
Ana Muñoz de la Torre Fernández
Lenin no condenó a la socialdemocracia, tildándola de «el mayor enemigo de la clase obrera», por casualidad. En la Tercera Internacional, la defensa de la dictadura del proletariado, ya fijada por Marx como la fase política inicial del socialismo, y la condena a la “democracia burguesa”, que perpetuaba el sistema de explotación hacia las clases trabajadoras y campesinas, se convirtió en la principal tesis de las organizaciones que se adhirieron a esta Internacional. No se equivocaba. La Historia lo ha demostrado.
No fue la derecha quien destruyó la URSS, sino la infiltración burguesa en el seno del PCUS, siempre al servicio del Capitalismo y reforzada por el Imperialismo capitalista desde fuera. No fue la derecha quien propició la caída del muro de Berlín, sino las élites «de izquierda» del propio sistema que, amparados por Suecia, EEUU, Reino Unido y Francia, ya habían renegado del marxismo para adoptar una visión de transformación capitalista.
Tampoco fue la derecha quien acabó con Yugoslavia. Si bien es cierto que los conflictos que sucedieron durante años fueron financiados por gente como George Soros, jamás habrían sido posibles sin la ayuda de los grupos burgueses socialdemócratas, ellos fueron el verdadero brazo ejecutor.
Y así podríamos seguir haciendo un repaso de la Historia del Mundo desde la década de los 80 hasta nuestros días, demostrando en cada destrucción de la izquierda que fue la socialdemocracia quien la destruyó, al igual que está haciendo ahora. La socialdemocracia siempre ha trabajado de la mano del Capitalismo imperialista. Su misión es dividir a la izquierda desde dentro.
Para ello utiliza diferentes métodos probados una y otra vez: ofrecer pequeñas limosnas a la clase obrera para dividirla, manipular la realidad vendiendo derrotas obreras como triunfos… mientras va adoptando un discurso cada vez más interclasista que se materializa en hechos cuando gobierna (p.j. bonos de ayuda sin hacer distinción entre clase dominante y clase obrera que favorecen a ambas clases por igual).
Hemos visto ya varios de estos casos en la política de Yolanda Díaz. Por todo esto, y para que quede claro ya (aunque sé que para algunos analfabetos ideológicos es imposible) considero que todo aquel trabajador que vote al PSOE o a SUMAR el 23 de Julio, no sólo está traicionando a su clase, sino que apoya a un Gobierno nazi (Ucrania) y el envío de armas e ingentes cantidades de dinero público que nos hace falta para Educación, Sanidad y otros pilares fundamentales en un momento de inflación nunca visto por nuestra generación, que está asfixiando a nuestra clase.
Es más, considero que cualquier trabajador que vote al PSOE o a SUMAR tiene las manos manchadas de sangre. Por lo tanto, no voy a participar en votar a quienes considero los mayores enemigos de la clase obrera. Ni lo he hecho, ni lo voy a hacer, ni lo haré jamás. Y si sale ese lobo del que habla la socialdemocracia para ganar votos a costa de infundir el miedo, los combatiré en la calle. Porque, de nuevo, no es la derecha quien está haciendo de muro contención ante cualquier revuelta popular a través de sus sindicatos, sino la socialdemocracia.
No existe un enemigo más peligroso para la clase obrera que la socialdemocracia y, en estos momentos, ese enemigo es Yolanda Diaz. Cualquiera que sea de izquierdas y la haya visto y escuchado lo ve. Quien no lo ve es porque no lo es. Y mucho menos comunista.






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