Foto: El Español
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Muchas veces invisibilizadas, censuradas o reprimidas en la literatura, muchas mujeres han sabido dejar su huella en la poesía. Este 21 de marzo, Día Mundial de la Poesía, Periódico Revueltas recuerda a aquellas escritoras que en sus versos abordaron temas sociales o críticos y que estimulan una sensibilidad respecto a los problemas de la sociedad.

Hace exactamente 5 meses, el 21 de octubre de 2023, fue asesinada la poeta palestina Heba Abu Nada, en un bombardeo del ente sionista israelí, estos fueron sus últimos versos:

“La noche en la ciudad es oscura, excepto por el brillo de los misiles;

silenciosa, excepto por el sonido del bombardeo;

aterradora, excepto por la promesa tranquilizadora de la oración;

negra, excepto por la luz de los mártires.

Buenas noches.”

Fuente: Cubadebate

Las tonalidades de la ira

Permítanme hablar en mi lengua árabe

antes de que también ocupen mi lenguaje.

Permítanme hablar en mi lengua materna

antes de que también colonicen su memoria.

Soy una mujer árabe de color

y nosotras venimos en todas los tonalidades de la ira.

Todo lo que mi abuelo siempre quiso hacer

fue levantarse al amanecer y observar a mi abuela postrarse y rezar

en una aldea escondida entre Jaffa y Haifa.

Mi madre nació bajo un árbol de olivo

en un suelo que, dicen, ya no es mío;

pero yo cruzaré sus barreras, sus checkpoints,

sus locos muros de apartheid y volveré a mi hogar.

Soy una mujer árabe de color

y nosotras venimos en todas las tonalidades de la ira.

¿Escucharon gritar a mi hermana ayer,

mientras paría en un checkpoint

con soldados israelíes buscando entre sus piernas

la próxima amenaza demográfica?

llamó a su hija nacida, Jenin.

¿Y escucharon gritar a alguien

«¡estamos retornando a Palestina!»

detrás de las rejas de la prisión,

mientras le tiraban gas lacrimógeno en la celda?

Soy una mujer árabe de color

y nosotras venimos en todas las tonalidades de la ira.

Pero me dices que esta mujer que hay dentro de mí

sólo te traerá tu próximo terrorista:

barbudo, armado, pañuelo en la cabeza, negrata.

¿tú me dices que yo mando mis hijos a morir?

pero esos son tus helicópteros,

tus F-16 en nuestro cielo.

Y hablemos un segundo de este asunto del terrorismo…

¿No fue la CIA la que mató a Allende y a Lumumba?

¿Y quién entrenó a Osama primero?

Mis abuelos no corrían en círculos, como payasos,

con capas y capuchas blancas en la cabeza linchando negros.

Soy una mujer árabe de color

y nosotras venimos en todas las tonalidades de la ira.

«¿Quién es esa mujer morena gritando en la manifestación?»

Perdón. ¿Debería no gritar?

¿olvidé de ser todos tus sueños orientalistas?

el genio de la botella,

bailarina de la danza del vientre,

chica de un harén,

voz suave,

mujer árabe,

Sí, amo.

No, amo.

Gracias por los sándwich de manteca de maní

que nos tiras desde tus F-16, amo.

Sí, mis libertadores están aquí para matar a mis hijos

y llamarlos «daño colateral».

Soy una mujer árabe de color

y nosotras venimos en todas las tonalidades de la ira.

Así que déjame decirte que esta mujer que

[hay dentro de mí

sólo te traerá tu próxima rebelde.

Ella tendrá una piedra en una mano y una bandera palestina en la otra.

Soy una mujer árabe de color…

ten cuidado, ten cuidado,

De mi ira.

Autor: Rafeef Ziadah

Fuente: Poesía Palestina. Mujeres poetas Palestina.

Muro contra nuestro aliento

Cada día, una hora más cruel

la esgrima de corazones apenas palpitando,

el pálpito de hojas en nuestros jardines secos

el calor en Gaza, en Jericó,

manteniendo sueños que jamás tuvimos tiempo de recordar

una anciana intentando revivir

cualquier fantasía posible,

otra pensando en su esposo

perdido en lo inimaginable,

hombres sobre alambres de púas que dejan

de responder cuando gritamos sus nombres,

demasiado atareados,

intentando cruzar el punto de inspección,

mientras otros beben té,

las mujeres hablan de toques de queda,

mientras una madre pregunta

qué le dirá al niño que lleva adentro

que ella desearía que no viniera.

Somos testigos del octubre en llamas,

y cada mes siguiente es igual,

las calles por las que caminamos

nos recuerdan quiénes somos y lo que ellos

jamás harán de nosotros…

Retratos humanos en esquinas

que olvidamos mirar u olvidamos alcanzar…

fotografías pegadas en muros como si

pertenecieran a ninguna parte.

Un novio y una novia forzados a casarse

en cualquier lugar menos donde era debido,

y aun así, seguimos preguntando:

¿cuál victoria apaga las velas?

¿cuál mar habla de otro mar?

Aun si levantan el muro

más allá de nuestro alcance

sólo conocemos un hogar,

aun si cada vez tomamos rutas distintas

los árboles nos guían,

el viento nos guía

el sol y la luna nos guían

y cuando llegamos hallamos los libros

que no podemos dejar de leer,

los bordados hechos por los refugiados,

la cocina donde vivimos nuestras vidas

una propuesta de matrimonio,

una muerte,

un nacimiento

y cada día mientras colamos nuestro café

nos saludamos adecuadamente

y expulsamos el muro de nuestro aliento.

Nathalie Handal

Fuente: Poesía Palestina. Mujeres poetas Palestina

Balance

Es hora de echar cuentas. Retiraos.

Dejad ese bullicio del paseo,

la mesa del café, la santa misa,

y el bello editorial de los periódicos.

Entrad en vuestra alcoba. Echad la llave.

Quitaos la corbata y la careta,

iluminad el fondo del espejo,

guardad el corazón en la mesilla,

abríos las pupilas y el costado.

Poneos a echar cuentas, hijos míos.

Tú, invicto general de espuela y puro,

echa tus cuentas bien, echa tus cuentas.

Toma tus muertos uno a uno, ciento

a ciento, mil a mil, cárgalos todos

sobre tus hombros y desfila al paso

delante de sus madres.

Y tú, ministro, gran collar, gran banda

de tal y cual, revisa, echa tus cuentas.

Saca tu amada patria del bolsillo

como un pañuelo sucio sin esquinas.

Extiéndelo y sonríe a los fotógrafos.

Y tú, vientre redondo, diente astuto,

devorador del oro y de la plata,

señor de las finanzas siderales,

echa tus cuentas bien, echa tus cuentas,

púrgate el intestino de guarismos

y sal si puedes que te dé la lluvia.

Tú, gordo y patriarcal terrateniente

esquilador de ovejas y labriegos.

Tú, cómitre del tajo y la galera,

azuzador de brazos productivos.

Tú, araña del negocio. Tú, pirata

del mostrador. Y tú, ganzúa ilustre

de altos empleos, ávida ventosa

sobre la piel más débil, echa cuentas,

medita y examínate las uñas.

Y tú, señora mía y de tu casa,

asidua del sermón y la película,

tú, probo juez de veinte años y un día,

tú, activo funcionario de once a doce,

y tú, muchacha linda en el paseo;

tú, chico de familia distinguida

que estudias con los Padres y no pecas.

Y tú, poeta lírico y estético,

gran bebedor de vino y plenilunios,

incubador de huevos de abubilla

en los escaparates fluorescentes,

sumad, restad, haced vuestro balance,

no os coja el inventario de sorpresa.

Tú no, pueblo de España escarnecido,

clamor amordazado, espalda rota,

sudor barato, despreciada sangre,

tú no eches cuentas, tienes muchas cifras

de saldo a tu favor. Allá en tu día,

perdónanos a todos nuestras deudas,

perdónanos a todos en tu nombre

y hágase al fin tu voluntad

así en España

como en el cielo.

Ángela Figuera Aymerich

Fuente: Colección antológica de poesía crítica

 

¿Cómo eran?

¿La gente de Viet Nam

usaba faroles de piedra?

¿Celebraban ceremonias

reverentes al abrirse los primeros capullos?

¿Eran propensos a reír apaciblemente?

¿Usaban hueso y marfil,

jade y plata, para sus ornamentos?

¿Tenían poemas épicos?

¿Sabían distinguir entre el discurso y el canto?

Señor, sus encendidos corazones se transformaron en piedras.

No se recuerda si en los jardines

los faroles iluminaban caminos agradables.

Tal vez se reunieron alguna vez para deleitarse con las flores,

pero después de que sus hijos fueran asesinados

no hubo nuevos capullos.

Señor, amarga es la risa en la boca quemada.

Tal vez un sueño hace tiempo. Los ornamentos son

para épocas de alegría.

Todos los huesos estaban carbonizados.

No hay memoria. Recuerda,

la mayoría eran campesinos, su vida

se desenvolvía entre el arroz y el bambú.

Cuando las nubes pacíficas se reflejaban en los arrozales

y los búfalos caminaban con paso seguro a lo largo de las terrazas,

tal vez los padres contaban a sus hijos antiguas leyendas.

Cuando las bombas destrozaron aquellos espejos

sólo hubo tiempo para gritar.

Permanece un eco todavía

de sus voces, semejante a una canción.

Diríase que su canto se parecía

al vuelo de las mariposas nocturnas iluminadas por la luna.

¿Quién puede contarlo? Ahora reina el silencio.

Denise Levertov

Fuente: Colección antológica de poesía crítica

Alguien gritó

Alguien gritó:

¡Viva la libertad!,

y respondió la sangre.

Alguien gritó:

¡Muera el tirano!,

y respondió la sangre.

Mañana,

gritará la sangre:

¡Viva la libertad!

¡Muera el tirano!,

¡y el pueblo

responderá!

Carmen Soler

Fuente: Colección antológica de poesía crítica

Hoy no ha pasado nada

Hoy no ha pasado nada en la ciudad resplandeciente.

¡Nada! Sólo un niño acosado por el hambre;

pero está lejos, allá donde acaba la luz y empieza el fango,

allá donde una madre -que casi no se ve de tan etérea,

porque el cierzo le azota los últimos suspiros-

amortaja con sal su primavera.

La ciudad está en paz.

Espesa túnica la guarda

del frío exterior que no la toca.

No padece hambre y sed, y está serena

porque ella es la «justicia».

Justicia resguardada por cristales de roca

donde nada penetra;

ni el oxidado grito por crímenes impunes,

ni el clamor de los hombres sin tierra y sin destino.

Manos rebeldes alzan su lienzo desgarrado

de acusadoras manchas de dolor e ignominia,

mas la justicia llega por túneles sombríos

a levantar más altas alambradas de pólvora.

Y todo queda en paz, después del atropello.

Hay un leve temblor de voces desangradas;

un río amargo y lento, abonando la sombra;

el arte amurallado de rejas, no respira…

¡Todo está en paz! En la ciudad nada sucede. (…)

Margarita Paz Paredes

Fuente: Litoral del tiempo.

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