Por Israel

El protagonista de los acontecimientos en el capitalismo actual es la burguesía. La lucha de clases la conduce esta clase social de acuerdo con las circunstancias en que se encuentra y ha conseguido hacerle creer a la chusma, y en particular a los trabajadores, que la opción de terminar con el capitalismo está condenada sin remedio al fracaso. A base de la desaparición de países socialistas en Europa se sustentó la veracidad de este anhelo puesto en las mentes de los muertos de hambre.

Ya desde la misma estupidez teñida de quisquillosidad teórica de separar el socialismo escrito respecto del construido (y sin entrar al muchas veces inservible debate de si una sociedad seguía o no el canon descrito por gurús), el papel de la chusma toda, pero sobre todo de los trabajadores, fue dejando en el en sí (constitución como clase social) y en el para sí (organización política mediante la consciencia de su en sí) huellas de traición, falsedades, retorcimiento individualista, que minaron convicciones, derroteros y propósitos a alcanzar.

En el mundo mayoritario de sociedades donde imperaban relaciones guiadas por modos de vida y producción basados en la propiedad privada, el asalto al cielo de atreverse a construir una ruta que fuera dejando atrás al capitalismo, abría la puerta para empeños más atrevidos: el internacionalismo proletario en forma de solidaridad con pueblos en lucha por su independencia del imperialismo, decantó en casos específicos (como Cuba) en compartir formación de personas de diversos países en áreas de salud, apoyos en tecnología, etc.

No sólo las condiciones materiales jugaban en contra de ese atrevimiento para inventar levantamientos, insurrecciones, insurgencia política y armada, hasta construir movimientos revolucionarios que permitían vislumbran perspectivas tangibles que no aparecían en algún supuesto o real canon de lo que debía hacerse. Pero esos procesos siempre tuvieron a la chusma, y a los trabajadores, casi siempre en el imaginario y la actividad común real, como los protagonistas esenciales, quienes definían alcance de las acciones emprendidas.

Hoy que en no pocos lugares se dan hasta enfrentamientos militares como expresión de las guerras entre clases sociales, en la mayoría de los procesos que se viven en el mundo los comanda la burguesía parasitaria del imperialismo o títeres creados por éste, caricaturas de un llamado populismo que reivindica por todos lados demandas de libertad y democracia, como, sin importar su contenido real, así se garantizara mediante pura formalidad acceder a una opción alejada de las relaciones capitalistas, con piedra angular en la propiedad privada.

No se le deben pedir peras al olmo, y por mucho que no agrade el arreamiento de banderas que representó bajar la guardia a partir de creerse eso que tanto machacó por todos lados el imperialismo, aduciendo la evidencia de ya no existir un grupo de sociedades construyendo una opción distinta al capitalismo, significó en decisiones tomadas por pueblos enteros el desencanto, esperanzarse en el capitalismo, creer en la palabra dada por el imperialismo de que con el capitalismo el alimento, el techo y el trabajo se aseguraban.

Cantos de sirenas que perduran todavía y que de manera burda reivindican facinerosos teñidos de algún signo ligado a la libertad, la anarquía o alguna otra imagen que ligue la propiedad privada a la perdurabilidad del individuo como imagen del ser del ser humano. Pero también de manera moderada esto es reivindicado por el así llamado progresismo y quienes se proclaman antípodas de éste. La chusma en estos últimos casos deviene un miembro anecdótico, empleado de parapeto, carne de cañón para darse, acaso, baños de pueblo.

La chusma no existe más en el protagonismo de una lucha de clases que funciona según lo decide sólo la burguesía como única clase en y para sí. La chusma, y menos los trabajadores, no tienen ni se hacen de una identidad propia que lo sitúe en la historia como un hecho vivo de su papel, su idea y teoría, su organización política, para acabar o abrir siquiera una brecha contra el capitalismo, antes que éste termine con toda forma de vida existente en la Tierra, tal y como se conoce hoy.

La pequeña burguesía pretende a través de hacer su historia en la forma de un progresismo o una antípoda de éste, reivindicar lo que mejor cuadre a su carencia de lugar material en la lucha de clases dentro del capitalismo. Su degradación material base de su denigración moral y de ideas, adquiere formas todas ellas que coadyuvan a idiotizar a la chusma, y sobre todo a los trabajadores, al quererle ofrecer una opción intermedia a la perpetuación o fin del capitalismo.

La inexistencia de la chusma, y sobre todo de los trabajadores, siquiera como idea primaria, intuitiva, del papel surgido de la contradicción básica entre capitalistas y proletarios, facilita la primacía del individualismo y su unión con la propiedad privada. Lo que da una oportunidad a la pequeña burguesía para servirle al idiotismo del capitalismo, que retaca por todos lados y empleando todos los medios posibles creados hasta el momento.

Tal decadencia habida en el estado actual de la lucha de clases dentro del capitalismo, alcanza formas con apariencia de nuevo conocimiento esgrimido por la pequeña burguesía pensante, reivindicando una crítica teórica a los orígenes de la explicación objetiva de las condiciones materiales, históricas y sociales para el papel de la chusma, y sobre todo de los trabajadores (la autodenominada teoría crítica), como baluarte que empuje a terminar el capitalismo y crear una sociedad que no se base en la propiedad privada ni en el individualismo.

En el fondo de tales circunstancias está la propia pérdida de consciencia de la chusma, aceptar como válida la idea que convirtió en creencia la propaganda imperialista: toda lucha por acabar con el capitalismo está condenada a la derrota tarde o temprano, dando como evidencia la desaparición de sociedades edificándose sobre cimientos distintos a la propiedad privada.

Pero tal evidencia tampoco es definitiva, aunque con ella haya defenestrado el imperialismo (por el momento) la acción de la chusma, y de los trabajadores sobre todo, capaz de alcanzar un estado de sublevación que la conduzca a revolucionar en su conjunto toda la sociedad habida. Momentos estos, que perduran mientras más mantenga viva y en sus propias manos esa posibilidad como toma de conocimiento, convicción, como teoría y práctica unida en una organización que no claudique.

Al respecto también han contribuido los análisis de la pequeña burguesía decadente que busca servirle al imperialismo en las circunstancias indicadas, reivindicando un papel que ni está por completo del lado de los capitalistas ni está por completo del lado de la chusma, y menos a favor de los trabajadores, sino todo lo contrario. Esta aparente ambigüedad en realidad es porque prefiere hacerle creer a la chusma que está de su lado, pues el interés de la pequeña burguesía a fin de cuentas es servirle a los capitalistas, por anhelo de llegar a ser como ellos.

Evidencia palmaria de tal decadencia es el papel de la pequeña burguesía en las universidades, como lugar usufructuado por antonomasia por tal grupo social, desde sus formas teóricas de la academia, hasta las más ramplonas y vulgares de agandalle del presupuesto público para reproducirse como parásito útil al capitalismo en su legitimación, en la creación de sus explicaciones, en la reproducción de sus mitos, engaños y justificaciones.

Y como nada es de una vez y para siempre, queda en manos de la chusma tomar consciencia, pero sobre todo a los trabajadores, de sus circunstancias presentes, qué los llevó a tal situación, qué y cómo pueden salir de ella. Sin hacerle eco a la decadencia moral y de ideas de la pequeña burguesía, la chusma para ser el ser protagonista de sus propios pasos no tiene de otra sino tomar en sus manos el destino que tendrán estos.

Que las oligarquías en el mundo deshagan países para repartirse recursos, mercados, mano de obra como ha sucedido con los anteriores países socialistas en Europa (Yugoslavia, Checoslovaquia, etc), Libia, Irak, Palestina y lo que viene para Siria en estos días (por poner algunos casos), en gran medida se debe a esa falta de protagonismo de la chusma, principalmente de los trabajadores, al carecer de la consciencia que los haga organizarse, para decidir el destino de sus propios pasos y no andar al son que le marque el imperialismo.

Todavía más, porque una parte de los movimientos antiimperialistas reivindican como solución de fondo (creen de buena voluntad a semejanza del espíritu buena onda pequeñoburgués en que abreva sus encantos interpretativos) al multipolarismo, colocando a Putin de paradigma geopolítico frente a los gringos y la OTAN. Como si complicarle el funcionamiento del mercado mundial a los gringos equivaliera a luchar contra el capitalismo.

Igual sucede en México a no dudar, y no hay modo de que en lo inmediato la chusma, mucho menos los trabajadores, se subleven para obligar a la 4T y su partido a que tome medidas que apunten hacia terminar o sentar los cimientos para acabar con el capitalismo, o abrir (ni por descontado) una opción distinta a éste.

Ni de lejos sucederá esto en las actuales circunstancias, porque con AMLO la desmovilización de la chusma se afianzó al vacunarlos al respecto de su propio destino: por el bien de todos, primero los pobres, fue (y es) el pretexto para redistribuir recursos públicos entre la población para que no protesten, a cambio de mejorar las condiciones de los negocios capitalistas, que se traduce en incrementar los capitales de la oligarquía que, en el discurso, se dijo combatir.

Tan importante para el capitalismo ha sido el gobierno de la 4T, que no por nada fueron desdeñados desde el inicio los varios intentos de los trabajadores al interior del obradorismo, electricistas del SME y mineros de Pasta de Conchos, cercenado cualquier posibilidad en el corto plazo para al menos alcanzar reivindicaciones propias de clase. Y en el primer caso con el añadido de la traición de su dirigencia y el abandono de la lucha social.

Con el segundo gobierno de la llamada 4T lo anterior está peor porque no sólo se mantiene ausente de su actuar cualquier medida para incluir a la chusma en el ejercicio del poder, sino que además se le ha dado una mayor presencia a los capitalistas con un llamado consejo asesor, que revela a quien de verdad servirá la pequeña burguesía metida en el gobierno nacional. Hacerse más del lado de la reacción se confirma cuando las dos únicas empresas con que cuenta el gobierno (PEMEX y CFE) han sido entregadas a corruptos calderonistas.

Y esto no es una bagatela. Si en algo material reside todavía la llamada soberanía nacional (más allá del mero discurso político de que gusta hablar la burguesía) es en preservar en manos del gobierno el papel de los energéticos como combustible básico de la industria, y en general para la economía. Revertir su privatización y fortalecer a PEMEX y CFE como lo hizo el primer gobierno de la 4T, era lo mínimo para no perder esa base material.

Lo que hace el siguiente gobierno ahora son 2 cosas centrales: regular la participación de la iniciativa privada en ese sector y fortalecer los negocios públicos-privados. Para esto dejaron en manos de corruptos calderonistas y salinistas ambas empresas. Así que el rescate del obradorismo será minado con la prestancia que caracterizó a un gobierno como el de Fecal: ¿o ya no se recuerda cómo se llevó a cabo la extinción de Luz y Fuerza del Centro para abrirle la puerta a los amigos empresarios de Fecal y la consecuente agresión al SME?

Tales hechos históricos se reviven por el actual gobierno nacional edulcorados en un mensaje que de dientes para afuera habla de cambio con continuidad, cuando es profundizar las medidas que favorecen a los capitalistas (el llamado Plan México así lo demuestra). De hecho, la continuidad del actual gobierno es con el calderonismo, al que ha refuncionado en su planteamiento y reciclando sus cuadros, a fin de preparar las condiciones para el saqueo de los recursos que todavía quedan en manos del gobierno nacional.

Esto último no porque el primer gobierno de la 4T haya estado del lado de los muertos de hambre, menos apoyando o fomentando la organización de los trabajadores, sino porque la visión de la pequeña burguesía que integraba sus filas abrevaba en el reformismo su espíritu.

Será por todo lo anterior que a algunos bien intencionados tenidos de intelectuales les preocupa que se reciclen cuadros del prianismo entre las filas de la 4T y su partido, porque les queda la duda de si eso llevará a ser más reaccionario su movimiento o sólo es porque se busca neutralizar a la reacción prianista.

La verdad ni la duda cabe cuando a calderonistas corruptos se les han puesto en sus manos PEMEX y la CFE, cuyas estrategias de afianzar su rescate (según) se reduce a reforzar la participación de los capitalistas (inversión privada) en el sector energético, mediante regularla y/o realizar inversiones conjuntas con el gobierno. La única duda que debe tenerse es acerca de cuánto más se puede hacer para contribuir de cualquier manera a darle fin al capitalismo. La chusma tiene la última palabra en esto, pero está enajenada de muchos modos.

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