Por Israel

Protestar contra los negocios de las empresas trasnacionales es un delito en el capitalismo. Lo están constatando (si todavía tenían duda) los pobladores de las comunidades donde se encuentran las instalaciones de Granjas Carroll. Según su dicho, es el gobierno de Puebla quien los ha amenazado hasta con desaparecerlos, o sea, sirve de golpeador y sicario de la trasnacional. El gobierno de esa entidad surgió de Morena (el partido creado por nuestro presidente).

Semanas antes (20 de junio), fue el gobierno de Veracruz el encargado de asesinar a manifestantes que protestaban frente a esas instalaciones. El gobierno de esa entidad también surgió de Morena. Aunque hay diferencias. Mientras el inútil de Cuitláhuac desapareció a la policía que apretó el gatillo, quedando en las sombras los personeros de la trasnacional, el prianista hoy morenista Sergio Salomón es más descarado, puesto que quienes amenazan a ejidatarios y campesinos son mandos medios y altos de su gobierno.

Según el dicho de nuestro presidente ya no se persigue ni se desaparece a la gente en su gobierno. Pero son los gobiernos de entidades donde ganó Morena quienes echan por la borda sus palabras. También, no pueden faltar las buenas conciencias de la pequeña burguesía farisaica haciendo gala de presencia, mediante investigadores y académicos de la Buap que se pronuncian a favor de la protesta de los pobladores contra la trasnacional, desde la comodidadde no decir nada delas mafias que controlan esa universidad.

Lo que dice nuestro presidente que no concuerda con lo que sucede en los hechos, es el mismo fariseísmo de los gobernadores surgidos de su movimiento. Igual patrón de conducta de los solidarios universitarios con el movimiento de los pobladores en cuestión que nada dicen al interior de su universidad, respecto de las mafias administrativas con careta académica que se la han repartido como botín a través del Prianismo y hoy del Morenismo.

Si esto no lo tienen claro los pobladores en la lucha que han emprendido, esperarán algo que no tendrán, porque nadie más que ellos garantizan la continuidad de su lucha pese a las dificultades que se han encontrado en el camino. Como ejemplo está la perseverancia del movimiento de padres de los normalistas de Ayotzinapa desaparecidos en septiembre de 2014.

La solidaridad es un principio que no se regatea ni se condiciona. Hay quienes por convenirles para darse baños de pueblo o utilizarla para acrecentar el currículum (como los académicos de la Buap), se muestran interesados en el objeto de estudio en cuestión. Esto es, se trata de un objeto ajeno a ellos aunque se trate del mismo pueblo al que pertenecen, que habita el mismo país, en la misma entidad, aunque en un lugar distinto. Los académicos son así, asépticos para no contaminarse de la cochina realidad.

Por eso, pese a dedicarse a utilizar el cerebro para lo que corresponde (pensar) no se dan cuenta del espíritu fariseo palpitando en pedir justicia hacia fuera de su universidad, pero callar cuando se trata de lo que sucede en ella. Es pura ideología la aséptica postura de no quererse manchar con la mugre de la realidad, aunque la supuesta ética que como científicos deben tener se mueva según les convenga el baile que se esté tocando donde laboran. Con dinero baila el perro, sentencia la gente para exponer que el interés tiene pies.

La debacle del capitalismo en las últimas décadas, que alcanza a medio salir del hoyo de su crisis paliada en forma momentánea hacia fines del siglo 20, con la extensión del capitalismo en territorios de Europa, y la intensificación de su acumulación a través de los cambios tecnológicos que aumentan la mecanización de procesos productivos y aceleran la circulación de mercancías, dinero y capital, cada vez toma formas más violentas y menos posibles de administrar.

En este contexto, para el caso del conocer lo ha reducido a crear mecanismos de competencia, mermar condiciones en las que se lleva a cabo la creación y difusión de conocimiento, y poner cada vez más lo que puede descubrirse con la ciencia a depender de necesidades habidas en las trasnacionales. En cuanto a las universidades públicas en México, este deterioro por la mayor mercantilización del conocer y sus resultados, ha tenido beneplácito de parte de las mafias que las controlan, amparadas en la autonomía que tienen estas instituciones.

Si las luchas llevadas a cabo en el siglo 20 para conquistar la autonomía universitaria en diferentes instituciones públicas del país, fue traicionada por los grupos que terminaron por controlarlas, hoy se atrincheran en esta conquista para medrar con el presupuesto público que reciben. La recién eventos y foros de los abogados enquistados en la academia y burocracia de la UNAM, en contra de la propuesta de reforma al poder judicial hecha por nuestro presidente, responde a esta lógica.

No se trata de la defensa de la autonomía de 1 de los 3 poderes nacionales, ni la defensa de la impartición de justicia, o que la inexperiencia e ignorancia se posesionará de este espacio (tan preciado para fraguar o apoyar golpes de Estado por la reacción, blandos, no violentos o lawfare cuando emplea fachada jurídica), al ser electos los jueces que integran las instituciones de ese poder. Es como dicen: si ves las barbas de tu vecino cortar, echa las tuyas a remojar.

Y los abogados reaccionan (además de ser reaccionarios) ante la posibilidad de perder el nicho monetario en el que son parásitos en la sociedad. Una de las carreras universitarias que más ha crecido en tiempos recién es la licenciatura en derecho, porque el capitalismo al ir creando una trama cada vez más intrincada de normas con las cuales regular el despojo, el saqueo, la privatización de recursos para hacer negocios, en los hechos aumenta la necesidad de que haya más abogados. Otra fuente de negocios a través de despachos.

Así como en el capitalismo es un delito rebelarse contra las trasnacionales, también este hecho se puede convertir en negocio cuando se encuentra una manera de administrarlo. Es como existen jueces al servicio de quienes están en negocios no legalizados, o que tienen que evadir la autoridad por alguna razón (para no pagar impuestos como TV Azteca, por ejemplo), o los despachos de diverso perfil que mercantilizan servicios costeados en la formación de sus integrantes, experiencia de trabajar en el gobierno, con presupuesto público.

Si en teoría una universidad pública debería tratar de mantenerse al margen de esta dinámica para privilegiar crear y transmitir conocimiento, al mercantilizarse como cualquier cosa que se puede comerciar en el capitalismo, su razón de ser se pierde. Esta es la realidad actual de gran parte de las universidades públicas en el país (o quizá de todas). Desvinculadas de las necesidades de la población, sin ningún criterio propio para regresar a los trabajadores el presupuesto que reciben surgido de la parte que no se les pagan de su trabajo creado.

Cuando campesino y ejidatarios deciden rebelarse contra alguna trasnacional o contra un poder establecido en el capitalismo, cargará sobre sí de inmediato el estigma de revoltosos, delincuentes, locos y otros más a los que deberá hacerles frente. Aunque la rebelión sólo sea civil, pacífica. Por desgracia, ni en esto logran tener algún apoyo del gobierno de nuestro presidente, que sólo mira su ombligo y lo demás ya es historia conocida.

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