
Por Mayaz
“Qué somos mucho”
“El regalo más poderoso de un ser humano para otro es la palabra escrita; con ellas se descubre un nuevo espacio en el espíritu, se abren las alas de la imaginación y se revela la bondad del silencio y de la soledad, ambos nos impulsan a ser mejores seres humanos, a concebir nuestros sueños para el futuro” (pág. 35).
Eso me hizo reflexionar un buen rato, el rugir del motor me devuelve a este mundo de contiendas diarias. No tanto la velocidad del vehículo que es bastante lenta. ¿Qué le dejamos a la humanidad? Una lucha de clases que ya no distinguimos, pero que es bastante clara. La queramos ver o no, sometidos a ella inexorablemente, pero con derecho de decisión para luchar y cambiar lo que acontece.
Somos humanos crecemos aprendemos de lo que vivimos, de lo que perdimos y de lo que ni siquiera supimos que debemos tener. En ello reflexionaba, pero no es tal que tenemos un lugar ya establecido en la tierra. Nel, el sitio que ocupamos socialmente se establece por algo histórico.
Haber nacido del lado de los poseedores o de los desposeídos, quién es cada quien depende de haber estado entre los que despojaron, robaron, heredaron y lograron ser dueños. O aquellos a los que los anteriores se lo hicieron y ello tampoco fue suerte, ni el sufrirlo, ni el ejercerlo.
El tiempo pasa y los que se metieron a acumular, lo han seguido haciendo peleando entre ellos para ser cada vez menos y tener cada vez más. Algunos que no andaban hay se ido metiendo de a poco en poco. Pero larga historia no es menester de hoy.
“Mi yo maestra dice que el tiempo es la duración indefinida de los seres y las cosas, que está sujeto a cambios continuos. El tiempo -diría en mi clase- es un conjunto de todos los elementos, la humedad, la presión, la temperatura, que caracterizan el estado de la atmosfera. El tiempo es el transcurso entre el que una persona nace y muere. El tiempo es pasajero, es la estación del año o la hora a la que está lista la comida que disfruta una familia. El tiempo es inefable, dice el poeta. El tiempo es relativo, dijo el erudito Einstein, por lo tanto, no es lo mismo ir que venir, ni amar hoy que soñar con amar mañana. Hay quien cree que el tiempo vive metido en un reloj y que mirándolo a cada rato aprovecha una mejor vida” (pág. 73).
En dónde anda lo mundano en todo esto. Leyendo, siempre leyendo distingo cosas, no pocas, tal vez muchas. La idea del contagio por VIH a una señora ama de casa, de eso que llaman clase media, una profesora que con su existir cuida a su familia, a sus alumnos. Ve que su marido tenga todo lo necesario para seguir adelante como el hombre de la casa que es, lo que corresponde a ese cliché de “buena mujer”.
Finalmente sucumbe ante una enfermedad de la que entonces se sabía muy poco, pero de la que se juzgaba todo. ¿Cómo ella se contagió?, ¿qué hizo, o con quién lo hizo?, ¡qué barbaridad, cómo fue posible! Buena cantidad de veces he escuchado sentencias similares. Con el libro que llevo entre las manos pienso en las muchas “Soledad” (nombre del personaje principal del libro citado) que hay, las mujeres que son consideradas malas, promiscuas, pirujas. Sin saber que son víctimas.
Hoy está de moda eso de nombrar, al menos eso dicen. Aunque no se habla de las diferentes formas que la explotación reviste: discriminación, segregación, pobreza, hambre. Claro no son exactamente iguales como no hay ningún sinónimo preciso. “Nada más cruel que la verdad cuando no la llamas” (pág. 81).
Los que tienen la posesión sobre los medios de producción en última instancia deciden quién vive, quién muere. Ellos establecen los montos que se destinan a salud, educación, vivienda, el cuanto será el salario mínimo y todo lo demás que realmente importa. O sea, con que se podrá sobrevivir día a día.
Los lacayos al servicio de los grandes capitalistas gobiernan y supuestamente deciden. Menos dinero para salud: mujeres mueren por complicaciones del parto sin atender; niños que ingieren comida chatarra y tienen diabetes, aunque sólo eso puedan comer con los raquíticos ingresos de sus padres; niños que tienen obesidad por comer en exceso pues sus padres tienen buen ingreso, pero cero tiempo para cuidarlos. Y una larga lista de esos problemas.
Al final el capital como modo de producción genera individualismo. Distintas formas de esa postura frente a la vida, que va garantizando la explotación. En este punto interrogo a mis disertaciones y cómo llegue de una docente infectada de SIDA por su irresponsable marido, criticada por la sociedad sin pena alguna y al final muerta por las terribles consecuencias de actos ajenos a su voluntad.
Luego las carencias en salud pública, porque a la privada ni pensar acceder. La explotación ante todo la explotación, mala salud, mala alimentación, malo todo. “A veces la crueldad es un grito de amor pidiendo amor” (pág. 125).Su marido la amaba, pero debía ser macho y tener otros encuentros, sin amor con pago de por medio y con el óbito como promesa, aunque ni siquiera fue para él.
Eso acabo de leer, nos enseñan que si el chavo te agrede es porque le gustas. Que si te humilla alguien a quien admiras es para educarte. La impiedad no es afecto. Ahora hay que convencernos de ello.
Da la impresión de una orden “Muérdele el corazón” es el título del libro que voy leyendo. Escogido con precisión, eso parece una metáfora, pero es muy cercano a lo que se describe en el texto, saber quién muerde a quién lo dejo a su interés en la lectura del mencionado libro.
La coincidencia con Cacho la autora es en algunos juicios que comprueba sin duda alguna, en su defensa de los infantes abusados, en la denuncia a los depredadores sexuales y de las redes de poder, de las cuales hacen sus ganancias usando directamente a los cuerpos como medios para obtenerlas. En otras cosas no estamos tan de acuerdo, pero se reconoce la congruencia en su actuar, la valentía para vivir con las consecuencias de sus denuncias por los abusos de los delatados, bien solapados por el poder.
Aceptar el abuso es parte de la reproducción de este sistema. Socialmente es la deyección que se nos enseña como convivencia constante, pues ello asegura que los valores, las actitudes, lo que se considera correcto o incorrecto, aceptable o no; todo aquello que se ve bueno para el sistema se prioriza y se exhorta a seguir esos criterios.
La explotación esa perene cualidad del capitalismo se garantiza con estas enseñanzas. Aceptar el atropello cotidiano. La humillación por el hambre realizando actos de ignominia ante la autoridad, el que domina o el que paga. Nada de eso es natural, todo ello es social aprendido para dar continuidad al sistema. Bien hace ese mecanismo para garantizarse, pero ante ello se puede actuar, responder, luchar, siempre se puede luchar.
Siguen pasando las estaciones, bajan y suben diferentes pasajeros. El final ha llegado desciendo del autobús. Mañana será otro día.
Cacho, L. (2006) Muérdele el corazón, Plaza y Janés, 1ª reimpresión, México.






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