Lo anterior detonó un conjunto de movimientos y levantamientos obreros y campesinos que se desarrollaron a finales del sigo XIX y principios del siglo XX. Estas luchas, con la influencia de los movimientos obreros de otros países, como el de la Comuna de París, se comenzaron a organizar contra la explotación ejercida por la clase dominante en conformación. Se tiene registro de que en la dictadura de Porfirio Díaz se llevaron a cabo alrededor de 250 huelgas de obreros de fábricas textiles, minas y de los constructores de los ferrocarriles. La represión en contra de la clase trabajadora se manifestó con el establecimiento legal de la prohibición para las asociaciones sindicales y las huelgas, además se sancionaron con la cárcel o la deportación a las plantaciones de henequén del sur del país.  

Para finales de la primera década del siglo XX, era inminente un estallido en contra de la dictadura porfirista. Fue la clase trabajadora la que aceleró el inicio de la Revolución Mexicana, en concreto: la huelga en el estado de Sonora de la mina de Cananea en la que los mineros se manifestaronr en contra de una empresa norteamericana exigiendo un salario mínimo y una jornada laboral de 8 horas; y la huelga de Río Blanco en Veracruz, la cual detonó las movilizaciones y círculos obreros en otros estados del país.

Las huelgas y las demandas de los obreros no tenían sólo el carácter de exigir un cambio de gobierno o de pelear por tierras (como los campesinos por la pequeña propiedad) sino que peleaban por obtener derechos como el salario mínimo, la jornada laboral de 8 horas, el derecho a la libre asociación que en últimas permitiría la organización. Por tanto, sus demandas atañían también a los trabajadores del campo, pues eran igualmente explotados para la extracción de plusvalía apropiada por capitalistas extranjeros, nacionales y terratenientes.

Las múltiples represiones ordenadas por la burguesía y ejecutadas por el gobierno eran la prueba de que no se iban a poder obtener los derechos por medio de otra vía que no fuera la armada. Así para finales de 1910 estalló la Revolución Mexicana, con los obreros y trabajadores del campo a la cabeza, la cual trató de ser contenida por la pequeña burguesía que aglutinó a los diferentes sectores en la exigencia del “sufragio efectivo, no reelección”, es decir, una transición hacia un gobierno burgués de manera pacífica.

Cuando estalló la Revolución Mexicana, la clase obrera se encontraba en sus inicios, por tanto, carecían de un programa riguroso y de dirección propia que les permitiera tener independencia del programa de la burguesía, es decir, del Plan de San Luis que encabezó Madero, en el cual la única reivindicación social que tenía era la restitución de las tierras despojadas a los campesinos, punto que los convenció para levantarse en armas bajo este ideal.

Un caso significativo de la organización obrera en la Revolución Mexicana fue la fundación de la Casa del Obrero Mundial (COM), el 22 de septiembre de 1912. La COM aglutinó sindicatos de obreros y artesanos, y también algunos intelectuales. Su función era mediar entre trabajadores y patrones. En 1915 cuando se enfrentaban los constitucionalistas contra los zapatistas y los villistas, un grupo de la COM decidió formar una alianza con el “carrancismo” quienes eran una parte de la burguesía, sin embargo, el grupo interno más avanzado, conformado por el sindicato de electricistas adherido a la COM, se opuso, argumentando que su lucha era en favor de la clase obrera y no del gobierno. Este sector consiguió -gracias a una huelga y a su organización- la obtención de la dirección administrativa de la Compañía Telefónica y Telegráfica Mexicana, por lo que no demeritarían su lucha al hacer alianzas con una parte de la burguesía.

En cuanto a los movimientos campesinos, que antes de la Revolución Mexicana habían sido regionales y dispersos, encontraron un cauce en el levantamiento armado tanto en el norte, con la División del Norte comandada por Francisco Villa, como en el sur del país, con el Ejército Libertador del Sur organizado por Emiliano Zapata.

El zapatismo surgió en el estado de Morelos, región que se caracterizaba por los asentamientos de ingenios azucareros en tierras usurpadas –los pobladores se oponían constantemente contra los abusos-. Fue hasta 1910, cuando la recuperación de las tierras agrupó a los campesinos para tomar las armas y luchar contra el despojo de tierras y la explotación. Al principio se habían conjuntado con el movimiento nacional de Madero, sin embargo, no tuvieron coincidencia por ser un proyecto burgués, por eso llevaron a cabo su propio programa: el Plan de Ayala, mismo que se caracterizó por ser afín a los intereses y problemas de los campesinos y pueblos originarios: al declarar la nacionalización de todas las tierras arrebatadas por los terratenientes y hacendados para devolverlas a manos de los anteriores poseedores; y al denunciar a la clase dominante por extraer todos los beneficios de las tierras y la producción agrícola, producidos por los trabajadores agrícolas que vivían en la miseria (artículo 7°).

Ese plan le dio dirección a la lucha armada zapatista, lograron con eso una repartición agraria e incluso pudieron tomar el poder político y económico de su estado con la conformación de la Comuna de Morelos. Los zapatistas desarticularon los latifundios, expropiaron los complejos azucareros a los terratenientes,  para que su producción y administración estuviera bajo sus manos al funcionar como empresas nacionales. Su forma de gobierno se basó en el carácter colectivo que los pueblos originarios ya concebían, es decir, el autogobierno. Aunque fue una lucha campesina, tuvo el impulso de los trabajadores agrícolas de la región, que surgieron por el desarrollo de la industria azucarera, los cuales se organizaron para mitigar la explotación.

La diferencia entre el ejército zapatista y villista residió en que el Ejército Libertador del Sur, al estar conformado por campesinos y trabajadores agrícolas, se aglutinó en torno a un programa social y político, mismo que les permitió mantener cierta independencia y presión con respecto a la burguesía, así como resistir primero, contra el ejército federal y luego, contra la represión ejercida por el gobierno de Venustiano Carranza y Obregón, debido a la base social que logró concentrar. En cambio, el ejército de la División del Norte no tenía un programa delimitado pues su carácter era principalmente militar y dependía de la dirección burguesa. No obstante, el ejército villista fue muy trascendente en la derrota del ejército Federal y le hizo frente a los ejércitos de la burguesía posteriores.

Ambos ejércitos representaron una amenaza directa al capitalismo en desarrollo debido a que buscaban recuperar las tierras que se encontraban en manos de la burguesía naciente. Cuando estos dos ejércitos campesinos lograron conjuntar su capacidad social y militar respectivamente, la posibilidad de tomar el poder político directo en la capital del país fue posible, sin embargo, la visión regionalista y las limitaciones de clase que tenían, fueron los motivos que le permitieron a la burguesía recuperar el poder político y económico.

Fue la lucha política de los obreros, así como la lucha armada de los campesinos y los pueblos originarios (como la de los yaquis) la que permitió que, en la Constitución de 1917, se plasmaran parte de las demandas por las que inició la Revolución Mexicana, pues a pesar de ser la constitución un conjunto de normas para el estado capitalista, los derechos anteriores no se habrían considerado sin ese impulso.

La esencia de los derechos pactados en la Constitución de 1917 fue el establecimiento de un sistema muy amplio de mecanismos conciliadores como: eliminar la injerencia privada y religiosa de la educación, dar categoría constitucional a la eliminación de los latifundios, poner límites a la propiedad privada, etc. 

El articulo 3° sobre la educación laica, el 123° sobre los derechos del trabajador y en especial el 27° referente a la cuestión agraria, fueron conquistados a través de la fuerza que representaron las masas en lucha y la debilidad de la burguesía frente al levantamiento armado de la Revolución Mexicana. La Constitución de 1917 no fue socialista, ni rebasó los límites del derecho burgués, sin embargo, al momento de su aprobación fue la constitución que reconocía los derechos más avanzados del mundo; declaró constitucionalmente ilegales a los terratenientes y los latifundios, sancionó el incumplimiento a los derechos conferidos a los obreros y campesinos, y puso en el centro al interés nacional.

El texto original del artículo 27°, estableció que la nación tendría en todo tiempo el derecho de imponer a la propiedad privada las modalidades y los límites que dictara el interés público, además declaró el dominio inalienable e imprescindible sobre los minerales del subsuelo (petróleo, carbón, metales, etc.), sancionó las normas del reparto agrario y elevó al ejido a una categoría como la forma moderna de la propiedad comunal a una categoría constitucional. Este artículo encerró el planteamiento del Plan de Ayala, tales como el nulo reconocimiento al latifundio, y la eliminación de la gran propiedad terrateniente.

El artículo 123° es otro ejemplo de las importantes conquistas del movimiento armado, que le sirven a la clase trabajadora en cuanto conozca su derecho, lo defienda y se organice para exigirlo y profundizarlo; pues estableció  entre sus disposiciones más importantes del texto original: la jornada máxima de 8 horas diurnas y 7 nocturnas, la prohibición del trabajo peligroso e insalubre para mujeres y menores de 16 años y del trabajo de menores de 12 años, normó 6 horas de jornada máxima para los mayores de 12 y menores de 16 años, un día de descanso semanal obligatorio, el salario vital mínimo, la igualdad de las condiciones de trabajo e igual salario sin diferencias por sexo o nacionalidad, el pago obligatorio (eliminando las tiendas de raya o cualquier otra forma de pago diferente a la moneda nacional), la indemnización por accidentes de trabajo (estableciendo las medidas necesarias de higiene y salubridad en los lugares de trabajo) y entre otras cosas, la nulidad de cualquier cláusula en los contratos laborales que signifiquen la negación de estos derechos.

Los derechos como el 27° y el 123° no tienen que ver únicamente con campesinos y ejidatarios, con jornaleros y obreros, sino con la contradicción histórica entre dominados y dominadores, capital y trabajo, entre lo privado y lo público. El objetivo del movimiento de la Revolución Mexicana no fue solamente alcanzar derechos ilusorios que podían -o no- quedar impregnados en papel, sino tomarlos directamente, perfeccionarlos y defenderlos, su lucha fue tal, que programas como el Plan de Ayala pasaron a ser una realidad en los estados de Morelos, Guerrero y parte de Puebla antes que tinta muerta.

Desde la proclamación de la Constitución de 1917, han pasado 107 años, México sigue siendo un país capitalista que se rige con la democracia burguesa. Los derechos ganados están bajo ese marco y las veces que la gente ha luchado para profundizarlos, los persiguieron, reprimieron y asesinaron, pues la clase dominante responde con la fuerza armada cuando de defender sus intereses se trata.

Así como en la Revolución Mexicana, la lucha sigue siendo necesaria, no obstante, el clima político del país cambió desde 2018, pues nuestro presidente actual afirma que estamos en la cuarta transformación del país (siendo la Revolución Mexicana la tercera) y que por primera vez en la historia, se llegó a ella por la vía pacífica y democrática

“se puede luchar por la democracia y se puede triunfar sin violencia. La verdadera revolución es de las conciencias y es por lo que debemos luchar”

mencionó Andrés Manuel López Obrador durante su conferencia del 23 de abril de 2021 y ha sido la máxima principal que repite en cualquier ocasión que lo amerite.

Sin embargo, la misma historia demuestra la falacia de su afirmación, después de la Revolución Mexicana han surgido diversos movimientos en contra de la miseria que genera el capitalismo, que luchan en distintos niveles y formas: las guerrillas del campo y la ciudad, los estudiantes, los obreros, los campesinos, para todos, el gobierno ha ejercido una respuesta sangrienta: la desaparición forzada, los vuelos de la muerte, los encarcelamientos y asesinatos. 

La lucha política y armada es la vía para transformar la realidad porque la burguesía no deja otra opción, la lucha es por la vida, pero si para ello se requiere un proceso violento debe realizarse con gran ímpetu. Sin embargo, esta lucha debe ser organizada y centralizada en un partido que tenga un programa nacional de la clase trabajadora, pues de lo contrario, los hechos de la Revolución Mexicana podrían repetirse, es decir, la burguesía terminaría por imponerse al ser la única clase que tiene un programa nacional.

Por ejemplo, el presidente tiene un programa nacional y hasta el modelo del humanismo mexicano, pero, los elementos más avanzados de su gobierno, como la lucha por la soberanía energética con la Reforma Eléctrica, no prosperaron pues no tuvieron el empuje de la clase proletaria. Ahora bien, se necesita más que sólo empujar lo que la socialdemocracia dicte para transformar realmente al país.

La lucha que actualmente se requiere empieza por la exigencia de que se cumplan los derechos ganados, de que se profundicen, pero aún más, se necesita la organización de los sectores más empobrecidos con los obreros a la cabeza, pues únicamente ese movimiento sería capaz de consolidar el proyecto obrero-campesino que quedó interrumpido en la Revolución Mexicana.

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