Por Israel

El nihilismo es el dios presente para cualquiera inmerso en el capitalismo de hoy, por muy al margen que pueda sentirse. Separarse por completo de la dinámica de acumulación capitalista no sólo es imposible para quienes se encuentran en el centro de sus procesos (como trabajador o capitalista), sino para todo aquél que de una u otra manera reproduce los esquemas mentales, paradigmas, prejuicios, la ideología que lo acompaña. Por comodidad de ilustración lo anterior se engloba como individualismo.

Éste, abarca una idea (y hasta una teoría y filosofías) y una práctica que antepone, superpone y coloca como causa de todo al individuo. Con la separación del trabajador de las condiciones para laborar, de las que se adueña el capitalista, el carácter social del trabajo aparece como una peculiaridad de quien ejecuta un trabajo.

Si bien esto es palpable en el trabajo manual siempre que el proceso de transformación de materias primas mediante el uso de herramientas y equipo, dependa de la pericia, experiencia, conocimientos del trabajador, con la cada vez mayor mecanización de los procesos de trabajo éste, como actividad, se encuentra menos sujeto a quien lo realiza. La despersonalización de la actividad es cada vez más tajante al unísono que se profundiza como actividad enajenante y enajenadora. Trabajar deviene tortura a la que se sujeta quien depende de él para vivir.

En el caso del trabajo teórico la peculiaridad de quien lo realiza adquiere mayor relevancia mientras más esté alejada la actividad de la transformación tangible, manual, de una materia prima específica. Si algún sentido tiene aquí hablar de especialización, profesionalización, los expertos en materia de conocimientos (por ejemplo) se debe al carácter de independencia relativa habido, resultado de escindir una misma actividad (trabajar) en 2 que aparecen, por lo mismo, como si no tuvieran relación entre sí.

Sin trabajo teórico no puede haber trabajo manual y viceversa, pues son una y la misma actividad. Al separar al trabajador de las condiciones sociales y materiales (por tanto, económicas) con que realiza la actividad que le da nombre (trabajo), el capitalismo crea la base a partir de la cual las actividades manuales e intelectuales propias del trabajo se autonomicen y estén en oposición, como elementos contrarios y no complementarios. Como actividades sin relación entre sí, cuando en su origen son indisolubles.

De aquí que mientras más se mecanizan los procesos de producción y los trabajadores en su conjunto son cada vez menos absorbidos por la industria (sobre todo las de punta o que establecen la pauta en las condiciones sociales de la producción), tanto en su número como en proporción del capital invertido en forma de salarios respecto del capital total desembolsado, la estandarización de la actividad manual aumenta. Igual sentido ocurre con especializar el trabajo como actividad intelectual o teórica.

Para quienes se mantienen en los márgenes, la periferia o incluso en actividades económicas no ligadas en forma directa por el capitalismo (ni como trabajador subordinado a un capitalista, ni como dueño de capital), la actividad de trabajar (si puede llamarse así) para mantenerse y a su familia o comunidad, depende del tipo de economía que desarrolle, los recursos con los que cuente, la reproducción de la vida material que tenga como sustento de su vida.

Si la autarquía impera en estos casos, se tratará de una escala tan ínfima de la economía de que se trate, que prácticamente se puede hablar de sobrevivencia respecto de las fuerzas sociales de producción desatadas por el capitalismo. Es una cuestión de comparación que nada tiene que ver con el sentimentalismo pequeño burgués, expuesto hacia la mejor vida de economías arcaicas o precarias como lo pueden ser las habidas en una ranchería o comunidad indígena. Tampoco se trata de que ésta o la otra forma de vida sea mejor o peor. Eso depende.

El hecho de que exista autarquía en la economía de una cierta sociedad o núcleo social significa que la reproducción de su vida material y la economía a que ésta sujeta ésta, se mantiene en la misma escala. Si hay excedente económico, por magro que sea, o bien sirve para ampliar la escala en que se reproduce la vida cotidiana (mejorar utensilios, alimentación, vestuario y habitación, servicios, etcéteras) cuando se emplea para renovarla atendiendo sus necesidades, o bien se emplea para ampliar el nivel de la economía en su conjunto.

En este último caso se reinvierte (si puede decirse así) en las actividades que constituyen la economía que se trate, o se busca algún medio para intercambiar dicho excedente con otras economías (capitalistas o no). En el primer sentido se ampliará el excedente económico al mejorar las condiciones en que se produce éste, mientras en el segundo también podrá obtenerse este resultado siempre que se intercambie por elementos que mejoren la producción.

Lo anterior no implica por fuerza ni de manera automática que se produzca acumulación capitalista, cuando la reproducción económica y social de este tipo de economías naturales e incluso con incipiente mercantilización de sus actividades, implica cierto excedente económico que puede ser cambiado con sociedades, comunidades, pueblos con economías similares o distintas.

Si el intercambio sirve para mejorar o complementar alimentación, vestido y habitación, servicios, etcéteras, el resultado no será directo e inmediato sobre la producción, aunque sí sobre las condiciones de vida de la población que se trate. En un mundo donde ya no existen países socialistas que integraran un mercado propio para intercambiar productos, sólo el mercado capitalista es el que hay. Y éste, a nivel mundial, está supeditado a necesidades de los monopolios (al menos, en cuanto a productos básicos se trata, pero no sólo).

Que una autarquía quiera levantarse ante este panorama, sólo que tuviera las actividades y recursos que le permitiera la autosuficiencia para reproducir de manera garantizada la vida material y la economía de la población en cuestión. Ni Cuba, China, Venezuela o algún otro país que se declare en algún sentido socialista puede hacerse a un lado del mercado mundial capitalista al día de hoy.

Hasta para obtener insumos básicos Cuba hubo de crear empresas con representación de países que le permitieran sortear el bloqueo gringo que tiene encima desde hace más de 5 décadas. Considerando ejemplos pequeños puede darse la autarquía en circunstancias de nulo contacto con el mundo capitalismo actual, lo cual sólo en algunas regiones del planeta cada vez menos existe esta situación. A estudiar estos pueblos se dedican (entre otros) los antropólogos.

Y toda esta vuelta es para dejar en claro que cuando se habla de cooperativas, economía social y solidaria, mercados justos, tequio y expresiones de esta naturaleza, se refieren a esas orillas, periferias o actividades de trabajo, formas de vida y economías que intentan alejarse lo más posible del capitalismo sin conseguirlo al final. No sólo por el alcance reducido o tangencial de su economía, sino porque para comerciar en la actualidad es difícil (por no decir imposible) hacerlo sin usar de algún modo lo creado por el capitalismo.

Puede fungir como bandera política o para cohesionar comunidades, dar alternativas (lo que tanto gusta a la pequeña burguesía deseosa de protagonismo) el pretendido alejamiento de esas actividades respecto del capitalismo. El simple hecho de plantearlo así no garantizar forjar una economía no capitalista, pues al menos circula el dinero y con éste la realización de mercancías producidas dentro de relaciones capitalistas.

Desde la infraestructura, los medios para comunicar, las tecnologías desarrolladas, los instrumentos y maquinaria mejorada, materias primas, empaques, descubrimientos de nuevos materiales e insumos, medios de transporte y movimiento de mercancías, se han convertido en una razón con la cual nos ata el capitalismo (nos guste o no) a la dinámica material y social de su reproducción, de la acumulación capitalista.

El sueño guajiro de estar al margen del capitalismo como no sea la exclusión que hace de un montón de gente a la que no puede incluir para su explotación en la acumulación de capital, resulta en una trampa si de verdad nos creemos este artilugio. Sí se puede estar al margen o por fuera de él sólo como planteamiento, pero para eso no puede reivindicarse individualismo alguno. Aunque en lo material estemos atados a su dinámica, oponerse tiene asegunes varios que ha sido utilizados para buscar darle atole con el dedo a la gente.

Una de las diferencias entre las guerrillas desarrolladas en la segunda mitad del siglo 20 en México y las que existen en el presente en nuestro país, es que las actuales para no terminar destruidas o destruyéndose a sí mismas (la infiltración y los traidores nunca faltan) han debido reinventar el planteamiento original, adecuándolo a las circunstancias del capitalismo presente sin renegar de lo que en principio reivindicaron.Si de luchar contra el capitalismo se trata.

Lo anterior no aplica para movimientos que dejaron atrás su origen, el planteamiento que les dio sentido al inicio, buscando acomodarse a las nuevas dinámicas acotando (por no decir traicionando) planteamiento y lucha a realidades que les hagan sobrevivir en medio de la embestida del capitalismo recién. En este sentido el caso del llamado zapatismo no es único.

Lo que sucede en Chiapas y en general en entidades con organizaciones y luchas de décadas donde la descomposición social prevalece al día presente (Guerrero, Oaxaca, Puebla, Michoacán, entre otras más), es una fragilidad del tejido social, una prevalencia de negocios legalizados y no legalizados que controlan territorios con anuencia, complicidad o mutismo de autoridades de todo tipo. Y que mantienen una relación más o menos estrecha con el mercado mundial y la acumulación capitalista.

Ante esto la insubordinación de la servidumbre laboral que de antaño ha prevalecido en territorios como los indicados en su adaptación o subsunción al capitalismo, y que pudo haber sido expuesta como irrupción política militar como sucedió con guerrillas en Chiapas, Oaxaca, Guerrero, Puebla y Michoacán, o de manera política y civil como sucedió con el movimiento de la Appo en Oaxaca, por ejemplo, pende del hilo de mantener en alto el origen de su lucha o renegar de ésta.

La justificación puede explicarse de mil modos (¿un chaquetazo puede justificarse?), pero la realidad actual en el país implica para muchos que se mantienen en la servidumbre no terminar haciéndole el caldo gordo a los que le apuestan a que, como en antaño nos dijeran los de un partido según de la revolución socialista, debe haber un muertito, un desaparecido, al menos una provocación que vuelva a incendiar los corazones de más rabia de la habitual, para que muy digna diga: odio decir que se los dije, pero se los dije.

Si a la servidumbre económica por ser parte del trabajo subordinado y subsumido a la acumulación capitalista, o por estar tan alejados como sea posible de esto, tanto como se puede en un mundo dominado por el único amo llamado capitalismo, se le une la servidumbre ideológica al querer fincar un planteamiento de lucha basado de una u otra manera en el individualismo (como sucede al trasladar un planteamiento de carácter común o comunitarioa uno sentimental como la rabia, el enojo), el resultado es grotesco (por decirlo menos).

Los papeles sociales y económicos, las figuras que en la historia representa esta unión de la servidumbre por base material o por afinidad de concepción, son muestras de la debacle a que nos ha hundido el imperialismo, el colonialismo de nuevo cuño que se sustenta muchas veces en las traiciones con que alimenta la justificación de un papel que le hace el caldo gordo a lo que existe, diciendo que es una opción crítica, muy otra, y hasta revolucionaria (o rebelde, según el término empleado), cuando se trata de la misma gata, nomás que revolcada.

Así, la servidumbre de la insubordinación (de rabia digna, faltaba más) se justificará, porque entre sabotear cualquier intento por cambiar en algo una situación determinada y meter de contrabando la traición traída a cuestas, ni quien diga esta boca es mía, si todos necesitamos del capitalismo para vivir, y algunos hasta se dicen al margen nomás por quererse presentar tan izquierdosos que nadie está a la altura de su compromiso.

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