
Por Israel
Si se piensa que existe algo distinto a lo que se está cocinando en México en el marco del capitalismo pinchurriento habido, no parece haber fundamento para tal idea al menos en el corto plazo. Los muertos de hambre lerdos terminarán eligiendo a sus verdugos gradualistas, aunque otros muertos de hambre tienen en su corazón hasta odio para una opción reformista por la ideología reaccionaria que los apendeja mucho más.
La oligarquía no ve peligro con que siga el gradualismo en el gobierno, al contrario. Y la pequeña burguesía tan miedosa de los prejuicios con que la han vacunado se arrimará al cobijo de quien mejor le convenga. La farsa del proceso electoral (ese mecanismo para designar representantes, que dicen es muestra de democracia) es todavía un velo ante los ojos de muchos que no pueden dejar de pensar más que con los esquemas a que nos tienen acostumbrados. Elecciones = democracia.
Es curioso que hasta marxistas de academia (así se llaman a sí mismos no sin orgullo quién sabe por qué) repliquen tal tontería. Y no falta los que siendo tan puros y de militancia probada hasta en las letrinas de sus almas, dicen que no hay por quién votar, acaso porque no están ellos en las boletas a emplear el día de la llamada fiesta cívica.
Llevada y traída por todos lados la manida democracia queda arrumbada a una consigna carente de sustancia para el muerto de hambre que debe buscar cómo sobrevivir, si acaso carece de pinchurriento trabajo, o cómo hacer que su mísero salario le alcance para vivir, si corrió con la suerte de tener alguien que lo contrate para explotarlo del diario.
La mentada democracia que no existe en ninguna parte de esta Tierra, y que no puede existir si la sociedad que sea se encuentra dividida entre intereses contrapuestos a partir de los cuales se integran clases sociales, es la consigna con la que el imperialismo asaltó las mentes de los tontos a que nos han convertido para aceptar que, luego de la desaparición del socialismo (según), la democracia era la alternativa a los regímenes autoritarios.
A la tiranía del comunismo (según) le seguiría el auge de las sociedades democráticas basadas en la economía de mercado (eufemismo para no decir capitalismo). Qué se obtuvo en el llamado viejo continente con tal resultado (y viejo, como dice el dicho, por la calidad del conejo, que entre más viejo, más pentonto, al terminar siendo un apéndice de los intereses de los gringos, y la Otan su brazo militar en esa región). Cuál fue el resultado de terminar con los viejos conflictos en América Latina para darle entrada a gobiernos democráticos (según).
Y esto en el cambio de siglo que se supone dejaría atrás los (dizque) sueños de trasnochados.
Para una comunidad cualquiera, una colonia, un barrio, la población de un municipio, lo que repercute en su vida cotidiana son los servicios a los que tiene acceso, el nivel de vida, las actividades económicas a las que se puede dedicar para su manutención. Es más importante tener agua, luz, maestros en la escuela, tener trabajo o algo a qué dedicar su esfuerzo para obtener un ingreso, que pensar en luchar para transformar el mundo. Si alguien no tiene con qué llenar la barriga, o lo obtiene de otrosa la fuerza, o lo busca en otro lugar.
La consciencia de clase expresada hoy por la oligarquía que siente como una afrenta ver llegar a los nacos al gobierno (¡y nosotros pidiéndoles más, a ver si dejan de ser reaccionarios!, o como si dijéramos: pidiendo pan, y no nos dan), los cuales de gradualismo, reformismo para no enturbiar las aguas, no saben más, es muy distinta de la consciencia política a la que alude nuestro presidente, bajo el supuesto de que se trata de la expresión en las ideas de un cambio verdadero. El reformismo hecho teoría del juicio práctico.
La consciencia de clase de la oligarquía (aunque una parte como vividora y comodina que es la burguesía de la emana acepta el estado actual de los hechos, porque ha visto acrecentar sus negocios con el gobierno reformista de nuestro presidente) es radical respecto de no querer perder el estatus de mandar en el gobierno, aunque su patrimonio no se vea afectado con un gobierno reformista.
En contraste, la serie de apoyos dados por nuestro presidente si bien no mejoran la calidad de vida pues está en entredicho todavía que se alcance (algún día, en algún siglo) por ejemplo un sistema de salud como el de Noruega o Dinamarca (dixit nuestro presidente), sí inciden en paliar el nivel de vida. Esto, genera la (falsa) consciencia de apoyar a un gobierno como el de nuestro presidente, por la conveniencia de haber sido tomados en cuenta, aunque sea al recibir una migaja que sirva para mitigar el hambre.
No existe en el país hambre de democracia (como les gustaría a los tontos de capirote que confunden un régimen y una forma de vida con un mecanismo para designar representación), mucho menos existe un hambre de transformar el territorio que llamamos México. No hay consciencia entre los muertos de hambre para buscar hacer de verdad un gobierno donde manden ellos mismos en sus territorios, colonias, comunidades.
Existe el odio de la oligarquía que no acepta por su consciencia de clase que otros sean los que gobiernan (según, o al menos en la formalidad de tener a un presidente que se les llega a salir del huacal de vez en cuando, pero eso es para garantizar la marcha de los negocios de la propia oligarquía), y no porque ellos carezcan del poder para dictar las medidas a seguir en los acontecimientos de la realidad (ahí está, pequeño caso, la impunidad de que goza Germán Larrea).
La oligarquía odia (y la burguesía vividora y comodina de la que emana desde luego, como clase social parásita viviendo de lo que el trabajo de otros producen) al no estar de acuerdo con que en una sociedad donde manda, el presidente que detenta la formalidad del cargo no haga lo que le diga. Pero la independencia relativa del cargo de presidente es una formalidad en la mayoría de los casos, encumbrada en la supuesta representación de un poder que es mera administración de recursos y establecer si acaso marcos de actuación.
El poder no esigualal gobierno, porque quien manda en una sociedad es quien establece sus condiciones de funcionamiento, el tipo de relaciones imperantes, los negocios aceptados y los que son clandestinos, quién controla las instituciones para reprimir y garantizar el orden, quién pone la moneda a emplear, el alcance de las compras y ventas, las relaciones con otros países, quién, cuándo y cómo se puede comerciar al exterior y al interior del territorio, etcéteras, etcéteras, etcéteras (como diría un campechano de los modales domingueros).
Se elige una representación que estará supeditada a quienes en los hechos mandan en el país, y no se trata del afamado pueblo. Si acaso vota, luego se irá a su casa (o donde viva) a dormir el sueño de que otros realizarán lo que se necesite, mientras no le quiten lo que por bienestar ya les dio nuestro presidente. Este es el nivel de politización que presume nuestro presidente al que ha llegado el cambio de mentalidad de los muertos de hambre.
El maiceo con el que pueden mitigar el hambre es la base de la dichosa mentalidad cambiada. A diferencia de la época del priísmo que empleó al aparato ideológico y de control social que fue el Pri, para movilizar a los maiceados por medio de sus organizaciones, y del foxismo y fecalismo panistas que usaron como medio a la llamada sociedad civil para maicear a la población, con nuestro presidente el maiceo es directo, personalizado, sin intermediarios. La base de la consciencia para todos los casos, sin embargo, es el estómago de la gente.
Que pidan pan de consciencia de clase los muertos de hambre, sólo les darán el que les mitigue en algo el hambre para que dejen de chillarleslas tripas. De consciencia nada, porque es un bien tan etéreo, inalcanzable, que puede tardar siglos para realizarse (dixit nuestro presidente). Y sí, la toma de consciencia, la creación de convicciones que estén incluso antes de lo que dicte el estómago para moldear la actitud, el quehacer, las acciones de los muertos de hambre, no se da de golpe y porrazo.
Esto último es una cosa. Otra es querer dar atole con el dedo para presentar este proceso como realizado entre la gente, cuando ella sólo atiende (si acaso) a los programas sociales que ya son derechos universales (dixit nuestro presidente) consagrados en la constitución. El reformismo sólo alcanza para esto, mientras la gente no mueva un dedo para algo más, a fin de deshacer en serio el fondo de tales ideas tenidas por verdades, por no atreverse a tomar su propio destino en las manos. Piden pan, se los dan, ¿y ahora qué?






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