Por Israel

Si una coyuntura es la oportunidad favorable para algo, uno se pregunta si el gobierno que fenece encabezado por nuestro presidente tiene tal significado. No nos asombre preguntarnos sobre esto. Aunque parece obvio que se trató de una coyuntura desde el inicio la existencia del gobierno de nuestro presidente, su contenido y alcance todavía tiene mucho para discutirse. Se aclara: trató, pues hay quien piensa que no logró serlo al final de cuentas.

Por un lado la expectativa levantada no se cumplió en más de un sentido. Lo más emblemático fue el engrudo hecho por nuestro presidente respecto del caso de los 43 de Ayotzinapa. Él sigue dale que dale con que no hay evidencia de participación del ejército en tal caso, como si la justicia para tal efecto dependiera de ello. Todo lo que pudo hacer al respecto lo desgastó en demostrar la inocencia de una institución represiva fincada en la impunidad, el asesinato, la persecución de la población que se ha rebelado inconforme por distintas razones.

Y llega a la afirmación de que el ejército no es oligárquico sino que está conformado por gente del pueblo. Desde luego que si han reprimido a la población que protesta nada tiene que ver con el origen de sus integrantes, sino con el papel que juega tal institución en garantizar que una oligarquía siga dominando la economía del país. Nuestro presidente hasta parece que elementos tan básicos de la historia de sangre que ha levantado el ejército en México, los desconociera. Tan ducho en la historia como se jacta en presumir cada mañana.

Que ya no reprime en la actualidad como él lo afirma es todavía discutible, porque de reprimir a hacerse de la vista gorda o hasta proteger con la omisión a quienes, en distintos lugares del país, se dedican a negocios no legalizados (comercio de drogas, personas o armas, extorsión, etcétera), no hay diferencia sustancial. Si de verdad el ejército sirviera para cuidar a la población de quienes se dedican a negocios no legalizados, o algún otro tipo de amenaza, tendría que cambiar su papel como institución, lo que no ha sucedido.

De hecho, que sus integrantes provengan de sectores pobres, marginados, que tienen pocas vías para ascender en la sociedad (una es el ejército), hace que su comportamiento sea más radical, más violento cuando de reprimir se refiere. Los testimonios que al respecto existen como parte de la historia de sangre del ejército, dan cuenta de la saña, la violencia con que responden ante las manifestaciones de campesinos y estudiantes. Al renegar de su origen, al ascender a través de pertenecer al ejército, responden con más virulencia por lo mismo.

Por otro lado, es cierto que tapar los grandes hoyos de la corrupción permitió tener recursos públicos a distribuir entre los más necesitados. Y no sólo en apoyos directos, sino mediante la ampliación de infraestructura de diverso tipo.

Al estar en el capitalismo esto que parece mejor para los pobres, por ejemplo, con ampliar el transporte de pasajeros mediante el Tren Maya (y no sólo), sirve también para acrecentar la circulación de mercancías, porque al facilitar que población de determinado nivel de ingreso viaje, crea o aumenta necesidades en los lugares que tiene por destino. De igual manera, si los componentes con que se mejora la infraestructura están hechos en México, no sólo el valor agregado aumenta, sino que se generan necesidades económicas a atender.

No sólo por el nivel sino en la calidad de vida tiene impacto para cierta población el mejorar infraestructura de transporte, servicios de salud, electricidad y así. Desde luego, aunque esto repercute de distinta manera en una población rural alejada de caminos principales, que en una pequeña población o dentro de grandes ciudades, el hecho de sólo centrar la acción de gobierno en lo material y reducir el aspecto político a nomás elecciones, en el capitalismo como es en esa imposición de su ideología que lleva a cabo, no abona a transformar.

Lo que nuestro presidente ha dado en llamar transformación (sobre todo, de la llamada vida pública y la mentalidad de la gente) está muy distante de la realidad. Es cierto que la confianza hacia su persona y lo hecho en lo material se vio reflejado en el pasado proceso electoral, pero al carecer de organización y conducción por la misma gente, se convierte en caudillismo que se agotará. Y no hablamos de esa tontería dicha por mediocres reaccionarios que ven en esto una deriva autoritaria, cuando en los gobiernos previos sí la había, pero les convenía.

El caudillismo va de la mano del espontaneísmo que se mantiene para movilizar a la población, al garantizar la entrega de los apoyos directos a quienes los deben recibir. Es cierto que el intermediarismo previo creaba clientelismo con los prianista, pero al no impulsar o promover organización política en las comunidades (como no sea para elecciones), da pie para que la gente esté suelta y de eso (espontaneísmo) surja cualquier cosa, según convenga.

Si Morena tampoco ha servido al respecto, sino sólo como filtro para definir candidaturas (otra vez elecciones), la deriva no es autoritarismo, sino la dizque idea liberal de que cada quien haga lo que mejor le convenga, porque el llamado liberalismo es un invento que hizo la burguesía para apañarse la lucha por la libertad (en general) al pugnar por la libertad que necesitaba para llevar a cabo sus negocios (en particular).

Al carecer de una perspectiva radical, de raíz por parte del gobierno de nuestro presidente (y su movimiento) el reciclamiento hecho para autonombrarse liberal, es la manera de justificar hechos que dieron al traste con el corporativismo prianista, como base del clientelismo habido entre la gente, pero dejando a la deriva lo mero principal en la población: la organización de sus propias demandas, articular su lucha a través de la toma de consciencia respectiva para ir a la raíz de todos los males, es decir, hacer todo lo posible por acabar con el capitalismo.

El alcance de lo hecho por el gobierno de nuestro presidente puede ser o convertirse en una coyuntura, no por lo hecho en sí, dado que lo material es sólo mejorar un poco la vida de la gente, haciendo funcional el llamado neoliberalismo adaptado a este elemento de distribución, sino por paradoja en lo que carece el planteamiento de transformación que no lo es hasta el momento.

Al ser mero cambio de gobierno, sin cambio de fondo en el régimen de gobierno, sin promover organización en las comunidades para gobernar, sin establecer una participación que articule movimientos, luchas y demandas para hacer gobierno en territorios, ese cambio, sin importar el nivel del que se trate, queda sólo en la formalidad. Si acaso en un hecho que permite distribuir cierta cantidad del presupuesto público, sino es que una legitimación del contenido económico del llamado neoliberalismo adaptado a circunstancias específicas.

Cuando el señor Secretario de Hacienda dice que el modelo económico del gobierno de nuestro presidente es inédito, se refiere en esencia a esto que hemos aludido. Puesto que al no existir ninguna medida económica que apunte a limitar ni siquiera los negocios de la oligarquía, sólo taponar los hoyos por los que salían recursos públicos para el provecho de unos cuantos privilegiados, la política a la que alude nuestro presidente (la vida pública, que la política la hacemos todos) son palabras en el vacío.

La idea de una transformación no puede tener medias tintas. Es o no es, o sólo es mero cambio (en este caso, de gobierno y ciertas medidas de política económica para fortalecer el mercado interno y mejorar en algo el nivel de vida de la gente). El cambio no es transformación, aunque toda transformación es por fuerza un cambio de raíz en el fenómeno de que se trate. Hasta el ABC de lo que ha sido el papel del ejército como institución de represión tenida a lo largo de décadas, desde que se constituyó al dejar de haber presidentes militares, parece olvidado.

Como si sólo con decir que ya no es el mismo ejército de hoy que el de antes, la historia de horror y sangre edificada con su actuar despareciera sin dejar estela. Si un poco de autocrítica hubiera en el gobierno de nuestro presidente, al menos diría que lo repartido del presupuesto no ha mellado en nada el negocio de los oligarcas sino al contrario, porque ha estimulado el consumo y repercutido en el mercado interno.

Y que eso de luchar contra la oligarquía es mero discurso cuando no se toman acciones reales para limitar el alcance económico de su poder. La política sin economía es pura demagogia, por no decir chisme. De esto también podría hacer un ejercicio de humildad el gobierno de nuestro presidente, para no errar tanto en sus dichos.

La economía es tecnocracia al eliminar su carácter de ciencia específica de la sociedad, sólo limitada a los cambios de un conjunto de variables. De eso también podría hacer gala de humildad el gobierno de nuestro presidente, para no afirmar existe un modelo económico nuevo, cuando sólo se ha adaptado el llamado neoliberalismo para obtener recursos públicos a repartir en forma directa e indirecta. Si la idea de transformar se castra por no salirse de un guacal mental establecido, no esperemos una actitud radical que sí haría historia.

El espíritu, la idea de transformar puede hacer historia si es práctica siguiendo el propio contenido de su significado. O como dijera un teórico pequeño burgués de la historia que aplaude lo hecho por el gobierno de nuestro presidente: el balance que se haga de éste depende de la ideología que tengamos, en alusión a los reaccionarios que se espantan por cualquier cambio de esquema mental o en su entorno. Empero, los hechos son como son.

Y aunque el comandante Fidel dijera que nuestro presidente esperaba sería un buen dirigente en el contexto de decadencia habido por doquier, sobre todo en América Latina, sólo a ese nivel le asiste la razón, porque de fondo lo que ha hecho el gobierno de nuestro presidente es asegurar la rentabilidad de los negocios de la oligarquía, y repartir mendrugos a la gente. Sin otra perspectiva de lucha como no sea esperar que les sigan dando sus apoyos de tanto en tanto el clientelismo pasó de lo grupal con el prianismo, a lo individual con la 4T.

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