
Texto e ilustraciones de Andrea M. Garzón
Dicen por ahí que los gatos negros son de mala suerte; también se dice que las brujas casi siempre tienen uno.
Algunos piensan que son animales traicioneros y difíciles de adoptar.
En fin, hay muchas mentiras acerca de ellos.
Lo cierto es que, para mí, tener una gatita negra ha sido una bonita experiencia.
Mi gatita negra es única. Y lo digo porque en medio de su negrura sobresalen unos enormes bigotes blancos que la hacen verse muy graciosa.

Además de graciosa, la de los bigotes blancos es tierna y amorosa: con mucho cuidado se acuesta en mi regazo, me ronronea y amasa, como lo hacía de cachorra con su madre, antes de dormirse por un buen rato.
Siempre está muy preocupada de mis movimientos.
Así que cuando voy a bañarme, ella entra detrás de mí y ahí se queda hasta que salgo.
Pareciera que me cuida y su curiosidad la lleva a la alcantarilla para ver cómo se va el agua a través de esta.

A la hora de comer, mi gatita se sienta en su cojín favorito para mirarme fijamente; de vez en cuando, mueve su lengüita como saboreando lo que estoy comiendo.
En ese momento, le acerco su plato para que ella también disfrute de su comida.

Casi no maúlla y, cuando lo hace, su sonido es suave y delicado (tal vez porque los ladridos de mi perrita son tan fuertes y estruendosos que a mi gatita no le queda más remedio que hacerlo tiernamente).

Como la mayoría de los gatos, la de los bigotes blancos es muy dormilona.
Le encanta meterse debajo de su cobija para dormir, y tal parece que se escondiera para que nadie la encuentre y la moleste.
Cuando despierta se estira cuan larga es y da unos bostezos tan grandes que parece que me va a comer.

Si bien la mayoría de las veces es una gatita muy amigable, también se llega a enojar sobre todo cuando mi perrita y mi otro gatito la molestan.
Es entonces cuando con su patita les pega, pero siempre con sus garritas guardadas.
Sólo cuando ya la tienen fastidiada, les llega a bufar fuertemente para alejarlos.

Cuando llegan visitas a la casa, ella prefiere retirarse y resguardarse en alguno de sus esconditespreferidos.
Pero, al ir tomando confianza, se acerca a las visitas y a sus bolsas para curiosear en ellas.

Le encanta asomarse en las ventanas y perseguir moscas, mosquitos, arañas o algún insecto que se atraviesa por su camino.
Y es capaz de trepar por las cortinas o los mosquiteros con tal de capturarlos.

Como puedes darte cuenta, los gatitos negros son iguales a los gatitos de otros colores y no son un peligro ni señal de mala suerte.
Son seres vivos como muchos otros de los que habitamos nuestra Madre Tierra.
Si algún día te encuentras con uno de ellos, no lo maltrates ni lo agredas que él no te hará daño.







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