
Escrito Por “Palestino”
Como en una obra de teatro la pequeña burguesía cobarde histórica y acunadora del fascismo en muchas partes, hoy se da baños de pureza porque “revisa” y “actualiza” los “límites que históricos” que (dicen) “tiene el marxismo”, o sea, eso que los tontos llaman todavía “la crisis del marxismo”.
Si no fuera porque grandes cerebros que llevan estudiando las escrituras sagradas de El Capital, o El Estado y la revolución, o hasta el ¿Qué hacer? Problemas candentes de nuestro movimiento, y tantos textos más que buscan dotar a los obreros de armas para tomar consciencia en su lucha por acabar con el capitalismo, daría risa que todavía hoy alguien siga insistiendo en esa su debacle ideológica de la pequeña burguesía, como si fuera una “crisis del marxismo” lo sucedido en algún momento.
Empero los grandes cerebros que se devanan los sesos por sacar algo de la palabra sagrada, no atinan tampoco a extraer de esos oráculos la respuesta a sus inquietudes, y no porque se ubiquen en el interior de la cueva de Platón. Para el mortal que sea, arribar a estas alturas del pensamiento donde están los dioses de la investigación y de las líneas de pensamiento perfectamente trazadas, sería una pérdida de tiempo empeñarse en ello, porque sin tener qué comer, cómo solventar su abrigo y tener, de alguna manera, asegurada la satisfacción de las necesidades inmediatas, lo demás sale sobrando.
En México pasa lo que pasa como en muchos otros lados, donde el capitalismo es amo y señor de toda la actividad diaria que la gente hace para seguir respirando: trabajo, salud, consumo, diversión, lectura, estudio y demás, se encuentran atadas de una u otra manera a las reglas que establece la acumulación de capital impuesta por los grandes monopolios a través del imperialismo.
Esos nichos (por llamarlos de alguna manera) en que quieren que exista algo distinto a lo anterior (como el llamado mercado justo, el tequio, el trueque, etcéteras) sólo son otras de las muchas ocurrencias para entretenimiento de la pequeña burguesía, tan sólo porque “ir al fondo de los asuntos” resulta demasiado incómodo para sus almitas acostumbradas a no ser “radicales”.
No se trata de que al existir una necesidad en la gente, ella no busque maneras de resolverlas, empleando por ejemplo el intercambio de los productos de su trabajo sin dinero de por medio, y sólo tazando los artículos sobre la base de la costumbre del tiempo empleado (a base del trabajo llevado a cabo o “el esfuerzo de su actividad productiva”) en que se tardan en crearlos.
Que eso y más exista en los hechos como maneras de resolver sus necesidades, es una cosa que se da porque la gente antes que ponerse a hacer alguna chaqueta mental, busca día a día cómo satisfacer sus necesidades materiales. Y lo hace de esta manera muchas veces careciendo de la consciencia respecto de este hecho en sí (significado, repercusiones, etc.), y teniendo en cambio la pura “intuición inmediata del momento” (para dejar de tener hambre, se debe comer, para lo cual se necesita tener un ingreso o dinero con el cual comprar alimentos, etc).
Que de esos (llamados) nichos la intelectualidad o la pequeña burguesía pedante y sulfurosa de sí deduzca “una opción de resistencia ante el capitalismo”, media un largo proceso en que la gente que sobrevive por medio del tipo de intercambio mencionado o empleando alguna otra actividad económica de “resistencia al capitalismo”, lo haga con un propósito específico y distinto al mero sobrevivir.
La gente hace lo que hace para garantizar a sí y a los de su entorno (familia, parientes, el sancho, entenados, etc), la manutención diaria para solventar sus necesidades. Si además lo hace en oposición a coyotes, caciques, empresarios, comerciantes de drogas y personas, mineros, etc., lo más común es que eso lo haga en segundo o tercer plano con este propósito.
Entre el acto de resolver necesidades y hacer esto como acto mediante el cual expresa su toma de consciencia respecto de alguna figura que representa la opresión, la injusticia, el saqueo, el robo de lo que le sirve a la gente para satisfacer necesidades, y así en similar sentido, existen pasos y procesos previos que no ocurren de la noche a la mañana.
Las acciones de la gente para llevar a cabo una toma de consciencia que perdure con el paso del tiempo, al no seguir una ruta única o previamente trazada, se presenta en maneras muchas veces misteriosas para el “investigador social”, ese personajillo que traslada los prejuicios de que está imbuido a los ojos con los que enfoca la realidad a la que se acerca, anteponiendo su anteojera para nomás ver lo que su tonto cerebro lleno de los prejuicios cargados le dice que vea.
No faltan así “investigadores de renombre” que al no poder entender que lo que nomás hace la gente es hallar una manera de satisfacer sus necesidades más inmediatas, nombran estos actos según el molde (“teórico”) en que conciben lo existente.
Por lo mismo, tampoco faltan intelectuales que brillan por su sagaz argumento de lo que pasa hoy en el mundo no es por fascismo sino pura derechización extrema, lo cual no es lo mismo, y por tanto, si se carece de claridad al respecto, se erra el lanzamiento de la lucha a todo vapor, aquí, allá y acullá.
Estas maneras que tiene la pequeña burguesía intelectualizada de concebir lo que pasa según sus prejuicios tiene expresiones dramáticas en que “descubren lo nuevo”, y sorprenden a más de uno que (“aterrado por el avance de la derecha en el mundo”) hace del olvido de las luchas pasadas, el sustento de su memoria en este siglo. No se trata de una “actualización del análisis” lo que viene a hacer falta en los momentos donde “la confusión” creada por el imperialismo, una vez acabados los países socialistas en Eurasia, pero no sólo, pone a más de uno contra la pared.
Si bien es cierto las circunstancias de hoy no son similares a las que existieron en los años 30 del siglo 20, previos al ascenso de movimientos que en su conjunto se catalogaron de fascismo, aunque tuvieron características distintas según el país en que proliferaron, lo que por lo común se llama fascismo es una práctica política (digámoslo así) de violentación extrema de lo humano teniendo como base el individualismo exaltado.
Visto como algo práctico (más que “teórico”) tan fascista puede ser un Trump que intenta amedrentar a cualquier país amenazándolo con las armas, que el mismo Hitler que ponían plazos perentorios (con cualquier pretexto) al país sobre el que desataba su invasión posterior. O tan hijo de puta. Sólo que este último término no sólo aplica para los fascistas.
Porque hijo de puta puede ser un ex Titular del INE que hoy aparece como ideólogo de una partida de “ladrones de cuello blanco” (el cártel inmobiliario que apoya al Titular de Seguridad de La señora presidenta), que relanzan su producto blanquiazul en plena decadencia de “la oposición a la 4T”.
O más hijo de puta, que quizá esta expresión se quede corta, como en el caso del gánster Larrea tenido a sí mismo de empresario minero (no porque los capitalistas deban ser “damas de la caridad”), al que ni los justicieros de la 4T han podido hacer que pague lo que debe y tiene en sus minas (situadas en Cananea, Sombrerete y Taxco) huelgas desde hace 18 años estalladas, que nadie sabe cuándo se resolverán (o si se resolverán, porque tal vez se espera a que se mueran los mineros para concluirlas).
El fascismo como movimiento más que por la definición que se ha hecho para “precisar su contenido y alcances”, representa el medio mediante el cual los dueños del capitalismo monopólico han impuesto su línea de acción, para tener en sus manos los recursos y medios que necesitan a fin de que continue su marcha de acumulación en los negocios que traen a cuestas.
Desde luego, las definiciones de contenido y alcance importan, pero ha sido precisamente este “ardid” lo que ha permitido a la pequeña burguesía intelectualizada servir al fascismo (no sólo al capitalismo) para justificar su presencia según porque “su contenido es exclusivo”.
Tal es el caso del fascismo sionista empleado para exterminar al pueblo palestino, amparándose en su “lucha contra el terrorismo de Hamas” y “la defensa del Estado de Israel”. O el fascismo de Milei que se ampara en reivindicar “con coraje”, “con rabia” la defensa de “la libertad”. O el de Nayib Bukele y sus cárceles “de primer mundo”.
Los ejemplos del “contenido exclusivo” sobran en cada caso que pueda emplearse de referencia. Y sí, su contenido es exclusivo como de exclusiva fue la revolución bolchevique, o el golpe de Estado contra Allende en Chile, o como lo fue (¿y es?) la lucha guerrillera en México con los movimientos identificados con Genaro y Lucio como emblemas. Cada hecho es exclusivo, pero si no tuvieran “un sentido común”, si no compartieran características esenciales entre sí, no habría manera de situarlos (unos a otros) como referencias a considerar.
Ningún afán por comparar para ejemplificar la similitud real o aparente de los hechos es una reproducción del hecho en sí, como no sea su representación, imagen, discurso o análisis para la acción. Se busca explicar para determinar qué hacer frente a lo explicado.
Y a falta de mejor imagen recurrimos a lo obvio, que es la mentira que busca imbuirnos la propaganda imperialista para salir al paso de nuestras múltiples formas cómodas de concebir el mundo: desde hace 2 años presenciamos el genocidio del pueblo palestino, dice una dirigente de las que luchan sin apuro de la solvencia económica para dedicarse a ello. Cualquiera dirá que esto es mera descalificación, pero eso que parece obvio dicho por una “capitana de la flotilla Sumud” es una mentira, porque el genocidio empezó desde hace más de 70 años, y no 2.
Por la “peculiaridad de su contenido”, el exterminio del pueblo palestino ha ido de la mano de separarlo de su territorio e introduciendo en él una forma “moderna” de hacer la convivencia cotidiana. Con las cooperativas promovidas por el sionismo, teniendo al kibutz y al moshav como los ejemplos más difundidos, que combinan vida en común con iniciativas individuales y gestión colectiva, se han extendido en granjas agrícolas y prestación de servicios relacionados con la comercialización y suministro en común, los asentamientos sionistas en territorio del pueblo palestino.
El colectivismo empleado por el fascismo sionista se asemeja al nacional socialismo del fascismo en Alemania, con la “peculiaridad” en el caso alemán de tomar como disfraz al Partido Obrero Alemán y emblemas empleados en las luchas de los obreros, para crear el Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán. El colectivismo del sionismo es el medio para introducir el fascismo mediante kibutz y moshav. El partido obrero fue el medio para introducir el fascismo entre los obreros alemanes.
Precisiones menos escandalosas y que no se salgan de lo que el espíritu combativo de la pequeña burguesía reivindica, para tratar de colarse en la historia que hacen los muertos de hambre, nos trae un “nuevo concepto”: el Común (así, con mayúscula inicial lo pone el intelectual en turno), que “creo es un modo de fortalecer la resistencia y, a la vez, un camino hacia la construcción del mundo nuevo”.
Si en Chiapas con la traición a las comunidades indígenas que se levantaron armas públicamente el 1 de enero de 1994, la proliferación de paramilitares, grupos de choque, provocadores y mercenarios metidos en el comercio de drogas y gente en la frontera con Centroamérica, para no aislarse al haberlas dejado solas por la traición recibida, deben incluir a otras comunidades que no estuvieron en dicho levantamiento, eso es una cosa.
Decir que “el Común es una nueva estrategia o forma de lucha y resistencia”, es decir otra vez lo obvio. Para que no los aíslen y los exterminen, repetimos, las comunidades originarias han hecho mucho a fin de no quedar solas frente al ejército, paramilitares y sicarios. Por eso no les queda más que atrincherarse (le dicen “resistencia” por obviedad, para no hablar de la traición recibida, pues con ello justifican que “resisten los embates del capitalismo”) en donde viven.
Le dicen “el Común” por lo mismo, pues no hablar de lo colectivo significa no otra “nueva propuesta de lucha”, sino introducir una imagen en donde los que pueden utilizar la tierra no sólo sean los que forman parte del (llamado) colectivo. Con “el Común” se pierda todavía más quién es el dueño para que cualquiera lo sea, y de esta manera buscar involucrar a los pueblos originarios que no están con los militares y sicarios, pero tampoco con los de la “digna rabia”.
Ya que otros se crean esta “nueva propuesta de lucha” similar a la “digna rabia”, que reduce “la cuestión” a un asunto del “estado de ánimo” en lugar de las convicciones, o a querer presentar lo colectivo con una palabra distinta (“el Común”) para “confundir al enemigo” y no ser aislados, son ganas de andar de comemierda.
Porque el haber tenido que llegar a esta situación para los pueblos originarios que creyeron en el heroísmo Ramboniano, que arrastraría “al pueblo mexicano” hacia su lucha mediante “un levantamiento armado”, fue algo que, si bien les fue, de enseñanza les quedó algo.
La desarticulación de las luchas de los muertos de hambre por haber confiado en la intelectualidad surgida de la pequeña burguesía ha sido pagada en la historia con creces. En casos como los de México donde el protagonismo peleado por organizaciones disputándose la trascendencia de pasar como héroes en la historia, fue aprovechado para infiltrarlas, provocarlas, hacerles labor de zapa. Esta “debilidad” a no pocos les costó la vida.
El aparato del Estado en México supo hacer lo que le tocaba para lograr que hoy, con el nuevo PRI guinda, se revitalicen las estructuras caciquiles, las prácticas clientelares, los métodos de maiceo de la gente, las viejas alianzas de priísmos locales detrás del eslogan “primero los pobres”. Es ese tipo de política con que el PRI educó a la gente, el sustento para la aceptación del gobierno de La señora presidenta.
El triunfo del sistema de partido de Estado tiene hoy en Morena la herencia dada por el cencuate de “la cuarta transformación”. Los muertos de hambre si acaso como palabra de eslogan aparecen. Mucho menos son “protagonistas de la transformación” sino como receptores de los apoyos dados por el gobierno, mientras les desarticular las organizaciones que, bien que mal, han perdurado durante años. El caso de los normalistas de Ayotzinapa desaparecidos y la lucha surgida para esclarecer su paradero, es tan incómodo para la 4T por lo mismo.
Junto a lo anterior, meter a los militares por todos lados es para crear el “Estado policiaco” o el régimen militarizado acunado con las dádivas en forma de apoyos que adormecen a la gente. Esta práctica política de “fascismo con consenso” es la opción que la cabeza actual de la 4T lleva a cabo aprovechándose de la aceptación tenida por el gobierno de La señora presidenta.
Si con el priísmo del siglo 20 el corporativismo hizo gala de movilización sectorial y acarreo, con el priísmo del siglo 21 heredero de su “nacionalismo” y “autodeterminación de los pueblos”, la participación de la población, ahora individual, sigue sustentada en las viejas prácticas de cooptar y comprar consciencias.
En los estados donde gobierna Morena, son los grupos caciquiles relanzados, con sus relaciones de cochupos, complicidades y componendas para seguir gobernando con nueva máscara política, quienes controlan “las acciones de gobierno”.
Y si en muchas partes de la Tierra la (llamada) derecha se radicaliza y muta en fascismo (es decir, los grupos de población que, enajenados por la propaganda radical del individualismo exacerbado actualizado contra gente de otros países, pobres, chovinistas a ultranza, etc, que sirven de base para “limar asperezas” a través de la violencia), son el medio mediante el que los grandes monopolios buscan rehacer el poder político que antes les facilitaba estar bajo la forma “de democracia”.
Esa tontería de la “crisis de la democracia” es la petulancia de la pequeña burguesía intelectualizada que por este medio le apostaba a “no ser radical”. A buscar una “vía de armonía” para la participación política “sin confrontación” de por medio.
Para los muertos de hambre la única democracia conocida es la que “con cada elección” o cualquier otro medio de “participación política” se les permite seguir en la miseria, esto es, reproducir su situación actual. En la historia material de sus condiciones de vida, la “democracia” los acostumbró a elegir un nuevo verdugo cada determinado tiempo. Ahora ese verdugo les dará la oportunidad de servir de instrumento, además, para “aceptar” la violentación de su situación, por medio de la enajenación extrema inducida por el individualismo que les ha hecho perder hasta la identidad como trabajadores.






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