugar como un contrapeso de China, no necesariamente como un aliado estratégico.

Guerra arancelaria como medio de apropiación

Resultado de la misma dinámica de la economía global— y de la ahora menospreciada desterritorialización de la producción y liberalización del comercio—, China controla áreas estratégicas de la economía mundial, actividades que son las trincheras donde aún existe cierto dominio gringo ¿Cómo podemos saber qué áreas son esas? Básicamente a través de los aranceles que EE. UU. y sus subordinados están imponiendo.

Entonces, más allá de la retorica de los ministros y gobernantes, necesitamos enfocarnos en sus acciones. Veamos el caso de Canadá. En la reunión de Davos del pasado enero del 2026, propios y extraños alabaron el discurso del primer ministro de Canadá, según esto por su posicionamiento a favor de la soberanía de dicho país; sin embargo, veamos los hechos: la política económica canadiense bloquea la expansión china en el continente americano.

Comencemos por señalar que los aranceles—en su acepción más general— es considerada como una de las formas más antigua de política comercial y ha sido utilizada como una fuente de ingresos para el Estado.

Por ejemplo, en el caso de la economía gringa, hasta antes de la introducción del impuesto sobre la renta, el gobierno obtenía la mayor parte de sus ingresos a través de los aranceles (Krugman & Obstfeld, 2006).

Entonces, los aranceles son— además de ser una fuente de ingresos— un mecanismo para proteger sectores nacionales concretos. Por ejemplo, a principios del siglo XIX, el Reino Unido utilizó las Leyes de Cereales (Corn Laws) para proteger su agricultura de la competencia vía importaciones (Krugman & Obstfeld, 2006).

Actualmente, EE. UU. junto con sus aliados, intentan a través de esa política arancelaria, mantenerse atrincherados en esas áreas y bloquear el desenvolvimiento productivo chino: es pues una contención económica.

EE.UU. impuso— en una línea no solo similar, sino que coordinada con la de México— aranceles a una serie de mercancías canadienses: autos, acero, aluminio, madera, entre otros. Descartando el caso de la madera, en esas tres mercancías—autos, acero y aluminio—los chinos son los principales productores y exportadores a nivel mundial. Es decir, esos aranceles en realidad se aplican para quien sí produce y en este caso es China.

Por lo tanto, esos aranceles son un mecanismo, completamente violento y sin sustento competitivo o productivo, para limitar la producción china y para, a la vez, incentivar la producción canadiense y, por extensión, la gringa.

Esta es una autentica competencia desleal, a través de mecanismos comerciales se intenta disputar la preminencia económica, pero siendo estrictos están limitando la producción global. Y además esos mecanismos no respetan la institucionalidad que el propio libre comercio—impuesto por la fuerza a mano de los neoliberales—construyó y constituyó a lo largo de estos 30 años.

Monopolización de las cadenas de suministro de materiales críticos

Ahora bien, además de la política arancelaria, EE. UU. ha anunciado una serie de acuerdos bilaterales y mecanismos multilaterales con 54 países (La Jornada, 2026), en los que se establece— de facto o de jure—el control de recursos estratégicos, como el petróleo y el litio.

Los gringos han planteado, a ese respecto, la importancia del continente americano como el epicentro de su estrategia para monopolizar el suministro de minerales críticos y reducir la preponderancia de los chinos y sus aliados en estas cadenas.

Durante una conferencia de prensa realizada el pasado 11 de febrero del 2026, el subsecretario de Estado para Asuntos Económicos, Energéticos y Comerciales, Caleb Orr, declaró que “las Américas son cruciales” para la seguridad de estas cadenas, toda vez que dicho territorio concentra reservas importantes de litio, cobre, tierras raras y otros insumos estratégicos (La Jornada, 2026).

Dicho subsecretario señaló que esos acuerdos cuentan con la participación de Argentina, Brasil, Bolivia, Canadá, República Dominicana, Ecuador, México, Paraguay y Perú. Washington firmó acuerdos, con Argentina, Ecuador, Paraguay y Perú, encauzados a favorecer la inversión en minería, procesamiento y reciclaje.

Asimismo, notificó el lanzamiento del Foro sobre Participación Geoestratégica en Recursos, que sustituye a la anterior Alianza para la Seguridad de los Minerales (La Jornada, 2026).

Esos acuerdos son un mecanismo que les permite, a los gringos, tomar una parte de la producción y, por ende, de la plusvalía. EE. UU., como otras potencias en decadencia, se mueven a áreas que puedan controlar como el inicio del proceso de producción, a través del control de las materias primas.

A ese respecto, México y Canadá tienen el vergonzoso mérito de hacerle el trabajo sucio a los gringos, al aplicar aranceles sobre productos chinos sin ninguna justificación. Como los gánsteres que nunca han dejado de ser, los gringos se disputan la plaza, en este caso el continente americano, e impiden el desembarco de inversiones y mercancías chinas, en especial de los materiales estratégicos como el litio o el cobre, por citar una par de ejemplos.

Precisamente, a principios de febrero del 2026, el gobierno vendepatrias de Sheinbaum anunció que nuestro país firmará un acuerdo multilateral sobre minerales críticos en el que participarán EE. UU., Canadá, Japón y la Unión Europea. En esencia, más que una negociación, es una entrega pactada del litio de los mexicanos a Washington.

Mediante normas regulatorias para la minería, procesamiento o comercio de materiales críticos y financiamiento, se intenta excluir a los chinos, pero favorecer de manera tramposa a los gringos. Entonces no solo se está legalizando, también se está legitimando el despojo de recursos nacionales para la irracional tarea de fortalecer a una economía en franca decadencia.

A modo de cierre

Hoy día, atestiguamos una reorganización de la economía a nivel global esencial para tiempos venideros. Somos testigos de la caída de la economía gringa, otrora joven economía capitalista, considerada como la mejor alumna del nefasto imperio inglés.

Los gringos junto con sus cómplices materializan una política de abierto pillaje y agandalle no solo de China, como principal productor de mercancías, sino de otros países sobre los cuales impone su interés. México es una de esas naciones, que con amplios y estratégicos niveles de minerales clave para la producción global, en lugar de sentarse directamente en la mesa del comercio mundial a negociar por sí mismo, se subordinan a la política imperialista gringa.

No obstante, este gobierno de la 4T está peor que los otros: no solo es entreguista, tecnócrata y represor, materializa una peligrosa legitimidad a favor de medidas que contravienen a los principios de soberanía nacional y autodeterminación. No solo operan los intereses económicos gringos, realizan un amplio trabajo de adoctrinamiento para legitimar el despojo.

 

Bibliografía

Austin Rating. (13 de diciembre de 2025). Dos países de Latinoamérica, entre las 20 mayores economías del mundo 2025. Obtenido de Bloomberg Línea: Lea más: (Dos países de Latinoamérica, entre las 20 mayores economías del mundo en 2025) https://www.bloomberglinea.com/economia/dos-paises-de-latinoamerica-entre-las-20-mayores-economias-del-mundo-en-2025/

Brzezinski, Z. (1998). El gran tablero mundial. La supremacía estadounidense y sus imperativos geoestratégicos. Madrid: Paidós.

Cueva, A. (2013). Autoritarismo y fascismo en América Latina. Centro de Pensamiento Crítico.

Delgado Muñoz, R. D. (julio de 2025). El ascenso de la India como la cuarta economía más grande del mundo. Obtenido de Forening Affairs Latinoamérica : https://revistafal.com/el-ascenso-de-la-india-como-la-cuarta-economia-mas-grande-del-mundo/

Grabow, C. (octubre de 2023). The Reality of American «Desindustrializations». Obtenido de CATO Institute web site: https://www.cato.org/publications/reality-american-deindustrialization

IMCO. (enero de 2025). El impacto de los aranceles en la economía de América del Norte. Obtenido de IMCO web site: https://imco.org.mx/el-impacto-de-los-aranceles-en-la-economia-de-america-del-norte/

Krugman, P., & Obstfeld, M. (2006). Economía Internacional. Teoría y práctica. Madrid: Pearson Educación.

La Jornada. (13 de febrero de 2026). Minerales críticos no están en negociación, resalta Sheinbaum. Obtenido de La Jornada sitio web oficial: https://www.jornada.com.mx/2026/02/13/economia/014n2eco

Newsroom Infobae. (23 de enero de 2026). El FMI y el Gobierno indio certifican en Davos que India será 3ª economía mundial en 2028. Obtenido de Infobae sitio web: https://www.infobae.com/espana/agencias/2026/01/21/el-fmi-y-el-gobierno-indio-certifican-en-davos-que-india-sera-3-economia-mundial-en-2028/

S. Bureau of Labor Statistics. (2026). Employment Situation . Obtenido de U.S. Bureau of Labor Statistics web site: https://fred.stlouisfed.org/series/MANEMP

Xiaoming, Z., Weijie, L., & Di, X. (marzo de 2025). Strategic emerging industries and innivation: Evidence from China. International Review of Economics & Finance, 98. doi:https://doi.org/10.1016/j.iref.2025.103858

Xinhua Español. (07 de marzo de 2023). China mejorará mecanismo de gestión de derechos de propiedad intelectual. Obtenido de Xinhua Español sitio web: https://spanish.news.cn/20230307/ddfe2051cffa411a92a8179a2c622018/c.html

[1] Los programas a los que se hace referencia son: Esquema del Programa Nacional de Desarrollo de Ciencia y Tecnología a Mediano y Largo Plazo (2006-2020) en 2006; y el Esquema de la Estrategia Nacional de Propiedad Intelectual en 2008.

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