
Escrito por Jorge Álvarez Méndez
En medio de lo que se presenta como guerra comercial, guerra arancelaria y hasta guerra económica, se ha planteado para el análisis que esta lucha entre China y Estados Unidos tiene como eje el relevo del dólar como pieza clave de la hegemonía imperialista yanqui.
“Y esta nueva etapa de Trump, que primero pone aranceles a todo el mundo, yo creo que tiene como objetivo frenar o mantener el monopolio del uso del dólar como moneda internacional. Y acá yo creo que Trump ha sido lúcido: ha visto un declive comercial de Estados Unidos, un declive tecnológico, un declive logístico, e incluso un declive militar. Y está tratando, en este repliegue, de mantener la última hegemonía que le queda, que es la hegemonía monetaria-financiera”[1].
Queda en consonancia con la teorización de Samir Amin sobre los cinco monopolios del capitalismo, definitorios del “marco en que opera la ley del valor mundializada”[2]:
1) monopolio tecnológico,
2) control de los mercados financieros mundiales;
3) acceso monopolista a los recursos naturales del planeta;
4) monopolio de los medios de comunicación; y
5) monopolio de las armas de destrucción masiva.
De acuerdo con el propio Narvaja, en el monopolio de la tecnología (como muestra toda evidencia) China supera ampliamente a E.U. en toda la línea.
Pero la acumulación de capital no puede descansar exclusiva ni fundamentalmente en el endeudamiento, es decir, en el capital ficticio en forma de deuda soberana, bonos del Tesoro, acciones de las grandes corporaciones o derivados financieros, entre otras expresiones fenoménicas de capital ficticio.
Ello alimenta los circuitos de disposición de capital-dinero, pero la piedra angular, así se trate de una oligarquía financiera y parasitaria, es el desarrollo de las fuerzas productivas que tiende a mercantilizar y a capitalizar aquellas relaciones aun no sometidas o subsumidas formalmente al capital.
Gráfica 1.

En la gráfica 1 se puede comparar el peso de las empresas nacionales que cotizan en bolsa y de empresas extranjeras “que cotizan exclusivamente en una bolsa” [3], por lo que puede compararse la inmersión de las empresas en términos de capital ficticio. De incluirse otras métricas como los derivados financieros, el diferencial en la dimensión del capital ficticio entre China y E.U. sería mucho más grande.
Así y todo, es posible dar cuenta de cómo el imperio se sostiene en montos elevadísimos de capital ficticio, es decir, mera representación de valores sin correspondencia con la acumulación en el capital industrial. Mientras, el gigante asiático se desenvuelve con un acotado y constante volumen bursatilizado.
La reciente caída de las bolsas sólo revela una dinámica de desvalorización de capitales cuya representación en títulos financieros es cada vez más desproporcionada. He ahí la vulnerabilidad de E.U. frente a China. Su actual monopolio del dinero mundial ha entrado en problemas irreversibles. La producción del valor en el régimen de producción capitalista lo es simultáneamente de creación de plusvalía (trabajo no retribuido a sus productores, los obreros). El desfase es enorme y al alza.
Como el capitalismo desde 2007/08 entró en una larga depresión, esta continúa exacerbando sus contradicciones. El fenómeno lo ha teorizado así Michael Roberts, quien ha caracterizado que en la crisis “la eliminación de valores ficticios sirve para aumentar la tasa de beneficio. Al menos en la medida en que los valores ficticios y la carga que suponen para las empresas son eliminados a un ritmo superior a la caída de precios de los activos tangibles. Destruyendo estos valores ficticios se elimina una barrera importante a la inversión. Así, al destruirlos, la economía se fortalece, y el ciclo de capital puede volver a empezar”[4]. (Roberts, 2016).
La caracterización de Mao Tsetung sobre el imperialismo estadounidense como un tigre de papel en lo estratégico es de total pertinencia y actualidad al poner a contraluz este rasgo estructural sobre su dominio asentado en el rentismo parasitario de los valores financieros.
El Gran Timonel proponía en su análisis histórico y geopolítico del imperialismo, que para acabar con el tigre de papel, debía procederse arrancándole cada garra y cada colmillo, uno a la vez. Una de sus más filosas garras había sido su poderío tecnológico, su desarrollo de las fuerzas productivas. Esta roma garra ha sido casi extraída por China.
Un reflejo de este cuadro de rezago tecnológico yanqui frente a China se observa en la llamada innovación. Con relación a solicitudes recibidas en el Sistema internacional de patentes para 2023, 73 812 corresponden a China, 52 940 a E.U., 47 373 a Japón, 38 636 a la Oficina europea de patentes y 22 165 a Corea del Sur.
Si bien, un fundamento económico en la conformación del dominio imperialista de la segunda posguerra fue la entronización del dólar como dinero mundial, ello es un reflejo de la valorización del capital en su densa red de relaciones con otras potencias y para afianzarse como acreedor hegemónico.
A la inversa de las tendencias sobre el indicador sobre capitalización bursátil señalado antes, en la inversión productiva (gráfica 2) el rezago de Estados Unidos es un síntoma de su decadencia.
Gráfica 2.

En ese sentido, dos de los monopolios mencionados están en franco declive desde la órbita yanqui expandida a la Unión Europea. Se torna más dramático el deterioro al dimensionarlo por regiones del mundo: Asia detentó el 55.6 por ciento de patentes contra 21.3 por ciento de América del Norte.
Una tendencia más profunda al coyuntural deterioro comercial, financiero-monetario y tecnológico de Estados Unidos, se revela en su esencial contradicción: las relaciones sociales capitalistas son un obstáculo para el avance de las fuerzas productivas.
Algo más profundo subyace en ello. Los mecanismos de planificación económica socialista de la República Popular de China se traslapan en este tiempo de declive gringo con su crisis económica, pero también crisis de dominación imperialista.
Mientras los monopolios estadounidenses se enfrentan en una loca carrera por monopolizar tecnologías y mercados, para acaparar las invenciones y obtener ganancias extraordinarias en tanto sus competidores no la han incorporado a sus procesos productivos, en China la centralización estatal del excedente presenta rasgos de socialización para ser volcados a inversiones coordinadas en rubros críticos de vanguardia.
Siguiendo únicamente con la información sobre solicitudes de patentes a nivel internacional, Huawei ostenta 6949, Samsung (Corea del Sur) tiene 3924 y la estadounidense Qualcomm presenta 3410. En las diez principales empresas solicitantes de patentes, cuatro son chinas y sólo una es de E.U.
Se manifiesta esto en la fortaleza de las exportaciones manufactureras chinas con respecto al total de las mercancías vendidas al exterior (gráfica 3), en más del 90 por ciento. En el mismo periodo E.U. registró un descenso de 82.3 a 55.6 por ciento en 23 años.
Gráfica 3.

La decadencia del capitalismo como modo de producción que fabrica miseria globalmente apenas despunta en la actual guerra arancelaria y por el monopolio del dinero mundial en ciernes. Por eso la reacción del imperialismo se despliega con guerra (en el terreno estrictamente militar) y a nivel de combate contra los propios pueblos. Lejos de tener que apostar por quien deba encabezar la hegemonía, más bien implica la organización de múltiples formas de combatir al capitalismo.
[1] Perfil. Entrevista a Sabino Vaca Narvaja. «Trump habló a las empresas con el corazón y le contestaron con el bolsillo». https://www.perfil.com/noticias/modo-fontevecchia/sabino-vaca-narvaja-trump-hablo-a-las-empresas-con-el-corazon-y-le-contestaron-con-el-bolsillo-modof.phtml
[2] Amin, Samir. El actual sistema mundial y los cinco monopolios del capitalismo. https://omegalfa.es/downloadfile.php?file=libros/el-actual-sistema-mundial-y-los-5-monopolios-del-capitalismo.pdf
[3] “ […] (es decir, la empresa extranjera no cotiza en ninguna otra bolsa); acciones comunes y preferentes de empresas nacionales; y acciones sin derecho a voto. Las cifras de capitalización bursátil excluyen: fondos de inversión colectiva; derechos, warrants, ETF, instrumentos convertibles; opciones, futuros; acciones cotizadas extranjeras que no sean cotizadas exclusivamente; empresas cuyo único objetivo comercial sea poseer acciones de otras empresas que cotizan en bolsa, como sociedades holding y sociedades de inversión, independientemente de su forma jurídica; y empresas admitidas a cotización (es decir, empresas cuyas acciones se negocian en la bolsa, pero no cotizan en ella)”. DataBak, Banco Mundial.
[4] Roberts, Michael. La larga depresión. Cómo ocurrió, por qué ocurrió y qué ocurrirá a continuación. El Viejo Topo, España, p. 127.






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