La teórica marxista Rosa Luxemburgo fue brutalmente asesinada un 15 de enero de 1919, tras encabezar el levantamiento obrero de enero en Berlín, Alemania. Hoy la recordamos como un referente imprescindible por la lucidez de su análisis sobre la fase imperialista del capitalismo, cuya vigencia resuena con más fuerza en la actualidad.

Al igual que Lenin, Rosa Luxemburgo desplegó su pensamiento teórico en el momento en que el capitalismo ingresó plenamente en su fase imperialista, marcada por la existencia de potencias que se repartían el mundo y por una dinámica de expansión que conduciría a la Primera Guerra Mundial.

Fue en ese contexto que Rosa Luxemburgo llegó a una de sus conclusiones centrales: el capitalismo necesita abrirse paso a escala mundial, colonizar, conquistar y reproducir de manera constante la violencia con la que surgió, es decir, la violencia propia de la acumulación originaria.

En la actualidad, Estados Unidos, principal potencia imperialista, atraviesa una posición crítica y ha impulsado nuevas guerras abiertas con el objetivo de disputar aquellos espacios donde sus capitales ya no pueden reproducirse ni extraer ganancias.

Por ello, resulta imprescindible revisitar el análisis que Rosa Luxemburgo nos legó, para comprender los fundamentos materiales de la expansión imperialista contemporánea, más allá de enfoques meramente culturales, estéticos o discursivos.

En La acumulación del capital, Rosa Luxemburgo desarrolla una crítica a los esquemas de reproducción planteados por Marx en el tomo II de El capital, y concluye que el capitalismo, para reproducirse como modo de producción, necesita expandirse hacia espacios no capitalistas, mediante el despojo, el colonialismo y la destrucción violenta de formaciones económico-sociales previas.

Aunque este argumento fue objeto de debate dentro del marxismo —particularmente frente a la postura de Lenin—, los planteamientos de Rosa Luxemburgo sobre la necesidad estructural de la expansión capitalista constituyen una herramienta teórica de enorme valor para el análisis de la realidad actual.

La teórica marxista alemana señala que la producción capitalista ha sido calculada “sobre la base de la Tierra entera como almacén de fuerzas productivas”, por lo que el capital se ve obligado a recorrer el mundo en busca de medios de producción —materias primas y recursos naturales— indispensables para su reproducción.

En ese sentido, afirma:

“para utilizar productivamente la plusvalía realizada, es menester que el capital progresivo disponga cada vez en mayor grado de la Tierra entera para poder hacer una selección cuantitativa y cualitativamente ilimitada de sus medios de producción”.[1]

Así, el capitalismo —señala Rosa Luxemburgo— requiere tanto de los “tesoros naturales” existentes en todo el planeta como de las fuerzas de trabajo de escala mundial, extraídas de formaciones precapitalistas, para producir más plusvalía y ganancia. De este modo, el límite último de la acumulación capitalista no es interno, sino la propia Tierra y la sociedad humana:

“El capital no puede desarrollarse sin los medios de producción y fuerzas de trabajo del planeta entero. Para desplegar, sin obstáculos, el movimiento de acumulación, necesita los tesoros naturales y las fuerzas de trabajo de toda la Tierra.”[2]

En su expansión, el capital entabla una lucha permanente contra la economía natural, es decir, contra formas económicas no capitalistas de producción; destruye economías de mercancías simples y establece una competencia descarnada por la conquista de los elementos necesarios para la acumulación.

La violencia, como la guerra, la presión tributaria y la baratura de las mercancías son algunas de los métodos de los que se sirve el capital en esta lucha.

“El capital no tiene, para la cuestión, más solución que la violencia, que constituye un método constante de acumulación de capital en el proceso histórico, no sólo en su génesis, sino en todo tiempo, hasta el día de hoy.”

El militarismo, para Rosa Luxemburgo, ha acompañado al capitalismo desde su surgimiento, primero como instrumento de la acumulación originaria para conquistar colonias y apropiarse de medios de producción, y después como “medio de la lucha de los países capitalistas entre sí, por la conquista de territorios de civilización no capitalista”.

Con la Tierra como límite histórico de su expansión, Rosa Luxemburgo explica que el capitalismo es “una contradicción histórica viva en sí misma. Su movimiento de acumulación es la expresión, la solución constante y, al mismo tiempo, la graduación de la contradicción”[3].

Es decir que, siguiendo a Rosa Luxemburgo, los acontecimientos recientes como el bombardeo a Venezuela, el secuestro de su presidente y su esposa; el g3nocidi0 contra el pueblo palestino; los conflictos en Siria, Sudán y otros países, las amenazas constantes de guerra mundial, no son la lucha entre “dictaduras” y “libertad”, contra el “narc0” o el “t3rrorism0”, sino las contradicciones vivas del modo de producción capitalista que requiere expandirse, apropiarse de todo el planeta, para no morir.

[1] Rosa Luxemburgo, La acumulación del capital. Contribución a la explicación económica del imperialismo.

[2] Ibíd.

[3] Ibíd.

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