
Escrito por: Ana Muñoz de la Torre Fernández
El capitalismo no está en crisis, que nadie se equivoque, está en FASE TERMINAL. Ha entrado en un proceso de descomposición irreversible. No porque se le esté derrotando, sino porque sus propias contradicciones internas lo han llevado a un callejón sin salida. La crisis no es coyuntural. Es estructural, global y permanente.
El sistema ya no puede garantizar ni trabajo, ni vivienda, ni energía, ni alimentos sin generar guerras, miseria, inflación y caos en cadena. Estamos en la fase final del Capitalismo: la fase imperialista aguda, la más violenta y parasitaria. Ya no produce riqueza: la expropia mediante la guerra, el chantaje financiero, la rapiña de recursos y la destrucción planificada. EE.UU. se hunde y arrastra a Europa con él.
Su único proyecto es militarizarlo todo: OTAN, Ucrania, Gaza, Taiwán. El dólar se imprime como papel higiénico y solo se sostiene gracias a la sangre y al miedo. Europa no tiene proyecto ni soberanía. Actualmente, la UE pretende mostrar una posición de confrontación en la guerra económica de EEUU, pero es una falacia.
La UE no tiene ninguna posibilidad de ganar esta guerra, ya que depende energéticamente de EEUU por haber obedecido su hoja de ruta en los bloqueos a Rusia. La UE se pegó un tiro en el pie cuando decidió aplicar estos bloqueos, obedeciendo al Gobierno de Biden. Como consecuencia, la UE depende enteramente del gas licuado de mala calidad de EEUU, tres veces más caro que el de Rusia.
La UE no tiene ninguna opción a la hora de apostar por dejar su vasallaje a EEUU. La UE está acabada, es un hecho materialista. La UE no es un bloque económico ni social: es una oficina colonial que aplica lo que dictan desde Washington. Sin energía propia, sin autonomía tecnológica, sin capacidad diplomática. Solo miseria, inflación y recortes. Los BRICS, aunque heterogéneos, son una respuesta global a esta decadencia del mundo unipolar. No representan aún el socialismo, pero sí una grieta geopolítica en el dominio total del imperialismo occidental.
Cuando el capitalismo caiga (y caerá, y lo veremos caer, que nadie tenga una sola duda) las élites no se van a quedar de brazos cruzados. Tienen preparados sistemas mucho peores: tecnofeudalismo, control digital, monedas programables, represión total y absoluta. Y ahí entra el papel del pueblo. Si no estamos organizados cuando la grieta se abra, ellos construirán el horror sobre nuestras ruinas. Pero si nos preparamos, si tejemos redes, si nos formamos y nos unimos, no podrán con nosotros.
Lo hemos visto a lo largo de la Historia. Ellos tienen los medios: los tanques, los medios de comunicación, los algoritmos. Pero nosotros somos millones.
Y cuando un pueblo se levanta con organización, no hay imperio que lo detenga.






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