Por Israel

Vivimos tiempos excepcionales dice nuestro presidente. Y pese a todo lo que uno ha dicho acerca de los límites establecidos por la concepción que guía a su gobierno y su movimiento, con el reformismo o gradualismo como plataforma de lucha, es verdad lo que afirma a condición de que miremos lo que hacemos. Esto es, si bien visto hacia el fondo o raíz de las circunstancias habidas en el país, no se trata de una revolución lo que se vive (o de una transformación), no está cerrada la puerta para ello.

En definitiva la taxonomía de lo que plantea el movimiento llamado 4T de ser cierto que se ciñe a un cambio gradual de las instituciones, como lo expresó nuestro presidente en la mañanera que inició con la reunión del gabinete de seguridad, el resultado indefectible será agotar la vía legal o pacífica de una lucha esgrimida para transformar. Aunque esto último no es sinónimo de mero cambio sin arrancar la raíz del fenómeno en cuestión, al hacerlo sinónimo la clasificación planteada por la 4T devendrá (si no ya) un nuevo Pri con varios asegunes.

Como aparato ideológico y como instrumento político de movilización corporativa, el medio de la 4T (Morena) se diferenciaría del viejo Pri al no tener un alcance ideológico que no sea el dicho de nuestro presidente, y la movilización de población se hace de manera individual y sólo para elecciones, en vez del acarreo grupal y por sector habido en el viejo Pri. Pero la secuencia de la idea tenida por liberal para acuerpar la taxonomía discursiva es similar entre ambos. Se trata, si todo lo demás continua como hasta ahora, de una reedición política.

El nuevo Pri llamado Morena (y de modo amplio la 4T) reivindica la estela del viejo Pri, con la que arropa su existencia como legado de antaño: herencia del llamado liberalismo del siglo 19 y del carácter de revolución social cocinado en la lucha armada impulsada en 1910, agregando el rescate del nacionalismo que se traicionó hacia fines del siglo 20. Con esta batería de preceptos se ha edificado la narrativa de hombres ilustres cada mañana en 6 años, porque no se contaba con todas las décadas para su uso como las tuvo el viejo Pri.

La premura impulsa, y en razón de lo que ha buscado establecer como parámetro para un horizonte que no termina de ser parido, nuestro presidente introduce el cambio con continuidad para desmarcarse del gatopardismo tan menospreciado. El cambio de instituciones desnuda el hueso, el esqueleto de lo perseguido con la 4T para que no se convierta en demanda espectral: hay evidencia de que se pueden cambiar las instituciones y promover así una transformación social, sin radicalismo. En qué se centra dicho cambio.

Haciendo a un lado la opción del gradualismo, la distribución de presupuesto a la gente, el foco nuevo hoy alumbra la inédita transición en territorio entre los gobiernos saliente y entrante, que cada fin de semana se lleva a cabo. Tan inédito como inédito el modelo económico exaltado hace poco como de fabricación nacional. Tan inéditos estos hechos como parte de los tiempos excepcionales que se están viviendo. Inéditos todos. Sólo falta el monumento que consagre tan inéditas revelaciones para los mundanos que pelamos asombrados los ojos.

No nos espante que de tan exaltado espíritu de la transformación devenga el justificante para el inédito tope a que se ha llegado sin haberlo previsto. Algo inesperado como la imposibilidad de calmar los ánimos de los incómodos inquilinos en el país, el movimiento de los padres de los 43 normalistas de Ayotzinapa pone en tela de juicio al emblema de los tiempos estelares en curso. El ejército, por más dicho y contradicho departe de nuestro presidente, no atina a limpiarse la sangre escurriendo en su historia edificada con propias manos.

No sólo en este asunto, puesto que el rastro dejado aquí, allá y acullá respecto del papel jugado para reprimir la inconformidad con que se han rebelado poblaciones enteras, organizaciones y movimientos, sigue ensombreciendo el papel asignado en los tiempos excepcionales para fungir como empresa paraestatal sin serlo. Y aunque la aceptación medida para este actor como para otras instituciones (la presidencial, por ejemplo) recibe aplausos cotidianos entre muchos ciudadanos, es una reacción cómoda más que muestra de toma de consciencia.

La gente requiere estar tranquila y segura de que el mendrugo recibido no será arrebatado por alguien más gandalla. Y si por inercia los ánimos se encendían ante cualquier provocación, la intimidación (llamada pacificación) con que actúa el ejército (o la Guardia Nacional, es lo mismo) en los lugares donde llega, sólo incide en el civil que no milita en los grupos dedicados a negocios no legalizados. Para estos, la complacencia, el hacerse la vista gorda, por no decir complicidad, son razones que demuestran el trato preferente otorgado.

Y es que al tener el ánimo insuflado de parte de los dirigentes de la transformación en curso, los tiempos estelares con que se nos bombardea, están entrelazados con los gritos chillones de los reaccionarios que buscan hacernos creer que su mundo inventado es el real, y no el que los de la 4T han creado. Qué importa los desplazados de Chiapas al país vecino como fenómeno inédito y no reconocido ni en discurso oficial ni en campaña reaccionaria.

Qué importa el hostigamiento a comunidades en Guerrero, Oaxaca, Puebla, Michoacán por quienes se dedican a negocios no legalizados, si en los patrullajes del ejército (o Guardia Nacional) no se detecta evidencia alguna. Tan inéditas realidades de un mundo que se cuela por noticias de alarma, sin importancia, o para gritos de los sufrientes que de todo sufren (hasta por no ser o haber dejado de ser protagonistas), que contrastan con las afirmaciones del gobierno y los antigobierno. La realidad es tan terca que se contradice a sí misma.

Que los tiempos excepciones duren mucho tiempo más para México, y que la llegada de la sustituta del presidente será lo mejor que le ocurrirá al país, son muestras de que a falta de mejor ocurrencia anteponer la alabanza de sí como escudo, espanta a los otrora teóricos de la reacción que vivían de mamar del presupuesto público. Por contraste o por dinero, lejos de algún mérito o idea propia, un junior inútil de alma retorcida y perversa se convierte así en líder indiscutido de la desalmada reacción.

Los tiempos extraordinarios, excepcionales, estelares que se viven en el país se resumen en el espectáculo de los chicos buenos contra los malos, mientras la oligarquía no deja de hacer su agosto engrosando las cuentas de sus fortunas. Porque eso sí, mientras se grite cada mañana loas de autoelogio buscando acallar a la reacción que despotrica fecales palabras de mentira y calumnia, lo mero importante (hacer algo por acabar con el capitalismo, antes que éste acabe con la humanidad), quedará en la oscuridad, si no en el olvido.

Así como la lucha que dio origen al levantamiento indígena el 1 de enero de 1994 se convirtió en el mito del ya merito ocurría la revolución, así la 4T parece enfilar hacia otro mito que se desdibujará luego de la ida a La Chingada. Mientras los muertos de hambre se quedarán con las manos vacías, por no atreverse a tomar las armas en su mano, o porque de nomás esperar recibir su apoyo periódico, cuando se dé cuenta éste será el mismo mendrugo en tanto sigan aumentando los capitales de la oligarquía que manda en la realidad del país.

Lo que de verdad hará historia no es lo que a ojos vistas conocemos cada mañana, sino una posibilidad que todavía no es, que es radical por ir a la raíz de la realidad, que de por sí al ser una transformación significa que los muertos de hambre tomen el sino con sus manos para arrancar lo que deba ser arrancado, y sembrar lo que cosecharán las generaciones no nacidas todavía.

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