
Por Israel
Quien piense que no existen intereses de por medio en cada acto que realiza el ser humano es un ingenuo (para no llamarlo tonto o ignorante) o un malintencionado. La ingenuidad puede desaparecer sin embargo (si Dios y la virgen existen de verdad) cuando se basa en la ignorancia, aunque no es seguro cuando se basa en la falta de cacumen (por lo que se puede ser tonto de capirote). En el caso de la mala intención es difícil acabar con ésta pues requiere de verdad remover todas las entrañas que alimentan la podredumbre de almas.
Y luego está, por si faltara, de todos aquéllos además que guardan un poco de cada elemento en su interior (ignorancia con maldad, estupidez con ingenuidad, y así), en proporciones que se combinan con mucha variedad ante las cuales el interés que persiguen se reborujan, por lo que resulta complicado desenmarañarlo. Ante casos tan complicados porque la gente es lo que es, uno se pregunta si eso que suelen llamar inteligencia es un bien tan escaso (dirían los tecnócratas) y por lo mismo tan preciado, que sólo es identificable a ratos.
Las manifestaciones de lo que hacemos como humanos para revelar los intereses que nos impulsan (aunque no busquemos efectuarlo así sino al contrario) no siempre es una línea recta entre el hecho y el interés. Así, gente que se dedica al altruismo, la atención de personas en condición jodida (niñas, niños, jóvenes o adultos) o a una causa tenida por noble (por ejemplo, luchar contra la corrupción) demuestra su verdadera naturaleza humana (porque la maldad sólo es propia de humanos) en condiciones específicas.
Estas últimas son por lo común momentos de tensión o coyuntura en que, dadas las circunstancias, se ponen en juego elementos que nos lleva al extremo para que mostremos cómo responder. Suelen ser ocasiones inesperadas, extraordinarias, no previstas de antemano. Y en dichas ocasiones es cuando cada uno (diría alguien) revela de lo que está hecho. Pero no todos los casos son iguales y el alcance de cada uno puede quedar en un círculo estrecho de personas para las que puede no ser gravoso el resultado.
Cuando el alcance de lo que hacemos irradia a un número de personas que están más allá de quienes nos rodean en lo cotidiano, se tiende a magnificar el impacto por múltiples razones: morbo, decadencia, chisme, escarnio, etcétera. Como en la sociedad en la que nos encontramos todo se comercializa, mientras más se magnifiquen los hechos la venta tiene más alcance. Así sucede en eso que llaman vida pública, la cual incluye todo lo que hacemos sin atender al impacto inmediato o mediato de los hechos.
Y es en razón del comercio de los hechos, de su alcance mayor o menor en la llamada vida pública, como quedamos atrapados de nosotros mismos, de nuestras palabras o silencios, de nuestras actuaciones u omisiones, porque nos regimos por ese comercio de las relaciones y hechos humanos sin remedio. Al vender lo que somos y hacemos, nuestros comportamientosse supeditan al (famosísimo) qué dirán o la interpretación hecha por los demás de tal o cual situación, sin importar su contenido. Para hacer esto no se requiere inteligencia.
Esto viene a cuento porque resulta de cierta manera inexplicable que nuestro presidente ahora exponga como gran logro del gestor de Pemex suspender la pensión de la corrupta personera del gánster Claudio X. González (María Amparo Casar). Si hasta se puede decir que se tardó dicho gestor en hacer lo que dijo hizo, que más parece una muestra de justificación de la inutilidad con la que ha sido administrado Pemex.
Inexplicable porque nuestro presidente parecía pese a terminar como florero en muchos aspectos a los que no quiso, no pudo, le impidieron o no se atrevió a meterle mano para (como él mismo tanto ha dicho) acabar con la corrupción, impunidad, injusticia y el descaro imperante, que al menos en lo que a las 2 últimas empresas del Estado se refiere terminaría entregando no tan malas cuentas (Pemex y CFE). Que suspender la pensión de una corrupta como la indicada sea logro a presumir, puede aludirse que es por lo emblemático del caso.
Pero esto mismo es superficial porque se le da demasiada importancia al chismerío y morbo que rueda en la llamada vida pública, en la que un día sí y otro también la oligarquía y sus personeros tiran mierda hacia todos lados, buscando embarrar aunque sea con su fetidez al que sea. Y nuestro presidente, tan de la mano con la mercantilización de lo que hace y dice la gente, no quiere evitar el juego al que la oligarquía lo somete, respondiendo a una y mil tonterías que esa dice.
La alforja de mentiras, calumnias, dislates que por todos lados traslada para aventar en cualquier momento la oligarquía a fin de desviar la atención de lo que realmente puede interesar a un gobierno que se dijo representante del pueblo, el poder del pueblo, no debería ser tanto un objeto de atención por parte de nuestro presidente, si de verdad quisiera en la salida de su gobierno indicar cuál es el camino para continuar su obra (¡aaarroooozzz!). Pero esto no importa en el circo mañanero con que se regodea de los tontos de enfrente.
En este pleito de vecindad, los del otro lado de la calle se pelean con él para buscar llamar su atención, y lo consiguen pese a todo, porque también para nuestro presidente es mejor dedicarle tiempo a la estupidez que en público muchos de la oligarquía presumen, que dedicarse a desnudar los negocios de ellos, a los que tanto protege, pese a no dejar nada en provecho de la gente, para la que siempre que tengan trabajo sólo de su salario puede vivir, o reciben algún programa de bienestar con el cual mitigar la chilladera de tripas por hambre.
A estas alturas para cualquiera es claro que nuestro presidente ni de parte de quienes le continuarán tienen en mente hacer algo para terminar con la explotación capitalista ni lo que conlleva la existencia de ésta en la sociedad: pobreza, mendicidad, deterioro del nivel y calidad de vida de los trabajadores, ausencia de servicios y bienes públicos de acceso fácil para cualquiera, educación, salud, vivienda y otros bienes garantizados para el llamado pueblo, injusticia, inexistencia de libertad, falta de recreación que el que sea pueda ejercer y disfrutar.
No se diga el deterioro de todas las formas de vida a la que está llevando en la Tierra el capitalismo con la consecuencia de su posible extinción tal y como la conocemos, y cuyas muestras no son meras hipótesis sino hecho palmarios vividos hoy en fenómenos ambientales agravados, cambios de temperaturas atípicos, y un largo etcétera sobre los que la llamada ciencia busca remediar sin pasar por terminar con la sociedad basada en la existencia de propiedad privada, sobre todo lo que se pueda poseer.
Quizá sea pedirle peras al olmo el esperar que nuestro presidente y quienes le aplauden lo que sea, considere aunque sea juicioso preguntarse qué se puede hacer para que, por ejemplo, los bancos que tienen ganancias tan altas durante su gobierno, se les pueda limitar aunque sea un poco el parasitismo que representan en la economía de la gente. O qué hacer para garantizar que, otro ejemplo, cuando una comunidad se manifieste inconforme con el saqueo al que se le busque someter, se le respeten sus derechos.
O qué medida tomar para cuando trabajadores deben estallar una huelga como último recurso ante sus condiciones de trabajo nada halagüeñas, a fin de que al menos prevalezca la justicia sin favorecer de inmediato a los patrones que atropellan todo lo que pueden de los derechos de los trabajadores. O cuáles medidas tomar en serio para impedir que fábricas, minas y otros muchos negocios de los llamados empresarios estén, continúen contaminando ríos, playas, mares y cualquier parte del territorio llamado México.
Pero buscar hacer algo de lo anterior está tan lejos de la realidad nuestra dado que el gobierno de nuestro presidente (como los anteriores) se dedica a simular y batallar sus guerras en la superficie de los hechos, en lugar de ir a la raíz última para incidir de verdad en la llamada vida nacional. El camino de los guerreros de la 4T transita por la simulación cada vez más descarada, si desde el ejemplo mismo de nuestro presidente se pierde el tiempo en presumir la inutilidad de sus cuates frente a la mayor inutilidad de sus contrincantes.
En este ruedo de pleitos y disputas de vecindad, tal parece que no existe más opción a seguir que el aplauso mañanero, o algún otro desteñido de parte de sus contrincantes para defender sus aberraciones. Todos inmersos en la comercialización de lo quehace la gente para llamar la atención y sentirse indispensables en el vivir. Esto sólo contribuye a confundir a más de un muerto de hambre quien coloca sus expectativas de lograr algo con su vida encargando su representación al que menos peor le parezca.
Con tales alcances de una expectativa para vivir primero se extinguirá la vida como la conocemos a causa de la existencia del capitalismo, que fenecer las injusticias, ausencia de libertad y explotación de los trabajadores que lo acompañan. Tan dúctil como cualquier efeméride que intenta recoger lo que se supone somos, el vaciado de contenido de toda lucha del famoso pueblo, por justicia y libertad, se ha convertido en inescrupuloso recuento para darle atole con el dedo al reverenciado pueblo desde el gobierno de nuestro presidente.
Lo mismo sucedía con gobiernos anteriores con menos palabrería rimbombante ni demostrando sapiensa de lecturas históricas para convalidar tan mañosa estrategia. Como todo pueblo tiene la historia que se crea y merece, la que escuchamos cada mañana acomoda los signos del presente pasado para justificar al presente actual, donde el capitalismo pinchurriento se forjó con la farsa de aquelarres bendecidos por la bienintencionada lucha a favor de la libertad y la justicia. Valores hechizos hoy de nuevo desconchinflados.
La cerrazón del sistema político del que es su hijo nuestro presidente ocasionó en la 2ª mitad del siglo 20 luchas armadas al no tener ninguna otra opción de parte del pueblo explotado y reprimido, para expresarse en forma política civil o pacífica. El incumplir por parte de la 4T con estas demandas esenciales achica el margen de maniobra del reformismo que hereda nuestro presidente. Al no obtener respuesta en esto y sólo en recibir apoyos sociales que cierran la boca de momento, el afamado pueblo terminará por cansarse.
A la gente la mueven con llenarle un poco la panza. Esa ha sido la estrategia eficaz del gobierno de nuestro presidente. La misma que en la época dorada del Pri aplicaba a través de sus organizaciones sectoriales del partido, sólo que la 4T lo hace de manera directa sin intermediarios. Si el afamado pueblo acepta este trato de sólo llenarle la panza, como se le puede dar al firulais de la casa por los dueños de la misma, va por buen rumbo la 4T para congraciarse con los patrones, es decir, con la oligarquía.
El interés asaz repetitivo por querer presentarse como un liberal que busca ampliar los espacios de manifestación y organización política de los muertos de hambre, resulta en mentira al confrontar tal presunción con los hechos. Ni siquiera a nivel de los sindicatos (ya no se diga promover nuevas formas de organización) se ha rebasado el merofacilitar la formalidad de elecciones libres (según), sin evitar que esto sirva para recomponer al charrismo precedente (ahí está el ejemplo en los sindicatos de la CFE y Pemex).
Si bien el corporativismo de gobiernos previos hoy no ha crecido, tampoco ha disminuido. Como si esto fuera otro gran logro, y no la recomposición de ese mecanismo de manipulación y acarreo, ahora supeditado a Morena con la migración recibida de prianistas para engrosar sus cuadros. Esto sí, un logro de los inútiles cuates de nuestro presidente que en el fondo le sirven a la oligarquía para legitimar su existencia.
Las carencias materiales del afamado pueblo son ancestrales, pero de la más primordiales y ausentes de la 4T son las relativas a la libertad y justicia, de la que ni por asomo hay traducción en los hechos. Frente a estas circunstancias el camino del guerrero (diría el maestro Shifu) que siempre es colectivo o gregariova hacia tales demandas para no reducir su actuar a un mero redistribuidor de ingresos. Llenar la panza es indispensable, pero sinlibertad y justiciade ningún modoes hacer algo por cambiar de raíz lo existente.
Tan reluctante como le es posible para reconocer que la ha cagado, nuestro presidente cierra ojos y oídos por ideología reaccionaria a las reaccionarias posiciones de los oligarcas. Más que un decoro de dignidad es no dar su brazo a torcer porque eso le restaría puntos de aceptación a su gobierno, como comercialmente resalta cada tanto que algún farandulero hace medición al respecto. En este mundo donde se comercia lo que es y hace el humano, la frivolidad es aplaudida como imperativo en la vida pública.
Mediocridad compartida hasta por nuestro presidente pese a su muchasapiensa de los hechos presentes pasados. Y todo por el gradualismo de su ideología reaccionaria que obnubila para terminarde alcahuetede la inutilidad de sus cuates, que no por ser sus cuates los hace ser prestos, duchos, infalibles. La mensura de la mediocridad empieza cuando aparece extraviado el dicho: amor no quita conocimiento.Si los cuates de nuestro presidente son ineptos y hasta corruptos (que la corrupción no sólo es monetaria), eso son.
Lo que viene por parte de la 4T no parece ser mejor ni siquiera a este nivel de la llamada vida pública y la política palaciega.Ni qué hablar de hacer algo por acabar con la explotación del hombre por el hombre mismo en que se basa nuestro capitalismo pinchurriento, que nos impusieron y nos mantiene acogotados más ahora con su legitimación por el reformismo hecho doctrina de la pequeña burguesía triunfadora.






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